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En homenaje y agradecimiento a Fernando Lázaro Carreter,
filólogo de la lengua (recientemente fallecido),
por sus «dardos» en la palabra adecuada y oportuna.
Empecemos por el principio. ¿Qué es un libro? Según el diccionario
de la Real Academia Española, el libro es un «conjunto de muchas
hojas de papel, vitela, etc., ordinariamente impresas, que se han
cosido o encuadernado juntas con cubierta de papel, cartón,
pergamino u otra piel, etc., y que forman un volumen.» ¿Y qué
contienen los libros? Decir que de todo es la respuesta más fácil;
alguien ha dicho que es un mercado escrito. Otros opinan que los
libros contienen la voluntad y pensamiento de personas.
En
realidad es el patrimonio escrito que el autor o autora deja a la
humanidad. De ahí que, cada vez que se destruye un libro o una
biblioteca (tráigase a la memoria el incendio de la biblioteca de
Alejandría, los libros quemados por los nazis, los talibanes, los
quemados en tiempos de Mao, etc.), desaparece parte de esa herencia
que nos pertenece a todos.
El
hecho de leer un libro y guardarlo significa haber «visto y oído» la
voluntad, la fantasía, la creatividad o la investigación de alguien,
y esperar que en el futuro otra persona no sólo lo lea, sino que lo
haga suyo. Las bibliotecas públicas o privadas cumplen esa misión de
pretérito. Empero el siglo XXI ha puesto de manifiesto la frase «los
libros tienen vida propia». Mucho antes del boom de las nuevas
tecnologías, los libros no sabían cómo quitarse de encima el
sambenito del respeto, como lo ha expresado Cristina Peri Rosi: «La
lectura es el encuentro entre dos sueños: el del escritor y el del
lector. Pero esos sueños no tienen por qué estar encerrados entre
las paredes de las librerías o de las bibliotecas, donde, además,
suelen ser algo intimidantes» (Qué Leer, enero 2004).
Por ello los libros, es un decir, se están cuestionando también si
han de seguir guardados y esperar que alguien vaya a buscarlos, o
por el contrario, salir ellos a la calle en busca de un lector.
Entre ellos se abrió un debate sobre esas tecnologías como enemigas
o no. La señal de alarma se disparó con los e-books, o los
e-inks. En aquél momento se propagó el pánico entre ellos,
puesto que podría significar el fin de su existencia. Infundado
temor, pues si hay algo en que los bibliófilos están de acuerdo, es
que a la hora de leer, nada mejor que el libro impreso, la textura
del papel, la tranquilidad de una habitación en silencio. De ahí que
la publicación de libros en Internet no sea de temer, pues la Red es
tan sólo un nuevo soporte que pretende complementar, y en ningún
caso, reemplazar el formato tradicional del libro impreso.
El
mejor ejemplo de ello es la alternativa que –como llovida del cielo-
marcó la unión entre ambos formatos, gracias al ingenio del
estadounidense Ron Hornbaker, quien supo salvar el interés de los
libros y el de las nuevas tecnologías. Se puede decir que ahora los
libros pueden respirar aires de libertad. Y han salido a la calle.
Es el nacimiento del bookcrossing.
. ¿Qué es el
Bookcrossing?
Es
registrar un libro en la Red con su identidad, «liberarlo» en algún
lugar (banco del parque, cafetería, salas de espera, trasporte
público, etc.) y esperar que otro bookcrosser lo encuentre.
Este nuevo lector ve la etiqueta que hay en el interior del libro y
comunica por Internet dónde lo ha encontrado. Cuando lo ha leído lo
vuelve a liberar con la misma etiqueta de identificación. De esa
manera se puede seguir la ruta del libro.
Sin embargo el paradero de muchos libros llega a perderse por muchas
razones, la más frecuente es la desidia, o por no entender el
objetivo; no estar al corriente de las nuevas tecnologías y de sus
manifestaciones socioculturales, o simplemente por el deterioro del
libro a la intemperie. A pesar de ello a muchos libros se les puede
seguir su andadura.
Así empieza la página Web más significativa de
bookcrossing en español: «Has
llegado a un lugar amistoso, y te damos la bienvenida a nuestra
comunidad de amantes de los libros. Te preguntarás qué es
Bookcrossing. Es un club de libros global que atraviesa el
tiempo y el espacio. Es un grupo de lectura que no conoce límites
geográficos. ¿Te gustan los libros gratis? ¿Qué tal los clubes de
libros gratis? Bueno, los libros que nuestros miembros liberan son
gratis... pero es el acto de liberar libros el que llega al corazón
de Bookcrossing. Intercambiar libros nunca ha sido más
excitante que con Bookcrossing. Nuestra meta, simplemente, es
convertir el mundo entero en una biblioteca. Bookcrossing es
un intercambio de libros de proporciones infinitas, el primero y
único de su clase».
Una consecuencia inesperada ha sido la creación de comunidades
virtuales (y algunas veces reales) de lectores, o de foros de
literatura.
. Breve historia del
bookcrossing
Ron Horbaker, junto con su mujer Kaori, en Marzo de
2001, estaban admirando la página de
PhotoTag.org que sigue la pista de cámaras desechables que se dejan
perdidas por el mundo. Ron ya conocía la fama de WheresGeorge.com
(que sigue la pista de dinero estadounidense gracias al número de
serie). Se le ocurrió la idea de hacer lo mismo con todos los libros
que poseían.
. Método de
bookcrossing
Los pasos para el «liberador de libros» son: Primero elegir el libro
y ponerle una etiqueta que lo identifique, más o menos en estos
términos:
«Te saludo, a ti que me has encontrado. Un amigo mío me ha dejado
aquí para que tú me encuentres, me leas, y me vuelvas a dejar
donde desees para que otro me lea. Comunícalo en la página Web que
está al final de esta etiqueta dónde me has encontrado e introduce
mi nº BCID. En la Web tendrás noticias de quién me ha liberado y
cuál ha sido mi trayecto».
Seguidamente «liberar» el libro en algún lugar. Después indicar ese
lugar en la Red. Y esperar. Consultar de vez en cuando la Web para
ver si alguien lo ha encontrado.
No olvidar las tres RRR del lema de Bockcrossing:
Read
(Lee un libro), Register
(Regístralo), Release (Libéralo). En
http://usuarios.lycos.es/tolbier/
ofrecen varios modelos de etiquetas para imprimir y pegar en los
libros.
El
lector de este artículo posiblemente se habrá decepcionado al
comprobar que no es tan romántico como se imaginaba el detalle de
abandonar un libro. Por supuesto que se puede abandonar un libro en
cualquier lugar, sin más. Sin embargo el bookcrossing es algo
más que abandonar libros, es, además, el deseo de saber qué opina de
ese libro una persona desconocida; el intento de formar comunidades
virtuales de lectura, cultura y conocimientos sin otra frontera que
la lengua; si es que la lengua es una frontera.
. Algunas
reacciones a éste fenómeno
Desde aquél mismo momento se abrió un nuevo debate en
todo el mundo. Algunos piensan que es una nueva estratagema de las
editoriales (es cierto que algunas de ellas, como reclamo, han
liberado libros). Otros creen que no es más que un modo de
desprenderse de libros viejos sin ningún valor. Otros se han
decepcionado creyendo que el bookcrossing consistía en
abandonar un libro simplemente: «Yo me imaginaba esto del
Bookcrossing menos reglado. Me refiero a eso de tener que dar de
alta el libro, decir donde lo dejas, etc.,... Parece más bonito
dejar el libro por que si y poner un mensaje en la primera página
incitando a que el nuevo dueño realizara lo mismo.» (http://www.anedonia.net/archives/000086.html).
Todavía es pronto para hablar de estadísticas del bookcroosing
o «pasalibros» (término que algún lector
desde México insinúa como más apropiado), puesto que han
transcurrido menos de tres años desde su creación. Pero según
Suburbio, hasta la fecha hay unos
168.000 miembros y 584.000 libros liberados, la mayoría en Estados
Unidos (55%), pero también en Canadá (8%), Reino Unido (6%), Italia
(6%), Alemania (4%), Australia (3%), España (2%), Holanda (1%),
Portugal (1%), Nueva Zelanda (1%) y Francia (1%).
Para el director creativo del museo Urbis de
Manchester, Scott Burnham, «lo maravilloso de Bookcrossing es
que es un proyecto que crecerá y que tendrá una vida propia, con los
libros pasando de unas manos a otras continuamente». Este museo puso
en circulación 100 libros de su propia colección (http://www.infored.org.ar/VerArticulo.aspx?IdArticulo=2726)
Otra opinión:
http://www.ciao.es/BookCrossing_com__360531/TabId/2
Es
imposible poner, en tan poco espacio, todas las reacciones y
opiniones que ha merecido esta ¿nueva forma de cultura? Sea la
calificación que se le dé en el futuro, vaya aquí una sugerencia:
Lea un buen libro, disfrútelo y compártalo para que otros lo
disfruten.


RED DE PENSAMIENTOS: ALGUNAS
FRASES DICHAS
«Puede decirse que todas las sociedades a lo largo de la historia
han sido "sociedades de la información".
También puede afirmarse que siempre la
"información / comunicación" estuvo en el centro de la organización
de las sociedades. Pero lo que no puede afirmarse igualmente es que
en todas las épocas y sociedades los cambios en este importante
sector se hayan producido a un ritmo tan acelerado como el que
estamos viviendo en estas últimas décadas».
De
Miquel de Moragas. Extraído de
Portal de la Comunicación.


UNA LECTURA SUGERENTE...
«Homo Prosocius: la construcción psicosocial de la solidaridad»
De César García-Rincón
Edita Homo Prosocius (Asociación Española para el Fomento,
Desarrollo y Educación de la Conducta Prosocial). Madrid 2003
El
libro es, realmente, el objeto del que nació la propia asociación
Homo Prosocius. Esta ONG se creó a través del trabajo de César
García Rincón como voluntario y coordinador de voluntariado de
Horizontes Abiertos, en su programa de apoyo a reclusas con niños
menores de tres años, al tiempo que desarrollaba su Tesis Doctoral,
«Actitudes y consulta prosocial: un modelo para educar en la
solidaridad, la tolerancia y la cooperación social».
El
modelo que propone Rincón se basa en la máxima «de lo local a lo
global». Tal como se asegura en el prólogo de la obra, «la
solidaridad microsocial es la única que puede conducir a esa
solidaridad global de sentimiento de humanidad».
La
obra aporta, además de las consideraciones teóricas, una serie de
reflexiones desde la experiencia voluntaria del autor, y
aplicaciones prácticas de su modelo en diversos cursos y trabajos de
campo llevados a cabo en centros educativos.
Extraído y adaptado de
Canal solidario.
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