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BOLETÍN SEMANAL Nº 267
del  21 al 27 de mayo de 2004

OFF LINE
Ann Landers: «La verdadera medida de la grandeza de un hombre es cómo trata a quien no puede beneficiarlo en nada»

TECNOSOCIEDAD

Telebasura: festival de pasiones en pantalla
Por Ignacio Aymar y Rodrigo Prieto


 

RED DE PENSAMIENTOS: ALGUNAS FRASES DICHAS
«
Estas nuevas tecnologías…»

De Carmen Naval

una lectura sugerente...
«Sobre la televisión»
De Pierre
Bourdieu
 


FENÓMENO RELIGIOSO

¡Que entre la luz!
La luz como materia arquitectónica en el devenir de los templos

Por Javier Aránguiz Pinto

BREVES
Por Thelma Gilsamaniego y Marta Miquel

Medisalud en red: agua

Hoy comemos... una dieta antiestrés

Esta Semana: Sasser, «casi» controlado

 

  TECNOSOCIEDAD   

Telebasura: festival de pasiones en pantalla*
Por Ignacio Aymar y Rodrigo Prieto


Ver televisión hoy día se asemeja a lo que a principios de siglo vivían los residentes en aquellos antiguos y marginales cités (estrechos pasajes, con 10 casas colindantes que compartían el patio central y a veces, hasta los lavabos), donde abrir la ventana era enterarse de la fortuna y las miserias de los vecinos; o sea, la vida misma, condimentada eso sí, con un poco de sensacionalismo para que «enganche» más.

Es que los canales de hoy están plagados de programas que se valen del sufrimiento y las pasiones humanas para generar beneficios económicos a las compañías productoras y emisoras, aún cuando esto implique pasar por alto la intimidad, el respeto y hasta la propia dignidad de las personas. Es lo que se ha llamado «telebasura» y que, normalmente, va acompañada por sus respectivos espacios en Internet.

En España la programación televisiva ofrece un promedio de 77 horas semanales de estos programas, superando ampliamente a los informativos, los filmes, los deportes y los programas infantiles; es decir, culebrones, cotilleos, desgracias ajenas, y toda clase de reality shows ocupan la mayor parte de los contenidos de la pantalla chica en la península ibérica, como también de muchos otros países del mundo.

La «telebasura» se caracteriza por explotar el morbo, el sensacionalismo y el escándalo para atraer a la audiencia, apelando a los que se consideran elementos básicos de gusto del espectador: sexo, violencia y sensiblería, que se utilizan en los títulos de estos programas, para captar la atención: «abandoné a mi hijo», «no creo en los hombres», «maridos borrachos», «me inicié en un prostíbulo», son sólo algunos ejemplos.

Existen diversos tipos de «telebasura». Por una parte, aquellos programas que explotan la vida de los famosos, entrometiéndose en su vida privada y dando a conocer hasta los detalles más nimios de su existencia; otra fórmula son los llamados reality shows, que suelen mostrar grupos de personas en situaciones cotidianas o en escenarios ficticios, concebidos como peceras mediáticas, o sea, espacios limitados en los cuales todo está a la vista del espectador. Los escenarios son variados: un gimnasio, un camión, una isla, una academia de música, una casa del terror, etc.

Desconsolados llantos, eufóricas risotadas, tiernas conquistas, además de envidias, riñas, relaciones sexuales y resentimientos son sólo algunas de las situaciones que se ponen en pantalla en estos programas, a través de los participantes que se prestan para ello, tentados por suculentos premios.

. Ni víctimas ni victimarios

Quienes aceptan participar en estos programas son un tema aparte, pues del completo anonimato, pueden llegar a convertirse en verdaderas estrellas de la farándula local. En cualquier caso, existen diversas opiniones respecto de sus características.

Para algunos, se trata de personas con problemas de socialización, con historias de vida sórdidas o inestables, a partir de las cuales aprendieron unos valores, criterios y pautas de comportamiento -al menos- «extravagantes», de modo que no tienen ningún pudor en exponer su intimidad a través de la televisión.

Otros en cambio, creen que se trata de casi héroes, valientes y arriesgados, que aceptan participar en estos programas como una forma de desafío personal o de hacer un sacrificio en pro de un objetivo mayor. De esta forma, llegan a ser admirados y se convierten en imagen de lo que algunos anhelan ser.

Pese a que generalmente las personas que participan en estos programas son presentadas por las compañías como simples ciudadanos, personas comunes, como cualquiera que va por la calle, lo cierto es que en televisión todo es producción, de modo que no sería extraño que muchas de las historias de los participantes de estos programas sean meros montajes interpretados por actores y actrices contratados especialmente para ello.

. El público

¿Quién ve estos programas? Básicamente se trata de personas que pasan más tiempo en casa, por tanto, tienen tiempo de ver televisión y pocas posibilidades e interés por hacer otras actividades. El clásico prejuicio al respecto es pensar que se trata de personas con poca educación o irreflexiva; sin embargo, las cifras echan por tierra esta afirmación, pues estos programas han logrado enganchar a personas muy diversas, de distintas edades, condiciones sociales y niveles de formación, tal como lo demuestran los altos índices de audiencia que suelen obtener.

Es difícil explicar por qué las personas ven estos programas, pues para hacerlo habría que sumergirse en la psiquis de cada uno; no obstante, es posible hacer una aproximación general y afirmar que existen distintos tipos de motivaciones. Por una parte están quienes ven en estos programas una forma de conectar con realidades con las que se sienten identificados y que –por pudor, vergüenza o falta de confianza- no pueden compartir. En el lado contrario, figuran quienes desconocen por completo las situaciones que se presentan en estos programas, de modo que verlos, es una forma de aproximarse a ellas con curiosidad y sorpresa. Y están también quienes, agobiados por el estrés de la vida cotidiana, buscan en estos espacios un medio de «desconectar» de los problemas, no pensar, sólo mirar, hipnóticamente la vida de los otros.

En un intento por explicar el éxito de estos programas, Begoña Román, profesora de Ética de la Universidad de Barcelona, sostiene que «pueden ser la respuesta de una sociedad sin horizontes, aburrida por falta de hábitos de divertimento, para la cual los 'culebrones', novelas rosa y prensa amarilla no han sido suficientes, y por ello han tenido que buscar experiencias más excitantes. Además es sintomático de una sociedad que se entretiene en cosas poco constructivas, aprovechando el ocio pasivo y poco enriquecedor, pero relativamente barato que ofrece la televisión actual».

Ya sean estas u otras las motivaciones, los hechos demuestran que son muchas las personas que no sólo «ven», sino que «siguen» estos programas de tal forma, que incluso algunos canales aprovechan esta demanda para incorporar espacios de repetición o resumen de los distintos capítulos, los cuales son igualmente demandados por el público, con los respectivos beneficios económicos que eso implica para las productoras.

. Las implicaciones

Son muchos los interrogantes que pueden surgir en torno a estas producciones, desde la clásica discusión en torno su origen (¿las productoras los imponen o la gente lo pide?) hasta de qué manera afectan los valores de quienes los ven. Aunque no hay respuestas concluyentes, sí algunas luces para comenzar un análisis.

Una de las consecuencias cuestionables de estos programas es la trivialización de la miseria humana, de sus conflictos y dificultades, logrando que situaciones por algunos consideradas graves, gracias a ellos, pasen a ser asunto de diversión y burla.

De hecho, estos programas siguen una conocida ley en el mundo de la pornografía: la ley de la novedad, según la cual para impresionar física y psíquicamente hay que variar e innovar. Los productores de «telebasura» lo saben, y por eso aplican el mismo criterio a sus producciones. Ya no basta con enamorar a la sirvienta del niño rico, no; ahora es necesario incorporar infidelidades, triángulos amorosos, incesto, prostitución, asesinatos, violencia… y como la ficción ya no impresiona, se prueba ahora con la «realidad» desnuda.

Si bien no es posible sostener tajantemente que la «telebasura» afecta los valores de las personas, si es posible afirmar que al menos frivoliza algunas situaciones de vida al presentarlas como show mediático, destinado al mero entretenimiento del público y en ningún caso a la reflexión o análisis de sus causas y consecuencias sobre las personas.

En el ámbito de la educación, esta situación supone para los educadores el desafío de formar una conciencia crítica en niños y jóvenes, frente a unos contenidos, con los que suelen no estar familiarizados. De ahí, que el Dr. David Buchingham, catedrático de Educación en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres, sostiene que los educadores en medios no sólo «…tendrán que adaptarse a las experiencias cambiantes de sus alumnos con los medios, sino que además, han de aceptar que estas experiencias pueden ser muy diferentes de las suyas y que pueden tener implicaciones teóricas más amplias. La razón no es solamente que los medios son diferentes, sino que la manera como los jóvenes se relacionan -las modalidades de interpretación, compromiso e inversión- también han cambiado de manera sustancial» (http://www.campus-oei.org/valores/monografias/monografia01/reflexion02.htm).

Por su parte, Miquel Martínez, catedrático de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona, sostiene que «ciertamente la televisión, con todos sus aspectos susceptibles de crítica, debe ser considerada también un medio de aprendizaje y educación potente que puede generar cambios de actitudes, eliminar prejuicios y mostrar maneras de ser y estar en nuestra sociedad acordes con los valores que deben regular la vida en sociedades plurales y diversas» (http://www.campus-oei.org/valores/monografias/monografia01/reflexion05.htm).

Desde otra perspectiva, no hay que olvidar que la televisión es una industria y como tal, su éxito o fracaso depende del consumo que de sus productos hagan las personas, por eso, cabe preguntarse si ésta es la televisión que se desea que exista. Asimismo, tener conciencia de que los medios de comunicación están al servicio de unos determinados intereses y poderes políticos y económicos, los cuales –a su vez- representan ciertas ideologías o modelos sociales.

En palabras de José Antonio Younis Hernández, Catedrático de Psicología Social de la ULPGC, «…la llamada telebasura es en realidad una McTele. Tal como funciona el negocio McDonald, la McTele se basa en los mismos principios estratégicos comerciales para la estimulación del consumo y son los jóvenes adultos la audiencia que más consumo audiovisual muestra. De modo que el derecho y la libertad se mide por el rasero de la producción de capital, pues ningún derecho o libertad de información es autorreferente, sino que toma su valor de referencias externas a las que se subordina y conducen en definitiva a las pasiones que explota comercialmente. De ahí que sea muy problemático hablar de “libertad de información o derechos de tal”, cuando en la práctica existe una desigualdad de poder y de recursos materiales y simbólicos que hacen imposible la negociación o la elección (o juegas o te quedas fuera)» (http://www.eldigital.ulpgc.es/index.php?pagina=opinamos&ver=
subseccion&listar=1&cod_articulo=158&numero_revista=5
).

Afortunadamente, este tipo de programas no son lo único que hay en la televisión. Aunque en proporción mucho menor, existen otros espacios audiovisuales en que los mismos temas que se abordan en los programas de «telebasura», son tratados con total seriedad y responsabilidad, incorporando la opinión de especialistas e investigadores.

Más allá de los evidentes cuestionamientos éticos y una demonización de esta clase de producción mediática, la constatación de estos hechos es una interpelación directa a la necesidad de un análisis crítico, de una actitud cuestionadora e incrédula que no se traga todo lo que le den sin más, sino que a partir de una reflexión profunda y seria es capaz de tomar una posición al respecto. Las decisiones que surjan de dicho ejercicio pueden ser diversas, pero cualquiera que sea, será fruto de un proceso de introspección y análisis, de conexión con las propias convicciones, necesidades y gustos, en definitiva, de una decisión madura y responsable.

. Referencias de interés

Libros:

Cubells, Mariola. «¡Mírame, tonto!», Ediciones Robinbook, Barcelona 2003.
Palacio, Manuel. «Historia de la televisión en España», Gedisa, Barcelona 2001.
Hertas Bailén, Amparo. «La audiencia televisiva», Gedisa, Barcelona 2002.
Bustamante, Enrique. «La televisión Económica», Gedisa, Barcelona 1999.
Las razones del éxito de Gran Hermano, analizadas desde un enfoque antropológico por Gustavo Bueno, en su texto «Telebasura y democracia», Ediciones B, Barcelona 2002.

En la Web:

Manifiesto contra la «telebasura»
En su artículo «Educación Transversal, telebasura» la educadora Eva Mtz.Pz, hace una propuesta optimista sobre cómo utilizar estos programas para la formación de los niños.
Un enfoque crítico del tema se puede encontrar en el artículo «La política de la cultura popular: telebasura vs derecho y libertad a la información», de
José Antonio Younis Hernández, Catedrático de E.U. de Psicología Social de la ULPGC.
Cómo enfrentar desde la educación este escenario mediático es el tema principal que aborda el Dr. David Buchingham, catedrático de Educación en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres, en su Artículo «La educación en medios de comunicación y el fin del consumidor crítico».

«Estilos de vida y consumo televisivo», de Miquel Martínez, catedrático de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona.
El Presidente del Consell de l'Audiovisual de Catalunya, Francesc Codina i Castillo, comenta la necesidad de regular estos contenidos televisivos.

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* El presente artículo está basado en parte, en el ensayo «El fenómeno de las audiencias. El auge de la telebasura en la sociedad actual, ¿será un fenómeno cíclico?» de Ignacio Aymar.


RED DE PENSAMIENTOS: ALGUNAS FRASES DICHAS

«Estas nuevas tecnologías, que engloban aspectos tan diversos dentro del sistema capitalista del neoliberalismo, como la fabricación del hardware hasta la manipulación de los mensajes para fabricar un modelo de vida en el que surgen constantemente necesidades de consumir, pasando por las ciencias asociadas a la informática, las agencias de manipulación y difusión de información, las empresas de comunicaciones, las agencias de publicidad, los estudios de audiencias, etc., tienen como materia prima algo tan intangible como la información. Pero lo más grave es que esta información está controlada por muy pocas personas. Si miramos los cuadros que reflejan el desigual reparto de riqueza entre los países del Norte y los del Sur, y dentro de aquéllos la concentración dentro de empresas transnacionales que ocupan diversos ámbitos de la sociedad, se entiende la poca variedad en los mensajes y contenidos difundidos. La ideología dominante arraiga admirable e inexorablemente en todos los rincones del planeta, en un proceso de comunicación unidireccional y autoritario que no admite réplica. La homogeneización de los mensajes nos convierte en aldeanos dentro de un círculo globalizado e irreal, donde se echa en falta una reflexión seria y ética de este nuevo fenómeno. Surgen voces, pero el desacuerdo entre las personas inquietas por estos temas, la dificultad para prever las consecuencias de las sucesivas innovaciones, el poder de la economía frente a la noción de Estado, la actitud tecnológica y muchas veces decimonónica de los intelectuales de elite, y sobre todo el poder que confiere el manejo de los medios masivos de comunicación para generar más riqueza hacen que estas voces no tengan repercusión». 

Extraído del artículo «Análisis de algunos mitos relacionados con las Nuevas Tecnologías», de Carmen Naval, disponible en http://www.uned.es/ntedu/espanol/master/primero/modulos/tecnologia-y-sociedad/analisis-mitos.htm



UNA LECTURA SUGERENTE...

«Sobre la televisión»
De Pierre
Bourdieu
Editorial Anagrama (2003)
144 páginas.

En Sobre la televisión (1996), Pierre Bordieu afronta el análisis sociológico de este medio de comunicación a partir de dos pesquisas fundamentales: la búsqueda de las relaciones de dominación en las que se inscribe el fenómeno televisivo, por un lado, revelando el sentido oculto tras ideas y prácticas sociales que se piensan libres y autónomas, y por otro, la búsqueda de las condiciones –en especial, de los «hechos sociales exteriores»– que influyen sobre la conciencia y la conducta de los individuos y les impiden ser transparentes para sí mismos, es decir, ser lo que creen ser.

En su texto, Bourdieu desvela los mecanismos de la censura invisible que se ejerce sobre la televisión y desmenuza las servidumbres del medio, sometido a la tiranía de los índices de audiencia: el principio de selección de la información a favor de lo escandaloso o sensacionalista; la capacidad indebida de los periodistas de administrar la frecuencia y oportunidad de las apariciones públicas de los políticos; la limitación del tiempo que favorece la simplificación demagógica de la noticia; la focalización de la atención sólo en lo que resulta prometedor en términos de éxito de audiencia, a costa de la censura de aspectos importantes de la realidad; el principio de consenso informativo para respetar la uniformidad de la opinión promedio, que en buena medida se forma a través de la manipulación informativa, etcétera. Analiza con peculiar detalle dos de los mecanismos habituales de información televisiva: los debates televisivos y los telediarios.

Los medios de comunicación constituyen, en opinión de Bourdieu, una amenaza para la sociedad actual. Además de soportar un estado patológico sin precedentes, trasladan esta perversión al entorno de la cultura, de la política y a cuanto tocan.

Pese a estar explícitamente dirigidas a los profesionales del medio, estas críticas son de lectura imprescindible para el confiado telespectador que aún alberga alguna duda sobre los efectos que las presiones económicas y políticas producen en la programación televisiva. La obra de Bourdieu es una de las más certeras denuncias de la amenaza que representa la distorsión de las informaciones que a diario emite la televisión.

Extraído y adaptado de http://www.barcelona2004.org/esp/actualidad/biblioteca/biblioteca
_selecta/ficha.cfm?lnkBiblioteca=26&txtCategoria=Todas%20las%20catego
%26iacute%3Bas

 

FENÓMENO RELIGIOSO

¡Que entre la luz!
La luz como materia arquitectónica en el devenir de los templos

Por Javier Aránguiz Pinto, arquitecto Pontificia Universidad Católica de Chile


«Un cubo de luz es éste. Un cubo con la suavísima y delicadísima penumbra de la misa recordatoria, buscaba yo. Luz al ojo, no paredes, no cielos, no piso, buscaba yo»
[1]
Alberto Cruz Covarrubias, arquitecto chileno

De la inmaterialización de lo construido a la materialización de la luz

Trata este escrito de hablar del espacio divino como encarnación de lo invisible. La luz sucede -en tanto materia susceptible a modelar desde la arquitectura- al contrastar las condiciones de un interior cubierto con la abertura total proveniente del exterior. La construcción de ese ámbito y la captación lumínica coexistieron en una dialéctica específica desde el punto de vista teológico, sin embargo, muchas veces no resuelta. Por lo que el llamamiento a !que entre la luz! a los templos -en clara alusión evangelizadora-, se hace cada vez más necesario en el panorama actual dominado por los espacios polivalentes y artefactos mediáticos.

La connotación de las construcciones sagradas buscaron siempre la relación de la bóveda celeste ya sea en la captación medida del haz solar, como en las proyecciones astrales de la luna y las estrellas. Posteriormente, ya con la construcción del edificio sagrado, la irrupción de la luz en el interior denotó la aparición de la vertical, desde lo alto que traspasa y se dirige en dirección al estrado celebrante. Metafóricamente fue el paso dramático del cielo a la tierra, pero con una intencionalidad manifiesta de su medida constructiva: regular la penumbra entorno al misterio divino.

Lo que sigue intentará resumir algunas ideas del devenir de la luz en los templos, en tanto recuperar la noción primigenia de su materialización. Si en un principio el lugar de culto se encontraba en la intemperie (inmaterial), el seguimiento histórico se volcó justamente en la materia edificada de los edificios hasta entonces jamás imaginados.

Cabría preguntarse si las necesidades de apertura y versatilidad de la liturgia harán que la concepción del templo vuelva a ser nuevamente transparente e inmaterial. Pues, si es así, ¡que entre la luz!

. Comparecencia de lo divino

Dentro de la historia de la arquitectura, el templo –aquella construcción que destinamos al culto sagrado- vendría a ser el primer edificio masivo, en sentido colectivo de su uso. Las reuniones de gentes para los ritos sagrados que se dieron en la primera antigüedad se realizaban en espacios abiertos, eso sí, delimitados generalmente sobre un montículo (podio) o apoyados en algún hito de piedra (estela). Es la arquitectura mesopotámica, que en la imagen del zigurat, se adelantará en la figuración del templo, mientras que la egipcia propondrá recintos cubiertos en una transición secuencial desde un exterior vasto (desierto) hacia los espacios cerrados de culto (cámaras-cripta). Será este descubrimiento en el manejo de la luz, el seguimiento de lo diáfano a la oscuridad pasando por la penumbra, lo que conformará la sala hipóstila como antecesora a las naves columnadas romanas y góticas.

Si bien la cultura helénica fue rica en deidades, la idea de templo como espacio unitario se mantuvo ajena a la manifestación de reunión colectiva. Salvo el carácter cívico de los enclaves urbanos que disponían piras y edificios de adoración en torno a un programa procesional, no se promovería el valor de interioridad en el espacio sagrado. Es verdad que la arquitectura griega desarrolló muestras canónicas en templos de señeras proporciones y dramática escultura en sus frontones, pero todas bajo la plasticidad arquitectónica externa. Debido a la tradición de hacer ofertorios en altares domésticos y en sitios esporádicos como lo eran los oráculos, era innecesario el congregar al pueblo alrededor para celebrar la liturgia en un mismo momento y por lo tanto en un mismo lugar. Es así que la luz como elemento de trabajo no se perfeccionó en tanto se culminaban los templos (de madera a mármol policromado) en relación a los complejos urbanos en los que se disponían. Digo que se dejó de trabajar el interior –y por tanto la luz- ya que el cuerpo central rodeado por las columnas, era un volumen sellado en el que se resguardaba la colosal estatua del dios venerado (Zeus en el Partenón de Atenas). Ésta cámara estaba destinada a la casta sacerdotal y por tanto vedada al común de la gente. La luz natural no tenía sentido en este espacio prohibido en cuanto se disponía sólo la figura sagrada repujada en oro, en permanente vibración por el resplandor de las velas.

El mundo romano, más público en estos aspectos, permitirá que los templos congregasen a los fieles en torno de un mismo espacio, ahora ya permeable al exterior. De las formas gráciles del templete inicial -aventajado por la influencia etrusca- se llegará a la concreción del máximo espacio templario, el lugar de todos los dioses: el Panteón.

Su orden geométrico ya nos habla del sentido trascendental, en que la inclusión de la circunferencia perfecta dentro de un cubo murario prefigura la curvatura divina dentro del orden cuadrado del mundo. Es la idea del espacio in extremis en que disponiéndose circularmente los altares bajo la base de la cúpula -liberando toda la nave- se yergue en su cenit un gran óculo en completa abertura a la bóveda exterior. Es la osadía de extraer la clave de bóveda, el ojo al cielo enmarcado, avisor al paso de las nubes y -por qué no- de las precipitaciones lluviosas. Esta perforación de la estructura será el cerrojo por la que las haces de luz penetren directamente al suelo, dando la sensación de una perforación en el ahora cristianizado suelo.

. Del Cenáculo al mercado

Continuando con esta breve sinopsis, el templo cristiano -el que finalmente nos ocupa- será el que tendrá que sintetizar las variadas fuentes de espacio sagrado y disponer finalmente de una nueva tipología edificatoria: la iglesia. Para esto cabe recordar la aportación del espacio sagrado judío en relación a la luz. El culto que separa el templo como lugar de los sacrificios junto al cetro hebreo –el Arca de la Alianza-, y del lugar de las sagradas escrituras -la Sinagoga-, demandará diversos matices de luz tanto para la devoción como la lectura colectiva de los textos. El cristianismo asumirá ambos espacios de culto en uno sólo, como simbiosis litúrgica de la Última Cena. De aquel cenáculo en penumbra y quietud, episódico del misterio de la fe, se extraerán también algunas aportaciones para el espacio sagrado en tanto lugar de refugio y asilo.

Será por tanto, el devenir del templo cristiano, una dinámica secuencial de claroscuros desde la clandestinidad de las catacumbas hasta la magnificencia de las basílicas. Éstas, siendo en un origen sedes de mercado y en las que conjuntamente se impartía justicia civil, se convertirán apenas variando algunas disposiciones, en naves de jerarquía eclesial entre el altar y la feligresía. Se asume la basílica como la tipología existente que puede acoger una gran asamblea de gente.

El espacio oficial -ahora cristiano- continuará con medios tonos, pero resaltados por la incorporación de mosaicos con colores avivados por fondos dorados. En efecto, la luz que ingresaba por las pequeñas ventanas, apenas iluminaba los interiores dispuestos para la liturgia que recién se organizaba, pero por el efecto reflejo, se cubría el interior de suaves atmósferas de contemplación a los primeros signos de la religión: la consagración del altar y del sagrario (interior mínimo).

Lo que posteriormente se denominó Románico, estará en consonancia con estas experiencias paleocristinas previas: oscuro, cavernario en el sentido de cripta. Rápidamente podríamos resumir el hilo continuo en que se desarrolló el espacio cristiano. Existió la correlación lumínica de los interiores Bizantinos, como haces de luz, los Pre-románicos y Románicos, en que la luz descendía por los muros, y Góticos con el manejo de la luz difuminada y coloreada a través de los vitrales. Fue en este período que se llegó a lo cúlmen en la transposición material de la luz y su correlato edificatorio. Se manifestó –además del alarde estructural de la bóveda de crucería- la cualificación del interior en penumbra variable, la orientación del ábside para efectos a contraluz en la mañana, la apertura como crisol del rosetón hacia el este y la paulatina cristalización del muro como ventanal corrido en el estilo gótico flamígero francés.

Describir el espacio cristiano durante las centurias posteriores no sería más que hablar de las variaciones sobre un mismo tema. Tanto la vuelta que significó el Renacimiento a la concepción basilical –en términos de vibración de la luz- como las dramatizaciones del Barroco en los clarososcuros, eso sí, ya con concepciones de luz dirigidas por las aberturas del crucero y precisas perforaciones del cimborrio, significarán una base crítica suficiente para que su contenido perdure –mediando reposiciones de estilo y revivals historicistas- hasta la denominada tabula rasa de los modernos. No será hasta los proyectos de Le Corbusier para el monasterio de dominico de la Tourrette (Lyon, Francia) y la neoplástica Iglesia de Notre Dame du Haut (Ronchamps, Francia), como las obras de los maestros escandinavos Aalto y Lewerentz, que el sustrato de la iglesia amparada en la nueva luz cobre cuerpo.

Tal como fue la conversión del imperio romano al cristianismo -en un camino que podríamos llamar del martirologio a la asimilación en pleno de la nueva religión-, fue la del primer destello de la fe desde la penumbra clandestina, hasta la visión del muro blanco inundado por la luz. Luminosidad inédita en el espacio continuo que pregonó el movimiento moderno.

. Materia y Luz

Finalmente y a manera de condensación del problema expuesto, se podría decir que la espacialidad seminal de las iglesias se bate entre la hermiticidad del cuerpo edificado y de las controladas aberturas para el ingreso lumínico.

En síntesis, que la luz ingresa de dos maneras en los templos, de por si en forma indirecta: una difuminada por la acción que ejerce el material translúcido desde los paramentos superiores, que casi por gravedad, desciende la luz cargada de partículas de color y polvo. Una segunda es por el reflejo desde una ranura que por el corte de la estructura y escondida detrás del pliegue constructivo, permite el ingreso de la luz caracterizando su orientación a medida del arco que marca el sol durante el día.

O sea, las maneras serían por penumbra la primera y por contraposición la segunda.

Estas dos formas de luz son muy bien recogidas tanto en la iglesia de la Abadía de la Santísima Trinidad de Las Condes (Santiago de Chile), proyecto de los arquitectos Gabriel Guarda –presbítero OSB, de Martín Correa –hermano OSB-, en colaboración de Patricio Gross, como en la reciente Capilla de Saint Ignatius, en la Seatlle University (Washington, Estados Unidos) del arquitecto Steven Holl.

. Algunas páginas de interés

. Revista luces: www.ceisp.com

. Entrevista Gabriel Guarda

. En Monasterios de Chile se pueden ver fotos de la Iglesia de la abadía de la Santísima Trinidad de Las Condes, en Santiago de Chile.

. En el Portal Oficial de Steven Holl architects hay fotos de la Capilla de Saint Ignatius, Seattle University, Washington, Estados Unidos.

. Arquitectura de los Aires Mateus

________________________

[1] Extracto del artículo «Poesía para lo que no fue», referente al proyecto de la Capilla «Los Pajaritos», Maipú-Chile. Texto aparecido en REVISTA UNIVERSITARIA 79, de la Universidad Católica de Chile, Marzo-Mayo 2003.

BREVES

Medisalud en red:
el agua


El agua es la fuente de la vida, de ahí la importancia de procurar un consumo adecuado para garantizar el buen funcionamiento del organismo.

Algunas personas piensan que consumen grandes cantidades de agua por lo que beben de jugos o refrescos, pero no es lo mismo. La diferencia entre el agua y otras bebidas es la cantidad de calorías que contiene cada una.

El no tomar agua en cantidades abundantes puede desencadenar diversos malestares fruto de la deshidratación. Los trastornos por deshidratación se evitan básicamente con un correcto consumo de agua. El cuerpo tiene varios mecanismos para acomodarse al exceso de calor, si estos fallan se puede ocasionar un colapso que puede terminar incluso con la muerte en un lapso de 15 a 20 minutos.

Un artículo publicado en Mundohogar sostiene que la ingesta de agua diaria es absolutamente imprescindible y que debe oscilar entre dos y tres litros. Pero como no a todo el mundo le gusta beber agua, existe la opción de consumir dichas cantidades del líquido vital a través de verduras, frutas y leche que están compuestos, en cerca de un 90%, de agua.

En http://www.netsalud.sa.cr/aya/club/chapt06.htm se habla de la importancia del agua para el cuerpo.

La fundación grupo Eroski ofrece un articulo relacionado con el tema, que incluye 10 razones para hidratarse.

 Hoy comemos...
una dieta antiestrés


El conjunto de factores como el nerviosismo, el insomnio, el cansancio concentrado, y la angustia es lo que denominamos estrés. Existen diversas formas de hacerle frente, entre ellas, algunos «tratamientos alimenticios» sencillos y muy efectivos.

Los ingredientes principales para este tipo de alimentación son las nueces, las legumbres y las pastas. Otra de las cosas que debemos tener en cuenta es la cantidad de calorías consumidas. Tomar menos azúcar, dulces y harinas blancas será fundamental para sentirse mejor.

Unas normas básicas que nos pueden servir de guía son las que ofrece la doctora Josefina Vicario en la página Web http://www.estarguapa.com/edicion/componentes/noticia/
VersionImprimirEG_cmp/0,3190,105637,00.html. Son 6 puntos los cuales llevan una premisa importante, seguir una alimentación sana y equilibrada.

En la página Web de Médicos Consultores se encuentra una dieta antiestrés de dos días. Además se recomienda la consulta al médico de cabecera o al equipo profesional de la misma institución que, para la comunidad iberoamericana ofrece un servicio gratuito.

«Los expertos dicen que la mejor alimentación consiste en comer sólo cuando se tiene hambre. De esta manera se satisfacen de una vez la necesidad física de comer y la ansiedad que provoca estar hambriento. Cuerpo y mente tranquilos de una vez. En este tipo de dieta no hay ningún alimento prohibido, sólo hay que evitar el “hambre psicológica”». En http://www.mundogar.com/ideas/reportaje.asp?FN=4&ID=6270 se hace un análisis de como puede favorecer el estrés una dieta desequilibrad y muchos vicios que a veces parecen aliviarnos.

Esta Semana
Sasser, «casi» controlado


Microsoft celebró ayer la detención de Sven Jaschan, el programador alemán que creó Sasser, y publicó una nueva versión de su herramienta contra este gusano. La compañía felicitó a las autoridades alemanas por el pronto arresto del creador del gusano, que se logró a partir de la información facilitada por investigadores del Programa de Recompensas Antivirus de Microsoft, quienes serán recompensados con unos 250.000 dólares. Los investigadores del caso creen que el creador del gusano, de 18 años de edad, buscaba darse a conocer como programador, aunque también se especula que trató de generar clientela para la empresa de soporte técnico informático, propiedad de su madre.

Extraído y adaptado de http://enter.terra.com.co/ente_secc/ente_actu/noticias/ARTICULO-WEB-1001940-1610618.html

 

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