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ENTREVISTA        
 

Entrevista con Ramon Folch
Por Valtencir Maldonado, coordinador del Servicio de Observación sobre Internet 

   

Ramon Folch es doctor en Biología. Desempeña el cargo de consultor en Gestión Ambiental de la UNESCO y miembro del Comité de la UNESCO para el Seguimiento de la Conferencia de Río. Fue representante por España en la Comisión de Biología de Organismos y Sistemas de la Dirección General de Investigaciones de la Comunidad Europea (Bruselas), durante la época de ingreso de España en la Unión Europea. Está vinculado desde 1989 al Foro Latinoamericano de Ciencias Ambientales (La Plata, Argentina). Es Secretario General del Consejo Asesor Internacional de este Foro y profesor titular de su Cátedra UNESCO para el Desarrollo Sostenible.  

En Barcelona dirige el gabinete Gestió i Comunicació Ambiental, S.L., consultoría y taller de proyectos socioambientales.

Ha realizado numerosas aportaciones a la construcción del pensamiento socioecológico y sostenibilista, reflejadas en su bibliografía, y en la concertación de intereses y posiciones entre el ecologismo y los sectores socioeconómicos convencionales. Como consultor ambiental, profesor universitario o profesional independiente, ha llevado a cabo actividades en un gran número de países, mayoritariamente mediterráneos, africanos, americanos y del sudeste asiático.

Usted es una de las personas que más ha trabajado la temática del desarrollo sostenible. ¿Podría explicarnos cómo nació y cuáles son las principales implicaciones sociales de esta corriente sostenibilista?

La ideología sostenibilista nació de una reflexión ambientalista. A partir de la concertación de la mala gestión de los recursos, hay una reacción que se pregunta por qué pasa todo esto y busca en el conocimiento ecológico ideas para responder a estas inquietudes. Pero antes de esto y desde los sectores que aplican unos criterios epistemológicos mínimamente avanzados, se dedican a abordar el tema con solvencia intelectual, rápidamente se dan cuenta que -como pasa siempre- no se puede confundir la sintomatología con la etiología, y claro, la enfermedad no es la fiebre, la enfermedad es la infección. Por tanto, diríamos que a partir de identificar la fiebre, que es la disfunción ambiental, comenzamos a ver qué pasa.

Algunos sectores del ecologismo, continúan con una actitud sintomática y piensan que lo que tienen que hacer es combatir la fiebre, y por eso han optado por la línea del antipirético. Yo creo que están equivocados. Otros, al contrario, se han dado cuenta que la fiebre no es más que un síntoma de la infección e intentan buscar el origen. Y es por eso que el pensamiento sostenibilista abandona el campo ambiental y comienzan a profundizar en la realidad de la cuestión llegando a algunas constataciones. Una de ellas -la raíz del problema- es el modelo productivo. Por tanto, automáticamente, trasladan la cuestión al campo de la economía y de la sociología.

Algunos de mis colegas, con todo el derecho del mundo, discrepan de esta opción pero yo la mantengo porque pienso: o bien nos capacitamos mínimamente para rescatar el discurso y las competencias conceptuales de los sociólogos y los economistas, o los ecólogos nos tenemos que retirar de este debate, porque lo que aportaremos será únicamente maneras de tomar temperaturas sin ver lo qué está pasando realmente. Por tanto, una constatación de las tesis sostenibilistas a partir de una identificación de problemas ambientales, comprueban que lo que hay detrás son problemas de modelo productivo y de redistribución de recursos; en definitiva, de modelo socioeconómico o de paradigma cultural, en última instancia.

Yo intento encontrar cuál es el elemento desencadenante de este proceso y lo resumo en la idea de la estrategia externalizadora que sistemáticamente el actual modelo productivo practica desde el paleolítico, no es una perversidad de la era industrial, es decir, en un mundo donde el peso de la capacidad transformadora del entorno y el peso demográfico de los humanos en general es muy pequeño.

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¿Por qué se siguen diseñando estrategias externalizadoras?

Primero, porque sólo externalizando muchos factores puedes comenzar a caminar y; segundo, porque la escasa significación global de esta operación,  -muy pocos humanos, haciendo muy pocas cosas- hace que esta externalización no genere ningún problema. Es decir: si estas solo en medio del Sahara y abres una botella, luego tiras la botella vacía y no hay problema; pero si abres 500 botellas y somos 10 mil personas, aquello se convierte en un basurero.

Entonces, durante toda la historia de la humanidad, la mayor parte de las bases económicas y productivas estaban basadas en el «pre-supuesto» de que se externalizaban muchas cosas. El propio éxito de estas estrategias productivas, es decir, la generación de bienes como resultado del proceso productivo, el estallido económico siguiente, la explosión demográfica, ha llevado a la paradoja actual, y es que como nunca nos hemos obligado a «internalizar», continuamos pensando que es normal externalizar y es un problema de cambio de escala; como siempre pasa, en estos casos, los problemas cuantitativos, cuando son muy grandes, se convierten en cualitativos. Es aquel principio famoso que no hay productos tóxicos sino dosis tóxicas. Efectivamente, cada día tomamos un poco de sal, pero si de golpe te comes un kilo de sal, te puedes morir y al contrario, si tomas un millonésimo gramo de cianuro continúas caminando normalmente, por tanto, todos los productos son tóxicos en determinadas dosis y ninguno lo es en una dosis muy baja.

Intento llegar a la esencia de la sostenibilidad, ser capaces de diseñar en este momento histórico (año 2002), un modelo económico y productivo que tienda a la internalización de todas sus actividades.

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¿Esto, qué comporta?

Comporta que el concepto residuo, por ejemplo, no puede existir. De entrada entonces, la propia lógica del diseño del sistema productivo, no ha de aceptar el concepto residuo. Esto me devuelve a mis orígenes como ecólogo, porque esto es lo que, para un empirismo consagrado, por la iteración durante 4000 millones de años, han hecho los sistemas naturales, no tienen residuos, el sistema tierra no tiene residuos, funciona como circuito cerrado, y cualquier producto es residual en un pequeño fragmento del ciclo, pero es la materia primera para el siguiente fragmento del ciclo. Por tanto, cuando estamos diseñando un sistema que calificamos de «globalizado», es lógico que nos comportemos así.

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¿Entonces, la globalización no tiene un sentido lógico? 

Lo que no tiene sentido, y es una barbaridad, es hablar de globalizar algunos aspectos del sistema productivo económico y que los otros continúen funcionando como en el paleolítico. Esto tan sencillo es una novedad enorme para entendernos. Siempre las novedades enormes son cosas muy sencillas, ahí tenemos el caso Einstein, que a lo largo de su vida creó 3 ó 4 fórmulas y dijo 3 ó 4 obviedades, pero que cambiaron completamente el panorama del pensamiento.

Si hemos de diseñar estrategias internalizadoras, hemos de ser capaces de asumir los costos de esta internalización, en muchos ámbitos. El reto entonces es cómo hacerlo.

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¿Por qué cuesta tanto aplicar estas teorías sostenibilistas en la mayoría de nuestros países?

Primera cuestión qué -por perversidad o por pereza intelectual- no quieren entender los defensores del orden actual: que es posible idear un nuevo orden y, segundo, que es imprescindible hacerlo.

Segundo: que para diseñar este nuevo orden, necesitamos por un lado, un conjunto de ideas, un corpus ideológico; pero además, un conjunto de instrumentos: financieros, técnicos, instrumentos de toda clase al servicio de este corpus; es decir, la sociedad industrial, por un lado responde a una ideología emergente en los siglos XVII y XVIII sobre todo, que sería el equivalente a este pensamiento sostenibilista en el que estamos ahora: sustitución de las clases aristocráticas por las clases burguesas, etc... y después unas implementaciones técnicas: la máquina de vapor, por ejemplo, hay que tener en cuenta que hasta la máquina de vapor no hay industrialización.

Entonces para internalizar costos hay que hacer muchas cosas y una de ellas es desviar los recursos de un lado, para aplicarlos en otra parte. Si hemos de producir sin residuos, el costo de esta operación lo tenemos que internalizar de otra manera.

Este manifiesto -que yo de entrada no se cómo lo haremos, simplemente digo que tenemos que ponernos en el camino para hacerlo- no se le puede pedir a un pensador ilustrado del s. XVIII que diga cómo será el final del siglo XIX cuando yo apenas estoy diciendo cuáles fueron las cosas que cambiaron a finales del XVIII.

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Entonces, si seguimos analizando las posibilidades que nos ofrecen las Nuevas Tecnologías, ¿podríamos acercar los Telecentros populares (necesitados de contenidos) a las Universidades? a la larga, ¿podría contribuir a que zonas marginadas pudiesen salir de la marginalidad en que se encuentran?

Yo te transmitiría algunos interrogantes. Cuando hay estas pulsiones históricas en que se producen puntos de inflexión en la tendencia -y creo que estamos viviendo en este momento una situación de este estilo- se produce la paradoja de los «fermentos de cambio», más claramente hablando, los revolucionarios, son claros y coherentes con ellos mismos, pero no pueden lograr el cambio sin la complicidad de los agentes sociales normales. Esta es una paradoja clásica. Con todo esto que estamos hablando, pasa lo mismo.

Es inimaginable pensar que un cambio en el sistema educativo se puede producir al margen de la actividad y las universidades, pero simultáneamente este sistema educativo formal reacciona, muy a menudo, de manera negativa delante de una modificación completa de su propio paradigma. Aquí siempre suele haber un cierto sofisma porque la experiencia enseña que los procesos de cambio no generan inactividad, al contrario generan desplazamientos, recomposiciones de las actividades, incremento de la eficiencia, en definitiva. Pero a pesar de todo, la reacción humana, lamentablemente suele estar basada en las pequeñas modificaciones del status concreto de cada persona en cada momento.

Por tanto mi perplejidad está en preguntarme, hasta qué punto la universidad, como también otras instancias de enseñanza formal, son capaces de reflexionar en la línea de hacerse parcialmente prescindibles, y no lo sé. Surge la iniciativa de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), que es una forma de e-learning clara y manifiesta, y tiene mucho éxito, todo y que es una forma de informalización formalizada, porque a pesar de todo es una transposición a la Red de la estructura académica convencional, y se configura como otra cosa, es decir, no son las universidades las que generan eso sino que se crea otra cosa que es la Universidad Abierta y las universidades la perciben como una cierta competencia desleal. Es normal pues esa es la dialéctica de las relaciones entre los humanos. Por tanto yo tengo una gran perplejidad: no sé de qué manera la universidad está respondiendo a estas cosas.

Pero también tengo una constatación, y es que me doy cuenta que, como mínimo en estos últimos 200 años, los grandes saltos que han provocado los progresos, los cambios, no se habrían producido sin la existencia de eso que algunos autores denominan «ciencias normales», pero no es la ciencia normal la que los ha producido, sino que son los outsiders y los ejemplos son tan numerosos y tan contundentes que también parece mentira que no se hayan dado antes. Darwin que revoluciona no sólo la biología, sino el lugar de la especie humana, nunca fue profesor universitario, sino que fue un diletante. Pasteur, que introduce conceptos fundamentales sobre las bacterias, la enfermedad y la salud, era un químico que se dedicaba a las fermentaciones alcohólicas y que tenía una industria de vinos. Einstein, era un señor que se dedicaba hacer patentes y marcas, era un corredor de patentes y marcas. Entonces, ¿qué pasa aquí? Lo que ocurre es que únicamente desde afuera eres capaz de producir el salto y los cambios. Y ahora volverá a pasar lo mismo. Todo este pensamiento sostenibilista, revulsivo, no está saliendo de la universidad, está saliendo modestamente en estudios privados con gran voluntad de servicio a la colectividad, con una gran inquietud intelectual, pero claro, no se trata de saber quién ganará las oposiciones de tal, cuántos años de antigüedad tiene el otro, cuántos alumnos tiene aquel, y qué presupuesto te darán..., yo simplemente, cada día, salgo, me arremango y me busco la vida.

Percibo la realidad y me inquieta la realidad, no el globo autista a que en seguida la universidad se somete. Por tanto, no sé hasta qué punto las universidades sean capaces de dar una respuesta a esto.

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Caminamos hacia una sociedad del conocimiento o de la sabiduría -como usted defendió alguna vez. ¿Esta nueva sociedad es compatible con las teorías sostenibilistas? ¿Cómo?

Más que compatible, yo creo que es uno de los elementos. Pienso que una de las ideas del sostenibilismo es, primero: avanzar en el conocimiento de la sabiduría; y segundo, tener como una de las finalidades de la sabiduría la reconstrucción del paradigma productivo y distributivo, es decir, sin esta sabiduría esta idea no es implementable. Por tanto, es más que compatible. Cuando decía antes: el corpus ideológico y después la instrumentación, quería decir que estas ideas se implementan apoyándose fuertemente con este concepto de la sabiduría, de la disponibilidad de unos conocimientos ad hoc, que sean capaces de transformar claramente la realidad.

Para que podamos internalizar –hipótesis- hemos de utilizar –suposición- el sistema -e-learning-, pero para ello necesitamos utilizar todo el conocimiento tecnológico que representa el hardware y el software y la sabiduría para inscribirlo en alguna cosa que sean los éxitos del Bill Gates, vendiendo aplicaciones Microsoft por ejemplo, esta es la idea.

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¿Cómo está América Latina en materia de desarrollo sostenible? ¿Hay muchas personas y entidades trabajando en este sentido? ¿Existen  iniciativas por parte del poder público?

Muchas y muy desiguales y con un peso social bien diferente según el Estado. En primer lugar, incidencias hay muchas. Yo fui al Foro Social Mundial de Porto Alegre a participar en uno de los talleres del Foro Latinoamericano de Ciencias Ambientales que es un organismo que agrupa universidades, empresas, centros de investigación latinoamericanos que están con este tipo de inquietudes, y hace ya 10 años en Rio de Janeiro se presentó una exposición que se denominaba «Nuestras Propias Soluciones». Eran todas las fórmulas desarrolladas por los diversos socios de este club, uno en Venezuela, el otro en Paraguay, el otro en Brasil, otro en Argentina, para ir abordando estos temas. Y ahora en Porto Alegre, 10 años después, presentamos un taller que se llama precisamente: «Soluciones 10 años después». Hay muchas iniciativas, podría decir que tantas o más que en Europa. Tal vez son piezas muy mediáticas y de experimentación, pero no por ello, cargadas de su propio valor añadido. Porto Alegre mismo, tiene un sistema de confección de sus presupuestos municipales, que no pasa en ningún otro lugar del mundo y no dejan de ser ya 3 legislaturas en Porto Alegre. Ahora con el Sr. Tasso Genro, antes con el Sr. Raúl Pont y antes con el Sr. Olivio, los tres alcaldes que han habido, puedes o no estar de acuerdo con el Partido de los Trabajadores (PT), pero en todo caso lo han hecho, por tanto iniciativas las hay y muy buenas, pero únicamente en casos muy contados -como en Curitiba o Porto Alegre- son públicas, las otras son más bien ciudadanas. Al revés, desde el punto de vista del poder público, en América Latina creo que están francamente muy lejos de estas cosas.

Claro es un poco tópico, pero el caso de la Argentina que estamos viendo ahora es clarísimo, es un exponente del neoliberalismo llevado a sus últimas consecuencias.

Hay muchas iniciativas a nivel educacional, alguna universidad, círculos particularmente sensibles, tantos o más que en Europa, pero en cambio no hay nada comparable a la Carta Europea de Aalborg, unos municipios que se comprometen y se organizan.

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¿Cuál es el papel de la persona, de cada individuo, dentro de esta nueva sociedad del conocimiento que esperamos sea «sostenible»?

Una pregunta interesante y difícil de responder, entre otras cosas, porque se tendría que contestar con las palabras de Machado, cuando decía que «se hace camino al andar», es decir, la diferencia que hay entre las soluciones soviéticas o las soluciones sistémicas, es que el uno da la solución y el otro da la fórmula matemática de la pulsión que va desarrollándose. Es decir, una cosa es saber qué harás el 28 de octubre del año 2008 y la otra es poner un rumbo diciendo dirección sudeste o dirección tal según como sople el viento iremos organizando una rotación, yo soy más partidario de esta segunda opción.

Una persona ha de levantarse cada día con la capacidad crítica suficiente para saber cómo sus actitudes de ayer han de ser revisadas y readecuadas a hoy. Y consecuente con esto, no te puedo garantizar que de aquí a cuatro meses te esté contestando igual que te estoy contestando ahora, no porque sea un frívolo y un voluble sino porque soy consecuente conmigo mismo, porque continuaré reflexionando, agregando cosas y por eso más que contestarte qué roles, preferiría contestarte en término de qué actitud, porque el rol será en consecuencia de la actitud y para mi la actitud ligada a la famosa sociedad de la sabiduría es una actitud en primer lugar: sumamente crítica, entendiendo por crítica, capaz de revisar, capaz de incorporar todas las nuevas adquisiciones cognitivas que van apareciendo, que aparecen constantemente, por tanto muy abierta en sumar los bienes y ver qué está pasando y después con el suficiente coraje personal y empresarial, si conviene, para propugnar las votaciones y los cambios que todo esto comporta.

Fíjate que curiosamente la sociedad industrial no está tan mal emplazada como para pilotar un proceso de éstos, porque si vas a mirar, ya lo ha hecho en una ocasión de su historia. Es a partir del momento en que estas ideas triunfan, que se instala una sociedad industrial mucho más acomodaticia, pero los primeros 50, 60 ó 70 años de la sociedad industrial, era una sociedad pilotada por el concepto del «progreso» y en el fondo de la revolución, hasta el punto que el proceso que lleva a la industrialización se le llama Revolución Industrial. Hemos de fijarnos porque a veces las palabras tienen mucho significado. Sustituir completamente una clase dirigente por otra, en el caso de la Revolución Francesa, es decir, la aristocracia por la burguesía, es una cosa que tiene mucho peso. Cambiar completamente los sistemas de producción, es una cosa con mucho peso, al igual que inventar todas las implementaciones técnicas.

En el fondo lo que algunos estamos pidiendo es volver al espíritu de la Revolución Industrial, por tanto no es un movimiento nostálgico, es todo lo contrario, es un movimiento que se reconoce como hijo de la sociedad industrial.

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Un mundo sostenible ¿puede llevar a una conciencia más justa y solidaria donde haya más desarrollo humano o no son elementos compatibles?

Si habláramos únicamente de la sociedad del conocimiento, no necesariamente; si hablamos de la sociedad de la sabiduría, creo que necesariamente. Esta es precisamente la diferencia. Es decir, mientras que el simple conocimiento incrementa el poder, la sabiduría, diríamos que es el conocimiento benigno, es el conocimiento bondadoso, por decirlo de alguna forma. Es el conocimiento para construir una cosa que resulte más equitativa, más justa, etc. Por tanto, no sólo es compatible sino que es uno de sus objetivos. La oposición a los conceptos, tal como se formulan actualmente, de globalización, por parte de los sostenibilistas viene de aquí, también con la nueva paradoja que en el fondo el sostenibilismo es enormemente globalizador; lo que hace es no confundir la ampliación del mercado con la globalización, que es lo que está pasando ahora. Ahora estamos llamando globalización a la ampliación de los mercados locales de los que dependen el poder económico y productivo, eso no es globalización. Por tanto, esta es una de las características de la sabiduría.

El sabio es bueno, en cambio el poderoso no necesariamente, de lo que se trata es de avanzar hacia una sabiduría potente. Por tanto, esta internalización nos permite reducir, enfriar la generación de problemas. Es la parte material de la cuestión. Y los valores agregados generados por este proceso productivo internalizador y por tanto no generador de disfunciones ambientales se redistribuyen equitativamente y eso conduce a una cierta situación de «Justicia Social». Son las dos grandes patas: un sistema que produce sin destruir y que redistribuye equitativamente los bienes producidos. Esta es la idea troncal.

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Pensando en las personas que no estén muy familiarizadas con estos conceptos, ¿qué recomendaría, por ejemplo una bibliografía o algo básico para saber qué es eso del desarrollo sostenible, de la internalización, ...?

Hay muchas cosas pero a mi gusto, pocas que tengan esta finalidad. De momento se han generado, en estos últimos tiempos, una documentación, demasiado académica, es decir, demasiados ensayos, reflexiones, etc., con lo cual, continuando con aquel proceso de separar términos para entender mejor los conceptos, de la misma manera que no es lo mismo el conocimiento que la sabiduría, no es lo mismo la información que el conocimiento y, tampoco el conocimiento que la cultura. Aún no hemos generado cultura sostenibilista. Hemos generado conocimiento sostenibilista, la cultura es otra cosa.

El arte, existe como forma de cultura, no tanto porque existan genios artísticos, sino porque hay un sistema para transmitir todo eso a la sociedad e impregnar el ambiente. Cuando lees un libro sobre historia del arte, o simplemente, sobre arte contemporáneo no estás haciendo unos estudios profundos sobre aquello, estás compartiendo el goce, el placer cultural de la creación artística. En este tema que estamos hablando hay muchas cosas a nivel de aportación del conocimiento, mucha aportación académica y muy poca producción cultural. Es una de mis preocupaciones precisamente. El diccionario de socioecología (Ed. Planeta. Barcelona, 1999), modesto, es un intento de hacer eso, es decir de hacer participar a un público lo más amplio posible. Hay información en esta respuesta, estamos construyendo y aún no hemos generado este producto, por ejemplo, un manual que se ponga al abasto de todos este concepto no existe. Lo que sí hay es montañas de libros de denuncia o libros extraordinariamente interesantes como el de Eduardo Galeano, «Las Venas Abiertas de América Latina», que ya ha hecho más de 35 ediciones, pero que no es una reflexión sostenibilista, es un conjunto fundamental, interesantísimo de constataciones, irritaciones. Otro es el «Informe Lugano» de Susan George, pero aun así encuentro a faltar una gama de productos. Inicio de la página

 


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