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José tiene 32 años, es Licenciado en Ciencias Económicas y trabaja
en una empresa multinacional. En los últimos 6 años, ha cambiado 4
veces de trabajo y dos veces de ciudad. Susan, su mujer, es abogada
y trabaja como autónoma. Ambos temen perder el control de sus vidas
y sufren por no poder pasar más tiempo con sus pequeños hijos...
José y Susan son ciudadanos de la «Sociedad del Cambio».
La
sociedad actual, con todo su aparataje de tecnologías,
comunicaciones y economía globalizada, no sólo está sembrando el
Planeta de nuevas y fantásticas herramientas, sino también está
transformando los marcos valóricos que por siglos han dirigido los
pasos de la Humanidad.
Una de esas transformaciones es el surgimiento del «cambio» como
valor clave para los habitantes de la posmodernidad.
Importado desde el mundo productivo, el paradigma del cambio surge
como necesidad de las empresas por diversificar su oferta para
adaptarse a los múltiples mercados, públicos, requerimientos y para
superar a la competencia; esto exige una constante renovación que va
desde los productos que se ofrecen, hasta la propia gestión
organizacional.
Así, en un mundo donde la producción es clave para la construcción
de la sociedad y de la identidad de las personas, este nuevo enfoque
no tardó en extenderse al resto del conglomerado social y
particularmente al espacio de las relaciones entre personas.
A
escala humana, esta transformación permanente exige que el hombre y
la mujer desarrollen al máximo sus capacidades de flexibilidad,
tolerancia y adaptación a lo nuevo, y al mismo tiempo, desechen todo
indicio de inmovilidad y estancamiento. El cambio ya no es un hecho
ajeno fruto de la providencia o el azar, sino un movimiento deseado
y planificado, para el cual hay que estar preparado. La «capacidad
de adaptación al cambio» -como la han llamado los psicólogos- se
hace indispensable y quien no tenga la suficiente corre el riesgo de
quedarse abajo del tren del desarrollo.
. El cambio como obstáculo
Es
quizá en su estrecha relación con el consumo, que el cambio
manifiesta su faceta más oscura, pues es utilizado como lema para
generar necesidades ficticias en las personas y soportar con ello,
la maquinaria económica actual. De esta manera, la publicidad se
encarga de hacernos creer que necesitamos cambiar de automóvil cada
año, que las vacaciones deben ser en lugares cada vez más exóticos y
la televisión cada vez más grande y plana… pero ¿es realmente
necesario este cambio?
Desde otro enfoque, todas las personas necesitan algún grado de
estabilidad, de control de su entorno espacial y temporal, para
aprovechar las oportunidades y evitar las amenazas, y así, vivir con
mayor tranquilidad. En la lógica del cambio, esto se hace cada vez
más difícil, pues siempre están apareciendo nuevas prácticas, nuevos
lenguajes, nuevas tecnologías a las que adaptarse, y a un ritmo tan
vertiginoso que resulta imposible estar «al día».
Más aún, cuando está lógica del cambio rige el mundo laboral, puede
llegar a afectar negativamente las relaciones humanas. Como señala
Beck, U. (1999), los vínculos «entre generaciones, hombres y
mujeres, adultos y niños, se despojan de sus premisas básicas
“naturalizadas”, generando una lenta pero profunda revolución en la
familia», como en el caso de José y Susan.
Como consecuencia –según explica Fina Birulés (1996)- lejos de
convertirnos en ciudadanos y ciudadanas del mundo, la lógica del
cambio permanente nos convierte en «seres desarraigados», sin
territorios de familiaridad, sino atomizados e inmersos en «una
multitud de fragmentos dispersos que combinan familiaridad y
extrañeza».
Ante este escenario el resultado es previsible: estrés. Tal como lo
definen Lazarus y Folkman (1986) «el estrés es el resultado de la
relación entre el individuo y el entorno, que evalúa como
amenazante, que desborda sus recursos debido a la presencia de
demandas de tareas, roles interpersonales y físicos, poniendo en
peligro su bienestar», y se traduce -agregaríamos- en una
insatisfacción constante.
. El cambio como posibilidad
Pero al considerar el cambio como valor, no todo es color de
hormiga; al contrario. Esta lógica puede suponer una actitud crítica
ante lo dado, de cuestionamiento de aquellas cosas que parece
siempre hubiesen sido de la misma manera y a partir de allí, un
incentivo para buscar nuevas formas y nuevos contenidos.
Aterrizado a lo cotidiano, cuestionarse por ejemplo los roles
familiares, el papel social de la mujer, el potencial participativo
de los niños, el modo de dirigir las organizaciones, las formas de
participación ciudadana, los modelos de hacer política, etc.
Asimismo, asumir el paradigma del cambio permanente puede suponer
para las personas un desafío constante de crecimiento, de
autoexigencia, para desarrollar al máximo las propias
potencialidades, no sólo en lo laboral, sino en todos los ámbitos.
De esta manera por ejemplo, esforzarse por desarrollar las propias
capacidades físicas, artísticas, espirituales, intelectuales, de
comunicación, afectivas y sociales, como también, por supuesto, los
conocimientos teóricos o técnicos relacionados con el propio ámbito
de trabajo.
En
palabras del filósofo Francés Michael Foucault, «en una sociedad
como la nuestra y en un momento histórico como el presente, el
ejercicio de tratar de pensar de otro modo (cambiar) está
bien lejos de ser un mero deporte intelectual, antes al contrario,
es la condición de posibilidad misma para la creación de libertad».
. Conclusión
Precisamente la «raíz» irrenunciable de cada persona está en su ser
concreto, que debe aprender a paladear, con todo lo que hizo
posible su existencia: su cuerpo, la historia anterior a él. Tomar
contacto con esa realidad y aceptarla en conciencia, puede
contribuir a la estabilidad interna. Asimismo, cada persona esta
constituida por un «yo», una brújula misteriosa que nos indica qué
queremos, qué valores elegimos libremente, a quien deseamos amar,
con qué personas deseamos construir la vida y con qué objetivos.
Posibilitar momentos de sosiego para reencontrarse en lo profundo
con estos dos puntos, puede ayudar a las personas a cimentar
su origen y orientar su futuro en un mundo donde el cambio
permanente es la premisa.
Lejos de una visión maniqueísta sobre las virtudes o desventajas del
cambio, lo cierto es que éste constituye un valor en la sociedad
contemporánea (occidental, capitalista, neoliberal, de la
información) y como tal, juega un papel importante en su
configuración. Asumir esta realidad es un primer paso para aprender
a movernos en este contexto y a partir de ahí, desde los propios
intereses, ética y posibilidades, aceptar más o menos, las
implicaciones que ello supone para la propia vida y para la
construcción de un mundo que se acerque cada vez más al mundo que
cada uno sueña.
. Páginas de interés
El cambio permanente: Nuevo paradigma en las organizaciones
(http://www.coninpyme.org/pdf/Cambio%5B1%5D.pdf).
Change Management: El Cambio
Permanente (http://www.ideared.org/revista9904art.asp).
Discurso tecnológico, cambio y ciencias
sociales (http://www.hipersociologia.org.ar/papers/gpazsp.htm).
El mundo del cambio intenso (http://www.burcet.net/nuevo-mundo.htm).
«La importancia del cambio», de Jaime Luis
Gutiérrez» (http://www.vanguardia.com/2004/2/24/edi9.htm).
El
cambio en las organizaciones. El papel desempeñado por la innovación
(http://www.rrhhmagazine.com/inicio.asp?
url=/articulo/gestion29_1.asp).
Liderazgos para la gobernabilidad y el desarrollo en la Sociedad de
la Información: la Escuela Virtual de Gobernabilidad, por Marcelo
Lasagna (http://usuarios.lycos.es/politicasnet/articulos/lidera.htm).
Creatividad, herramienta básica para la sociedad del conocimiento
(http://www.mundogar.com/ideas/ficha.asp?ID=
9402&MEN_ID=187).
Cambiar la cultura administrativa (http://www.infonomia.com/tematiques/index.asp?idm
=1&idrev=15&num=80)


RED DE PENSAMIENTOS: ALGUNAS FRASES DICHAS
«Las TIC, y especialmente Internet, no son la panacea para superar
los riesgos y concretar las oportunidades que la Sociedad de la
Información y del Conocimiento impone a la educación-aprendizaje.
Sin embargo, estamos convencidos de que, a través del aprendizaje
virtual, surgen nuevas formas de encarar los desafíos de la Sociedad
de la Información: el creciente número de estudiantes, las
estrecheces presupuestarias; un mercado laboral que demanda
flexibilidad y transmisión de habilidades, una sociedad que espera
calidad y valor añadido de su sistema educativo, y un espacio de
intercambio y comunicación entre personas de procedencias diversas».
De
Marcelo Lasagna, coordinador de la Escuela Virtual de Gobernabilidad
(EVG) y Profesor asociado de Ciencia Política en la Universidad
Pompeu Fabra de Barcelona. Extraído de
http://usuarios.lycos.es/politicasnet/articulos/lidera.htm


UNA LECTURA SUGERENTE...
«Ciencia, Tecnología, Sociedad y Cultura en el cambio de siglo»
De
José Antonio López Cerezo y José Manuel Sánchez Ron (Editores)
Edición de la Organización de Estados Iberoamericanos para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) - Biblioteca Nueva, 2001.
365 Páginas
El
vertiginoso desarrollo científico-tecnológico del mundo actual está
consiguiendo hacer realidad las fantasías de hace sólo unas décadas,
con un extraordinario potencial para la transformación de la
naturaleza y la satisfacción de las necesidades humanas.
Dos realidades aparentemente contradictorias de la sociedad de
cambio de siglo, que se intensificarán, sin duda, en el nuevo
milenio, son la creciente globalización en el ámbito tecno-económico
y la acentuación de las diferencias en la distribución del
conocimiento y de la riqueza. La producción de energía, alimentos y
bienes manufacturados, por ejemplo, ha sido objeto de un crecimiento
inaudito en los últimos tiempos. Sin embargo, ese desarrollo también
ha planteado importantes desafíos sociales, éticos y legales acerca
de peligros radicalmente nuevos por su magnitud y naturaleza,
peligros que no se circunscriben a un lugar geográfico, una clase
social o incluso a la generación presente. La energía nuclear, la
biotecnología o las tecnologías de la información han creado, en
este sentido, para bien y para mal, un mundo nuevo y globalizado. Es
un mundo de beneficios y amenazas globales, pero también de
profundas asimetrías en la distribución de la riqueza, los costes
ambientales y la apropiación del conocimiento científico.
El
objetivo de esta obra es abrir un espacio de reflexión sobre este
estado de cosas; un espacio donde estén presentes distintas
perspectivas del problema, desde diversos ámbitos disciplinares y
geográficos, y en el que puedan valorarse los aspectos históricos,
ambientales, culturales y políticos que han conducido hasta la
situación presente y que, presumiblemente, enmarcarán las tendencias
y acciones para el futuro.
Extraído de
http://www.campus-oei.org/publicaciones/otros_cts.htm

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