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Ver televisión
hoy día se asemeja a lo que a principios de siglo vivían los
residentes en aquellos antiguos y marginales cités (estrechos
pasajes, con 10 casas colindantes que compartían el patio central y
a veces, hasta los lavabos), donde abrir la ventana era enterarse de
la fortuna y las miserias de los vecinos; o sea, la vida misma,
condimentada eso sí, con un poco de sensacionalismo para que
«enganche» más.
Es que los
canales de hoy están plagados de programas que se valen del
sufrimiento y las pasiones humanas para generar beneficios
económicos a las compañías productoras y emisoras, aún cuando esto
implique pasar por alto la intimidad, el respeto y hasta la propia
dignidad de las personas. Es lo que se ha llamado «telebasura» y
que, normalmente, va acompañada por sus respectivos espacios en
Internet.
En España la
programación televisiva ofrece un promedio de 77 horas semanales de
estos programas, superando ampliamente a los informativos, los
filmes, los deportes y los programas infantiles; es decir,
culebrones, cotilleos, desgracias ajenas, y toda clase de reality
shows ocupan la mayor parte de los contenidos de la pantalla
chica en la península ibérica, como también de muchos otros países
del mundo.
La «telebasura»
se caracteriza por explotar el morbo, el sensacionalismo y el
escándalo para atraer a la audiencia, apelando a los que se
consideran elementos básicos de gusto del espectador: sexo,
violencia y sensiblería, que se utilizan en los títulos de estos
programas, para captar la atención: «abandoné a mi hijo», «no creo
en los hombres», «maridos borrachos», «me inicié en un prostíbulo»,
son sólo algunos ejemplos.
Existen diversos
tipos de «telebasura». Por una parte, aquellos
programas que explotan la vida
de los famosos, entrometiéndose en su vida privada y dando a conocer
hasta los detalles más nimios de su existencia; otra fórmula son los
llamados reality shows, que suelen mostrar grupos de personas
en situaciones cotidianas o en escenarios ficticios, concebidos como
peceras mediáticas, o sea, espacios limitados en los cuales todo
está a la vista del espectador. Los escenarios son variados: un
gimnasio, un camión, una isla, una academia de música, una casa del
terror, etc.
Desconsolados
llantos, eufóricas risotadas, tiernas conquistas, además de
envidias, riñas, relaciones sexuales y resentimientos son sólo
algunas de las situaciones que se ponen en pantalla en estos
programas, a través de los participantes que se prestan para ello,
tentados por suculentos premios.
.
Ni
víctimas ni victimarios
Quienes aceptan
participar en estos programas son un tema aparte, pues del completo
anonimato, pueden llegar a convertirse en verdaderas estrellas de la
farándula local. En cualquier caso, existen diversas opiniones
respecto de sus características.
Para algunos, se
trata de personas con problemas de socialización, con historias de
vida sórdidas o inestables, a partir de las cuales aprendieron unos
valores, criterios y pautas de comportamiento -al menos-
«extravagantes», de modo que no tienen ningún pudor en exponer su
intimidad a través de la televisión.
Otros en cambio,
creen que se trata de casi héroes, valientes y arriesgados, que
aceptan participar en estos programas como una forma de desafío
personal o de hacer un sacrificio en pro de un objetivo mayor. De
esta forma, llegan a ser admirados y se convierten en imagen de lo
que algunos anhelan ser.
Pese a que
generalmente las personas que participan en estos programas son
presentadas por las compañías como simples ciudadanos, personas
comunes, como cualquiera que va por la calle, lo cierto es que en
televisión todo es producción, de modo que no sería extraño que
muchas de las historias de los participantes de estos programas sean
meros montajes interpretados por actores y actrices contratados
especialmente para ello.
.
El
público
¿Quién ve estos
programas? Básicamente se trata de personas que pasan más tiempo en
casa, por tanto, tienen tiempo de ver televisión y pocas
posibilidades e interés por hacer otras actividades. El clásico
prejuicio al respecto es pensar que se trata de personas con poca
educación o irreflexiva; sin embargo, las cifras echan por tierra
esta afirmación, pues estos programas han logrado enganchar a
personas muy diversas, de distintas edades, condiciones sociales y
niveles de formación, tal como lo demuestran los altos índices de
audiencia que suelen obtener.
Es difícil
explicar por qué las personas ven estos programas, pues para hacerlo
habría que sumergirse en la psiquis de cada uno; no obstante, es
posible hacer una aproximación general y afirmar que existen
distintos tipos de motivaciones. Por una parte están quienes ven en
estos programas una forma de conectar con realidades con las que se
sienten identificados y que –por pudor, vergüenza o falta de
confianza- no pueden compartir. En el lado contrario, figuran
quienes desconocen por completo las situaciones que se presentan en
estos programas, de modo que verlos, es una forma de aproximarse a
ellas con curiosidad y sorpresa. Y están también quienes, agobiados
por el estrés de la vida cotidiana, buscan en estos espacios un
medio de «desconectar» de los problemas, no pensar, sólo mirar,
hipnóticamente la vida de los otros.
En
un intento por explicar el éxito de estos programas, Begoña Román,
profesora de Ética de la Universidad de Barcelona, sostiene que
«pueden ser la respuesta de una sociedad sin
horizontes, aburrida por falta de hábitos de divertimento, para la
cual los 'culebrones', novelas rosa y prensa amarilla no han sido
suficientes, y por ello han tenido que buscar experiencias más
excitantes. Además es sintomático de una sociedad que se entretiene
en cosas poco constructivas, aprovechando el ocio pasivo y poco
enriquecedor, pero relativamente barato que ofrece la televisión
actual».
Ya sean estas u
otras las motivaciones, los hechos demuestran que son muchas las
personas que no sólo «ven», sino que «siguen» estos programas de tal
forma, que incluso algunos canales aprovechan esta demanda para
incorporar espacios de repetición o resumen de los distintos
capítulos, los cuales son igualmente demandados por el público, con
los respectivos beneficios económicos que eso implica para las
productoras.
.
Las
implicaciones
Son muchos los
interrogantes que pueden surgir en torno a estas producciones, desde
la clásica discusión en torno su origen (¿las productoras los
imponen o la gente lo pide?) hasta de qué manera afectan los valores
de quienes los ven. Aunque no hay respuestas concluyentes, sí
algunas luces para comenzar un análisis.
Una de las
consecuencias cuestionables de estos programas es la trivialización
de la miseria humana, de sus conflictos y dificultades, logrando que
situaciones por algunos consideradas graves, gracias a ellos, pasen
a ser asunto de diversión y burla.
De hecho, estos
programas siguen una conocida ley en el mundo de la pornografía: la
ley de la novedad, según la cual para impresionar física y
psíquicamente hay que variar e innovar. Los productores de «telebasura»
lo saben, y por eso aplican el mismo criterio a sus producciones. Ya
no basta con enamorar a la sirvienta del niño rico, no; ahora es
necesario incorporar infidelidades, triángulos amorosos, incesto,
prostitución, asesinatos, violencia… y como la ficción ya no
impresiona, se prueba ahora con la «realidad» desnuda.
Si bien no es
posible sostener tajantemente que la «telebasura» afecta los valores
de las personas, si es posible afirmar que al menos frivoliza
algunas situaciones de vida al presentarlas como show mediático,
destinado al mero entretenimiento del público y en ningún caso a la
reflexión o análisis de sus causas y consecuencias sobre las
personas.
En el ámbito de
la educación, esta situación supone para los educadores el desafío
de formar una conciencia crítica en niños y jóvenes, frente a unos
contenidos, con los que suelen no estar familiarizados. De ahí, que
el Dr. David Buchingham, catedrático de Educación en el Instituto de
Educación de la Universidad de Londres, sostiene que los educadores
en medios no sólo «…tendrán que adaptarse a las experiencias
cambiantes de sus alumnos con los medios, sino que además, han de
aceptar que estas experiencias pueden ser muy diferentes de las
suyas y que pueden tener implicaciones teóricas más amplias. La
razón no es solamente que los medios son diferentes, sino que la
manera como los jóvenes se relacionan -las modalidades de
interpretación, compromiso e inversión- también han cambiado de
manera sustancial» (http://www.campus-oei.org/valores/monografias/monografia01/reflexion02.htm).
Por su parte,
Miquel Martínez, catedrático de la Facultad de Pedagogía
de la Universidad de Barcelona, sostiene que «ciertamente la
televisión, con todos sus aspectos susceptibles de crítica, debe ser
considerada también un medio de aprendizaje y educación potente que
puede generar cambios de actitudes, eliminar prejuicios y mostrar
maneras de ser y estar en nuestra sociedad acordes con los valores
que deben regular la vida en sociedades plurales y diversas» (http://www.campus-oei.org/valores/monografias/monografia01/reflexion05.htm).
Desde otra
perspectiva, no hay que olvidar que la televisión es una industria y
como tal, su éxito o fracaso depende del consumo que de sus
productos hagan las personas, por eso, cabe preguntarse si ésta es
la televisión que se desea que exista. Asimismo, tener conciencia de
que los medios de comunicación están al servicio de unos
determinados intereses y poderes políticos y económicos, los cuales
–a su vez- representan ciertas ideologías o modelos sociales.
En palabras de José Antonio Younis Hernández,
Catedrático de Psicología Social de la ULPGC, «…la llamada
telebasura es en realidad una McTele. Tal como funciona el negocio
McDonald, la McTele se basa en los mismos principios estratégicos
comerciales para la estimulación del consumo y son los jóvenes
adultos la audiencia que más consumo audiovisual muestra. De modo
que el derecho y la libertad se mide por el rasero de la producción
de capital, pues ningún derecho o libertad de información es
autorreferente, sino que toma su valor de referencias externas a las
que se subordina y conducen en definitiva a las pasiones que explota
comercialmente. De ahí que sea muy problemático hablar de “libertad
de información o derechos de tal”, cuando en la práctica existe una
desigualdad de poder y de recursos materiales y simbólicos que hacen
imposible la negociación o la elección (o juegas o te quedas fuera)»
(http://www.eldigital.ulpgc.es/index.php?pagina=opinamos&ver=
subseccion&listar=1&cod_articulo=158&numero_revista=5
).
Afortunadamente,
este tipo de programas no son lo único que hay en la televisión.
Aunque en proporción mucho menor, existen otros espacios
audiovisuales en que los mismos temas que se abordan en los
programas de «telebasura», son tratados con total seriedad y
responsabilidad, incorporando la opinión de especialistas e
investigadores.
Más allá de los
evidentes cuestionamientos éticos y una demonización de esta clase
de producción mediática, la constatación de estos hechos es una
interpelación directa a la necesidad de un análisis crítico, de una
actitud cuestionadora e incrédula que no se traga todo lo que le den
sin más, sino que a partir de una reflexión profunda y seria es
capaz de tomar una posición al respecto. Las decisiones que surjan
de dicho ejercicio pueden ser diversas, pero cualquiera que sea,
será fruto de un proceso de introspección y análisis, de conexión
con las propias convicciones, necesidades y gustos, en definitiva,
de una decisión madura y responsable.
.
Referencias de
interés
Libros:
―
Cubells, Mariola. «¡Mírame, tonto!», Ediciones Robinbook,
Barcelona 2003.
― Palacio, Manuel. «Historia de la
televisión en España», Gedisa, Barcelona 2001.
―
Hertas Bailén, Amparo. «La audiencia televisiva», Gedisa,
Barcelona 2002.
―
Bustamante, Enrique. «La televisión Económica», Gedisa,
Barcelona 1999.
―
Las razones del éxito de Gran Hermano, analizadas desde un
enfoque antropológico por Gustavo Bueno, en su texto «Telebasura y
democracia», Ediciones B, Barcelona 2002.
En la Web:
―
Manifiesto contra la «telebasura»
―
En su artículo «Educación Transversal, telebasura» la educadora Eva Mtz.Pz,
hace una propuesta optimista sobre cómo utilizar estos programas
para la formación de los niños.
― Un enfoque crítico del tema se
puede encontrar en el artículo «La política de la cultura popular:
telebasura vs derecho y libertad a la información», de
José Antonio Younis Hernández,
Catedrático de E.U. de Psicología Social de la
ULPGC.
― Cómo enfrentar desde la educación este
escenario mediático es el tema principal que aborda el
Dr. David Buchingham, catedrático de Educación en el Instituto de Educación
de la Universidad de Londres, en su Artículo «La educación en
medios de comunicación y el fin del consumidor crítico».
―
«Estilos de vida y consumo televisivo», de Miquel Martínez,
catedrático de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de
Barcelona.
― El
Presidente del Consell de l'Audiovisual de Catalunya,
Francesc
Codina i Castillo, comenta la necesidad de regular estos
contenidos televisivos.
----------------------------------
* El presente artículo está
basado en parte, en el ensayo «El fenómeno de las audiencias. El
auge de la telebasura en la sociedad actual, ¿será un fenómeno
cíclico?» de Ignacio Aymar.


RED DE
PENSAMIENTOS: ALGUNAS FRASES DICHAS
«Estas
nuevas tecnologías, que engloban aspectos tan diversos dentro del
sistema capitalista del neoliberalismo, como la fabricación del
hardware hasta la manipulación de los mensajes para fabricar un
modelo de vida en el que surgen constantemente necesidades de
consumir, pasando por las ciencias asociadas a la informática, las
agencias de manipulación y difusión de información, las empresas de
comunicaciones, las agencias de publicidad, los estudios de
audiencias, etc., tienen como materia prima algo tan intangible como
la información. Pero lo más grave es que esta información está
controlada por muy pocas personas. Si miramos los cuadros que
reflejan el desigual reparto de riqueza entre los países del Norte y
los del Sur, y dentro de aquéllos la concentración dentro de
empresas transnacionales que ocupan diversos ámbitos de la sociedad,
se entiende la poca variedad en los mensajes y contenidos
difundidos. La ideología dominante arraiga admirable e
inexorablemente en todos los rincones del planeta, en un proceso de
comunicación unidireccional y autoritario que no admite réplica. La
homogeneización de los mensajes nos convierte en aldeanos dentro de
un círculo globalizado e irreal, donde se echa en falta una
reflexión seria y ética de este nuevo fenómeno. Surgen voces, pero
el desacuerdo entre las personas inquietas por estos temas, la
dificultad para prever las consecuencias de las sucesivas
innovaciones, el poder de la economía frente a la noción de Estado,
la actitud tecnológica y muchas veces decimonónica de los
intelectuales de elite, y sobre todo el poder que confiere el manejo
de los medios masivos de comunicación para generar más riqueza hacen
que estas voces no tengan repercusión».
Extraído del
artículo «Análisis de algunos mitos relacionados con las Nuevas
Tecnologías», de Carmen Naval, disponible en
http://www.uned.es/ntedu/espanol/master/primero/modulos/tecnologia-y-sociedad/analisis-mitos.htm

UNA
LECTURA SUGERENTE...
«Sobre la televisión»
De Pierre
Bourdieu
Editorial Anagrama (2003)
144 páginas.
En Sobre la televisión (1996), Pierre
Bordieu afronta el análisis sociológico de este medio de
comunicación a partir de dos pesquisas fundamentales: la búsqueda de
las relaciones de dominación en las que se inscribe el fenómeno
televisivo, por un lado, revelando el sentido oculto tras ideas y
prácticas sociales que se piensan libres y autónomas, y por otro, la
búsqueda de las condiciones –en especial, de los «hechos sociales
exteriores»– que influyen sobre la conciencia y la conducta de los
individuos y les impiden ser transparentes para sí mismos, es decir,
ser lo que creen ser.
En su texto, Bourdieu desvela los mecanismos
de la censura invisible que se ejerce sobre la televisión y
desmenuza las servidumbres del medio, sometido a la tiranía de los
índices de audiencia: el principio de selección de la información a
favor de lo escandaloso o sensacionalista; la capacidad indebida de
los periodistas de administrar la frecuencia y oportunidad de las
apariciones públicas de los políticos; la limitación del tiempo que
favorece la simplificación demagógica de la noticia; la focalización
de la atención sólo en lo que resulta prometedor en términos de
éxito de audiencia, a costa de la censura de aspectos importantes de
la realidad; el principio de consenso informativo para respetar la
uniformidad de la opinión promedio, que en buena medida se forma a
través de la manipulación informativa, etcétera. Analiza con
peculiar detalle dos de los mecanismos habituales de información
televisiva: los debates televisivos y los telediarios.
Los medios de comunicación constituyen, en
opinión de Bourdieu, una amenaza para la sociedad actual. Además de
soportar un estado patológico sin precedentes, trasladan esta
perversión al entorno de la cultura, de la política y a cuanto
tocan.
Pese a estar
explícitamente dirigidas a los profesionales del medio, estas
críticas son de lectura imprescindible para el confiado
telespectador que aún alberga alguna duda sobre los efectos que las
presiones económicas y políticas producen en la programación
televisiva. La obra de Bourdieu es una de las más certeras denuncias
de la amenaza que representa la distorsión de las informaciones que
a diario emite la televisión.
Extraído y adaptado de
http://www.barcelona2004.org/esp/actualidad/biblioteca/biblioteca
_selecta/ficha.cfm?lnkBiblioteca=26&txtCategoria=Todas%20las%20catego
%26iacute%3Bas
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«Un cubo de luz es éste. Un cubo con la
suavísima y delicadísima penumbra de la misa recordatoria, buscaba
yo. Luz al ojo, no paredes, no cielos, no
piso, buscaba yo»
[1]
Alberto Cruz
Covarrubias, arquitecto chileno
De la inmaterialización de lo construido a la
materialización de la luz
Trata este
escrito de hablar del espacio divino como encarnación de lo
invisible. La luz sucede -en tanto materia susceptible a modelar
desde la arquitectura- al contrastar las condiciones de un interior
cubierto con la abertura total proveniente del exterior. La
construcción de ese ámbito y la captación lumínica coexistieron en
una dialéctica específica desde el punto de vista teológico,
sin embargo, muchas veces no resuelta. Por lo que el llamamiento a
!que entre la luz! a los templos -en clara alusión
evangelizadora-, se hace cada vez más necesario en el panorama
actual dominado por los espacios polivalentes y artefactos
mediáticos.
La connotación de
las construcciones sagradas buscaron siempre la relación de la
bóveda celeste ya sea en la captación medida del haz solar, como en
las proyecciones astrales de la luna y las estrellas.
Posteriormente, ya con la construcción del edificio sagrado, la
irrupción de la luz en el interior denotó la aparición de la
vertical, desde lo alto que traspasa y se dirige en dirección al
estrado celebrante. Metafóricamente fue el paso dramático del cielo
a la tierra, pero con una intencionalidad manifiesta de su medida
constructiva: regular la penumbra entorno al misterio divino.
Lo que sigue
intentará resumir algunas ideas del devenir de la luz en los
templos, en tanto recuperar la noción primigenia de su
materialización. Si en un principio el lugar de culto se encontraba
en la intemperie (inmaterial), el seguimiento histórico se volcó
justamente en la materia edificada de los edificios hasta entonces
jamás imaginados.
Cabría
preguntarse si las necesidades de apertura y versatilidad de la
liturgia harán que la concepción del templo vuelva a ser nuevamente
transparente e inmaterial. Pues, si es así, ¡que entre la luz!
.
Comparecencia de lo divino
Dentro de la historia de la arquitectura, el templo –aquella
construcción que destinamos al culto sagrado- vendría a ser el
primer edificio masivo, en sentido colectivo de su uso. Las
reuniones de gentes para los ritos sagrados que se dieron en la
primera antigüedad se realizaban en espacios abiertos, eso sí,
delimitados generalmente sobre un montículo (podio) o apoyados en
algún hito de piedra (estela). Es la arquitectura mesopotámica, que
en la imagen del zigurat, se adelantará en la figuración del
templo, mientras que la egipcia propondrá recintos cubiertos en una
transición secuencial desde un exterior vasto (desierto) hacia los
espacios cerrados de culto (cámaras-cripta). Será este
descubrimiento en el manejo de la luz, el seguimiento de lo diáfano
a la oscuridad pasando por la penumbra, lo que conformará la sala
hipóstila como antecesora a las naves columnadas romanas y góticas.
Si bien la
cultura helénica fue rica en deidades, la idea de templo como
espacio unitario se mantuvo ajena a la manifestación de reunión
colectiva. Salvo el carácter cívico de los enclaves urbanos que
disponían piras y edificios de adoración en torno a un programa
procesional, no se promovería el valor de interioridad en el espacio
sagrado. Es verdad que la arquitectura griega desarrolló muestras
canónicas en templos de señeras proporciones y dramática escultura
en sus frontones, pero todas bajo la plasticidad arquitectónica
externa. Debido a la tradición de hacer ofertorios en altares
domésticos y en sitios esporádicos como lo eran los oráculos, era
innecesario el congregar al pueblo alrededor para celebrar la
liturgia en un mismo momento y por lo tanto en un mismo lugar. Es
así que la luz como elemento de trabajo no se perfeccionó en tanto
se culminaban los templos (de madera a mármol policromado) en
relación a los complejos urbanos en los que se disponían. Digo que
se dejó de trabajar el interior –y por tanto la luz- ya que el
cuerpo central rodeado por las columnas, era un volumen sellado en
el que se resguardaba la colosal estatua del dios venerado (Zeus en
el Partenón de Atenas). Ésta cámara estaba destinada a la casta
sacerdotal y por tanto vedada al común de la gente. La luz natural
no tenía sentido en este espacio prohibido en cuanto se disponía
sólo la figura sagrada repujada en oro, en permanente vibración por
el resplandor de las velas.
El mundo romano,
más público en estos aspectos, permitirá que los templos congregasen
a los fieles en torno de un mismo espacio, ahora ya permeable al
exterior. De las formas gráciles del templete inicial -aventajado
por la influencia etrusca- se llegará a la concreción del máximo
espacio templario, el lugar de todos los dioses: el Panteón.
Su orden
geométrico ya nos habla del sentido trascendental, en que la
inclusión de la circunferencia perfecta dentro de un cubo murario
prefigura la curvatura divina dentro del orden cuadrado del mundo.
Es la idea del espacio in extremis en que disponiéndose
circularmente los altares bajo la base de la cúpula -liberando toda
la nave- se yergue en su cenit un gran óculo en completa abertura a
la bóveda exterior. Es la osadía de extraer la clave de bóveda, el
ojo al cielo enmarcado, avisor al paso de las nubes y -por qué no-
de las precipitaciones lluviosas. Esta perforación de la estructura
será el cerrojo por la que las haces de luz penetren directamente al
suelo, dando la sensación de una perforación en el ahora
cristianizado suelo.
. Del Cenáculo al mercado
Continuando con
esta breve sinopsis, el templo cristiano -el que finalmente nos
ocupa- será el que tendrá que sintetizar las variadas fuentes de
espacio sagrado y disponer finalmente de una nueva tipología
edificatoria: la iglesia. Para esto cabe recordar la aportación del
espacio sagrado judío en relación a la luz. El culto que separa el
templo como lugar de los sacrificios junto al cetro hebreo –el Arca
de la Alianza-, y del lugar de las sagradas escrituras -la
Sinagoga-, demandará diversos matices de luz tanto para la devoción
como la lectura colectiva de los textos. El cristianismo asumirá
ambos espacios de culto en uno sólo, como simbiosis litúrgica de la
Última Cena. De aquel cenáculo en penumbra y quietud, episódico del
misterio de la fe, se extraerán también algunas aportaciones para el
espacio sagrado en tanto lugar de refugio y asilo.
Será por tanto,
el devenir del templo cristiano, una dinámica secuencial de
claroscuros desde la clandestinidad de las catacumbas hasta la
magnificencia de las basílicas. Éstas, siendo en un origen sedes de
mercado y en las que conjuntamente se impartía justicia civil, se
convertirán apenas variando algunas disposiciones, en naves de
jerarquía eclesial entre el altar y la feligresía. Se asume la
basílica como la tipología existente que puede acoger una gran
asamblea de gente.
El espacio
oficial -ahora cristiano- continuará con medios tonos, pero
resaltados por la incorporación de mosaicos con colores avivados por
fondos dorados. En efecto, la luz que ingresaba por las pequeñas
ventanas, apenas iluminaba los interiores dispuestos para la
liturgia que recién se organizaba, pero por el efecto reflejo, se
cubría el interior de suaves atmósferas de contemplación a los
primeros signos de la religión: la consagración del altar y del
sagrario (interior mínimo).
Lo que
posteriormente se denominó Románico, estará en consonancia con estas
experiencias paleocristinas previas: oscuro, cavernario en el
sentido de cripta. Rápidamente podríamos resumir el hilo continuo en
que se desarrolló el espacio cristiano. Existió la correlación
lumínica de los interiores Bizantinos, como haces de luz, los Pre-románicos
y Románicos, en que la luz descendía por los muros, y Góticos con el
manejo de la luz difuminada y coloreada a través de los vitrales.
Fue en este período que se llegó a lo cúlmen en la transposición
material de la luz y su correlato edificatorio. Se manifestó –además
del alarde estructural de la bóveda de crucería- la cualificación
del interior en penumbra variable, la orientación del ábside para
efectos a contraluz en la mañana, la apertura como crisol del
rosetón hacia el este y la paulatina cristalización del muro como
ventanal corrido en el estilo gótico flamígero francés.
Describir el
espacio cristiano durante las centurias posteriores no sería más que
hablar de las variaciones sobre un mismo tema. Tanto la vuelta que
significó el Renacimiento a la concepción basilical –en términos de
vibración de la luz- como las dramatizaciones del Barroco en los
clarososcuros, eso sí, ya con concepciones de luz dirigidas por las
aberturas del crucero y precisas perforaciones del cimborrio,
significarán una base crítica suficiente para que su contenido
perdure –mediando reposiciones de estilo y revivals
historicistas- hasta la denominada tabula rasa de los modernos. No
será hasta los proyectos de Le Corbusier para el monasterio de
dominico de la Tourrette (Lyon, Francia) y la neoplástica Iglesia de
Notre Dame du Haut (Ronchamps, Francia), como las obras de los
maestros escandinavos Aalto y Lewerentz, que el sustrato de la
iglesia amparada en la nueva luz cobre cuerpo.
Tal como fue la
conversión del imperio romano al cristianismo -en un camino que
podríamos llamar del martirologio a la asimilación en pleno de la
nueva religión-, fue la del primer destello de la fe desde la
penumbra clandestina, hasta la visión del muro blanco inundado por
la luz. Luminosidad inédita en el espacio continuo que pregonó el
movimiento moderno.
. Materia y Luz
Finalmente y a
manera de condensación del problema expuesto, se podría decir que la
espacialidad seminal de las iglesias se bate entre la hermiticidad
del cuerpo edificado y de las controladas aberturas para el ingreso
lumínico.
En síntesis, que
la luz ingresa de dos maneras en los templos, de por si en forma
indirecta: una difuminada por la acción que ejerce el material
translúcido desde los paramentos superiores, que casi por gravedad,
desciende la luz cargada de partículas de color y polvo. Una segunda
es por el reflejo desde una ranura que por el corte de la estructura
y escondida detrás del pliegue constructivo, permite el ingreso de
la luz caracterizando su orientación a medida del arco que marca el
sol durante el día.
O sea, las
maneras serían por penumbra la primera y por contraposición la
segunda.
Estas dos formas
de luz son muy bien recogidas tanto en la iglesia de la Abadía de la
Santísima Trinidad de Las Condes (Santiago de Chile), proyecto de
los arquitectos Gabriel Guarda –presbítero OSB, de Martín Correa
–hermano OSB-, en colaboración de Patricio Gross, como en la
reciente Capilla de Saint Ignatius, en la Seatlle University
(Washington, Estados Unidos) del arquitecto Steven Holl.
.
Algunas páginas de interés
. Revista luces:
www.ceisp.com
. Entrevista
Gabriel Guarda
. En
Monasterios de Chile se pueden ver fotos de la
Iglesia de la abadía de la Santísima Trinidad de Las Condes, en
Santiago de Chile.
.
En el Portal Oficial de
Steven Holl architects hay fotos de la
Capilla de Saint Ignatius, Seattle University,
Washington, Estados Unidos.
.
Arquitectura de los Aires Mateus
________________________
[1]
Extracto del artículo «Poesía para lo que no fue», referente
al proyecto de la Capilla «Los Pajaritos», Maipú-Chile. Texto
aparecido en REVISTA UNIVERSITARIA 79, de la Universidad Católica de
Chile, Marzo-Mayo 2003.
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BREVES |
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Medisalud en red:
el agua |
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El agua es la fuente de la vida, de ahí la importancia de procurar
un consumo adecuado para garantizar el buen funcionamiento del
organismo.
Algunas personas
piensan que consumen grandes cantidades de agua por lo que beben de
jugos o refrescos, pero no es lo mismo. La diferencia entre el agua
y otras bebidas es la cantidad de calorías que contiene cada una.
El no tomar agua
en cantidades abundantes puede desencadenar diversos malestares
fruto de la deshidratación. Los trastornos por deshidratación se
evitan básicamente con un correcto consumo de agua. El cuerpo tiene
varios mecanismos para acomodarse al exceso de calor, si estos
fallan se puede ocasionar un colapso que puede terminar incluso con
la muerte en un lapso de 15 a 20 minutos.
Un artículo publicado en
Mundohogar sostiene que la ingesta de agua diaria es
absolutamente imprescindible y que debe oscilar entre dos y tres
litros. Pero como no a todo el mundo le gusta beber agua, existe la
opción de consumir dichas cantidades del líquido vital a través de
verduras, frutas y leche que están compuestos, en cerca de un 90%,
de agua.
En
http://www.netsalud.sa.cr/aya/club/chapt06.htm
se habla de la importancia del agua para el cuerpo.
La fundación
grupo Eroski ofrece un articulo relacionado con el tema, que
incluye 10 razones para hidratarse.
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Hoy comemos...
una dieta antiestrés |
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El conjunto de
factores como el nerviosismo, el insomnio, el cansancio concentrado,
y la angustia es lo que denominamos estrés. Existen diversas formas
de hacerle frente, entre ellas, algunos «tratamientos alimenticios»
sencillos y muy efectivos.
Los ingredientes
principales para este tipo de alimentación son las nueces, las
legumbres y las pastas. Otra de las cosas que debemos tener en
cuenta es la cantidad de calorías consumidas. Tomar menos azúcar,
dulces y harinas blancas será fundamental para sentirse mejor.
Unas normas
básicas que nos pueden servir de guía son las que ofrece la doctora
Josefina Vicario en la página Web
http://www.estarguapa.com/edicion/componentes/noticia/
VersionImprimirEG_cmp/0,3190,105637,00.html.
Son 6 puntos los cuales llevan una premisa importante, seguir una
alimentación sana y equilibrada.
En la página Web
de
Médicos Consultores
se encuentra una dieta antiestrés de dos días. Además se recomienda
la consulta al médico de cabecera o al equipo profesional de la
misma institución que, para la comunidad iberoamericana ofrece un
servicio gratuito.
«Los expertos dicen que la mejor alimentación
consiste en comer sólo cuando se tiene hambre. De esta manera se
satisfacen de una vez la necesidad física de comer y la ansiedad que
provoca estar hambriento. Cuerpo y mente tranquilos de una vez. En
este tipo de dieta no hay ningún alimento prohibido, sólo hay que
evitar el “hambre psicológica”». En
http://www.mundogar.com/ideas/reportaje.asp?FN=4&ID=6270
se hace un análisis de como puede favorecer el estrés una dieta
desequilibrad y muchos vicios que a veces parecen aliviarnos.

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Esta Semana
Sasser, «casi»
controlado |
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Microsoft celebró
ayer la detención de Sven Jaschan, el programador alemán que creó
Sasser, y publicó una nueva versión de su herramienta contra este
gusano. La compañía felicitó a las autoridades alemanas por el
pronto arresto del creador del gusano, que se logró a partir de la
información facilitada por investigadores del Programa de
Recompensas Antivirus de Microsoft, quienes serán recompensados con
unos 250.000 dólares. Los investigadores del caso creen que el
creador del gusano, de 18 años de edad, buscaba darse a conocer como
programador, aunque también se especula que trató de generar
clientela para la empresa de soporte técnico informático, propiedad
de su madre.
Extraído y
adaptado de
http://enter.terra.com.co/ente_secc/ente_actu/noticias/ARTICULO-WEB-1001940-1610618.html |
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