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La fila no era muy larga. Como de costumbre me
acerqué y pregunté «¿quién es el último?». Me
respondió una mujer con un hermoso velo de
colores: «Yo soy», dijo sonriente. Me puse
detrás de ella y mientras esperaba mi turno
observé con sorpresa que las personas que me
antecedían eran todas muy distintas. Había un
hombre negro de unos 50 años; también una señora
de rasgos orientales, con un bastón; detrás de
él, un joven de largo pelo rubio, seguido por
una chica morena y de ojos redondos… todos
esperaban su turno y comentaban la relevancia
del evento. En eso me entretuve hasta que llegué
a la mesa y una voz ronca me despabiló con
emoción: «aquí está su voto, pase a la cabina
y…». Por primera vez podía participar en la
elección de un gobernante...
Posiblemente pasen muchos años hasta que esta
escena pueda hacerse realidad; sin embargo, el
germen de esta nueva ciudadanía circula ya en la
mente de algunos que, ante la sorpresa de
muchos, comienzan a hablar de «ciudadanía
global».
. Qué se entiende por
ciudadanía
En términos generales se suele hablar de
ciudadanía para referirse al momento en que las
personas cumplen la mayoría de edad
(generalmente a los 18 años) y adquieren una
serie de derechos y deberes civiles, definidos
por las leyes de cada país, como son el derecho
a voto, la obligatoriedad de presentarse a la
instrucción militar, la responsabilidad penal,
se pueden iniciar actividades legalmente
validadas que van desde el matrimonio, hasta
diversos tipos de iniciativas, contratos o
transacciones comerciales, entre otros.
En palabras del académico venezolano, Gildardo
Martínez, «la idea moderna de ciudadanía ha
estado ligada al surgimiento de individuos
dotados de derechos en “relación con el gobierno
de Estados territoriales soberanos” (Falk, 1999:
232). Como una práctica histórica, la ciudadanía
ha logrado definir los derechos de los
individuos frente a Estados y grupos sociales».
Añade que «la idea de ciudadanía como objeto de
discurso, muestra la imagen de un “espacio de
contestación” a la sociabilidad que emana del
Estado (Leis, 1996: 46), en el sentido de que se
revelan “formas de resistencia al poder” (Foucault,
1986: 29) de diferentes actores sociales frente
al Estado».
Ampliando un poco la perspectiva, se utiliza el
concepto para referirse a distintas formas en
que las personas participan de la vida social,
informándose, opinando y realizando acciones
relacionadas con temas de interés ya no sólo
personal, sino público.
En el contexto actual, caracterizado por la
globalización -de la economía, de las
comunicaciones, de la política, de los
conflictos bélicos, de los valores, etc.- la
ciudadanía también adquiere una dimensión
distinta que plantea nuevos desafíos respecto
del rol que les compete a las personas, como
ciudadanos y ciudadanas del mundo.
En este marco, Martínez afirma que «es común
encontrar miradas que muestran cómo el lazo que
vincula a la ciudadanía y a los Estados parece
debilitarse y ya no está restringido
exclusivamente, a la voluntad de aquéllos ni a
constructos sociales como Estado-Nación,
soberanía nacional, territorio, identidad
nacional e historia. Muchos de éstos parecen
perder sentidos como referentes para la
producción de un ejercicio ciudadano y de
procesos identificatorios. Espacios
“desterritorializados” logran constituirse en
ejes de producción de ciudadanía posibilitando
un carácter global a este constructo social» (http://www.globalcult.org.ve/pub/Rocky/Libro2/Martinez.pdf).
De acuerdo al nivel de participación o
implicación que se asuma, las personas pueden
ejercer distintos tipos de ciudadanía global. El
espectro va desde aquellos que piensan que por
el sólo hecho de habitar un determinado
territorio ya se ejerce una ciudadanía, hasta
quienes creen que se ha de asumir
responsabilidades sociales concretas para ser un
verdadero ciudadano global; entremedio,
coexisten también quienes se sienten ciudadanos
del mundo, por su posibilidad de desplazarse de
un país a otro, de una cultura a otra, de un
idioma o otro, sin obstáculos, derribando las
fronteras que tradicionalmente dividen a los
países y sus habitantes.
. A escala humana
En la esfera de lo microsocial, la misma
globalización -de las comunicaciones- permite
que las personas accedan a información de otras
latitudes como noticias, investigaciones, arte,
lugares, idiomas, culturas, etc. lo que favorece
que no sólo se interesen sino además tomen
posición respecto de algunas de esas realidades
y se motiven a
«hacer
algo al respecto».
Este interés es ya una primera manifestación de
lo que entendemos por ciudadanía global.
Por este motivo, el derecho a la comunicación
adquiere en este escenario una gran relevancia,
tal como señala ALAI net (América Latina en
Movimiento), en un artículo: «el derecho a la
comunicación es requisito indispensable para la
construcción de una nueva ciudadanía global,
colectiva e individual. Está relacionado tanto
con la posibilidad de construir, en igualdad de
condiciones, interacciones ciudadanas a diversos
niveles, como con la posibilidad de ejercer
opciones individuales y societales».
Se trata de una toma de conciencia de aquello
que está más allá de las propias fronteras, como
si los sentidos se extendiesen y tuvieran la
posibilidad de percibir lo que ocurre mucho más
lejos de lo que sus características físicas les
permiten, y a partir de esa percepción, darse
cuenta de que esas realidades lejanas también
afectan la propia vida y su entorno.
Del mismo modo, el conocer estas otras
realidades, puede significar para las personas,
descubrir un horizonte cultural y valórico
totalmente distinto que cuestione las propias
convicciones y formas de vida, generando como
resultado, ya sea la reafirmación de éstas o su
total abandono, con todos los matices entre
medio.
Así también, la toma de posición respecto de un
tema localizado fuera de los límites de la
propia nación, implica el reconocimiento de que
las propias necesidades, ideas o temores son
compartidos por otras personas en otras
latitudes. Indudablemente esto deja abierta la
puerta a la formación de distintos tipos de
colectivos y de acciones de apoyo o rechazo de
determinadas situaciones o hechos.
A partir de esta nueva posición como ciudadanos
del mundo, a los elementos que antes tenían un
rol esencial en la conformación de la propia
identidad (nacionalidad, idioma, tradiciones,
etc.), se suman otros provenientes de otras
realidades, posibilitando la formación de unas
identidades glocales. Así, los nuevos
ciudadanos globales podrán -por ejemplo-
sentirse orgullosos de utilizar su lengua
materna para comunicarse en su entorno inmediato
y al mismo tiempo no tener ningún problema en
utilizar otras lenguas para comunicarse con
ciudadanos de otros lugares.
Pero esto no siempre ocurre. Al otro extremo,
ante un proceso de globalización mal entendido,
aparece el riesgo del fortalecimiento de los
nacionalismos excluyentes. En «The
Decline of
Citizenship in an Era of Globalization»
(«La decadencia de la ciudadanía en una era de
globalización»), Richard Falk, señala que «en
las sociedades donde se han resistido más los
procesos de globalización, ha habido un
resurgimiento de sentimientos nacionalistas
chauvinistas, en desmedro del desarrollo de
capacidades de tolerancia y respeto a las
diferencias (http://www.iigov.org/resenas/?p=6_0091).
En resumen, desde un enfoque individual, la
ciudadanía global es sinónimo de personas con un
anclaje fuerte en su propia localidad, pero
abiertas a descubrir otras realidades; personas
concientes de que el mundo es uno sólo y de que
todo lo que ocurra dentro de él, afecta a todos
los que lo habitamos -incluida la naturaleza-.
. Un enfoque macrosocial
En términos más amplios, la ciudadanía global
puede tener muchas implicaciones en distintos
ámbitos.
Por una parte, un cambio en los temas en torno a
los cuales se ejerce la participación de la
ciudadanía, los cuales ya no son abordados como
realidades locales, sino como fenómenos que
afectan a colectivos o comunidades presentes en
diversas partes del mundo, o incluso, a la
población total del planeta.
Algunos de los temas en cuestión son los efectos
de un sistema económico capitalista neoliberal
cada vez más extendido, el hecho migratorio
(papeles para todos), el cuidado del
medioambiente (calentamiento global), los
enfrentamientos bélicos (no a la guerra), entre
otros.
Inspirados en estas temáticas surgen acciones
colectivas pese a estar geográficamente muy
distantes, persiguen un mismo propósito. Bajo el
enfoque de la ciudadanía global, las distintas
estrategias que cada uno de estos grupos utilice
en sus respectivas localidades constituyen ya no
sólo hechos aislados, sino una red de
acontecimientos que en conjunto constituyen una
fuerza de presión social globalizada.
Un claro ejemplo de ello fueron las miles de
manifestaciones que en septiembre del 2002 se
unieron en todo el mundo en contra del ataque de
Estados Unidos contra Irak, bajo el ya
emblemático ¡No a la guerra!
En relación a los derechos y deberes que implica
la ciudadanía, en el plano de lo global, se
traduce en la posibilidad de que todas las
personas puedan acceder a los derechos y deberes
de ciudadanía sea donde sea que habiten o
provengan.
En lo productivo esto supone la posibilidad de
que todas las personas puedan trabajar
legalmente en cualquier lugar del mundo, sin
tener que pasar por los engorrosos sistemas de
homologación y permisos de trabajo como los
actualmente vigentes; en lo político; el derecho
de elegir a los gobernantes, de los lugares
donde habiten; en el ámbito de la justicia, el
derecho de exigir justicia cuando sientan
sobrepasados sus derechos, sin temor de ser
discriminados por su procedencia.
Esta manera de entender la ciudadanía local ha sido
ampliamente trabajada por Michael Hardt y
Antonio Negri en su texto «Imperio», en el cual
«buscan dar cuenta de los procesos políticos,
económicos y sociales actuales que aparecen como
síntomas de la organización de un nuevo orden
mundial: El Imperio» (http://www.pucminas.br/Mercosul/n22/amlat/amlat36.htm).
En este marco, los autores plantean que un
primer elemento de un programa político para la
multitud global es «el reclamo por el derecho a
ciudadanía en el país en el que viven y
trabajan». Desde su perspectiva, este reclamo
«sería expresión de un cuestionamiento al hecho
de pertenecer a una nación, a una identidad, a
un pueblo, o a cualquier otra instancia
identitaria planteada por las previas
condiciones de organización política».
En la misma línea, Juan Duchesne-Winter, Ph.D. en Lengua y
Literaturas Hispánicas de la State University of
New York at Stony Brook, sostiene que en esta
nueva configuración del orden político, la
ciudadanía nacional deja de ser un eje
necesariamente determinante de los derechos
humanos y ocupa un primer plano el derecho de la
persona a ejercer derechos ciudadanos sin que se
le discrimine por su identidad nacional. Surge
el concepto de una ciudadanía sin fronteras
liberada del vínculo nacional, apoyada de manera
más directa sobre los Derechos Humanos
Universales (http://www.prtc.net/~saturno/ciudadania.html).
Este conjunto de implicaciones políticas supone
que en el contexto de un mundo globalizado el
rol de los Estado-Nación se reduce
considerablemente respecto de su capacidad de
gestionar estos temas, pues para hacerlo se
requeriría un alto nivel de consenso
internacional respecto de estos nuevos derechos
y deberes.
Un ejemplo de este alto consenso es lo que se
supone ocurre con el respeto de los Derechos
Humanos, o con la valoración de la democracia
como sistema político deseado, los cuales
constituyen unas certezas de tal magnitud que
hoy nadie cuestiona.
La situación descrita arriba es más bien un
ideal y llegar a ella sin duda no es cuestión de
un día o de unos pocos años; sin embargo, en la
actualidad existen algunos atisbos que apuntan
en esa dirección. Es lo que ocurre por ejemplo
con la conformación de algunas alianzas
estratégicas territoriales, como la Comunidad
Europea, el Nafta -entre Estados Unidos, Canadá
y México- o como el Mercosur en Latinoamérica,
en los cuales la idea central es reducir al
máximo las barreras de protección entre los
países miembros, facilitando la circulación de
sus habitantes y mercancías de manera que todos
ganen.
. Educar para una
ciudadanía global
Aunque así presentada, la descripción de esta
nueva ciudadanía parece ideal, no es difícil
imaginar una extensa lista de posibles
inconvenientes políticos, económicos y sociales,
pues una transformación de tal magnitud implica
no sólo cambios de funcionamiento de los
sistemas de organización que rigen hoy al mundo,
sino también de un profundo cambio cultural de
todos los que habitamos el planeta.
Por este motivo, la educación tiene un rol
central en este proceso, como espacio de
transmisión de esta nueva mirada y de reflexión
en torno a sus implicaciones. Haciendo eco de
esta necesidad, algunas organizaciones ya han
comenzado a desarrollar programas orientados a
formar el sentido de ciudadanía global en los
estudiantes de diversos países.
Una de ellas es Oxfam, a través de su proyecto
«Educación para la ciudadanía global», en el
cuál ésta es entendida como «saber que somos
ciudadanos del globo y reconocer la
responsabilidad de todos y cada uno para con el
planeta». Esto implica -sostienen- «ser capaces
de frenar la injusticia y la desigualdad y tener
el deseo y la posibilidad de hacerlo» (http://globalcitizenship.cac.at/start.asp?b=260).
El proyecto consiste en generar espacios de
diálogo y reflexión en torno al significado de
la ciudadanía global, entre profesores y alumnos
de un conjunto de escuelas de Austria, Italia,
Chile, Camerún y Holanda con el propósito final
de incorporar en los currículums de los países
participantes, contenidos que contribuyan a la
educación global y la ciudadanía de los alumnos.
Pese a todo lo expuesto, posiblemente hablar de
ciudadanía global resulte aún demasiado
abstracto y lejano, sobre todo para aquellos que
desde los rincones del mundo, luchan a diario
por sobrevivir a la miseria, la guerra, la
explotación y la soledad. Sin embargo, en este
mundo globalizado, incluso ellos tienen un rol
que jugar en este partido, como rostro visible
de aquello que no queremos que ocurra en el
planeta. Precisamente porque los vemos, porque
sabemos que están ahí, que no son fantasmas, es
que los ciudadanos de hoy despiertan, se
organizan y participan en la construcción de un
mundo más justo, más solidario y en paz para
todos. Eso, justamente, es la ciudadanía global.
. Páginas de interés
«Internet y ciudadanía global: procesos de
producción de representaciones sociales de
ciudadanía en tiempos de globalización», de
Gildardo Martínez (http://www.globalcult.org.ve/pub/Rocky/
Libro2/Martinez.pdf).
«Éxodo y ciudadanía global en la construcción
del Contra-Imperio: El papel del inmigrante en
la creación de un “nuevo lugar” en “el no
lugar”, según Antonio Negri y Michael Hardt
(Resumen)» (http://www.pucminas.br/Mercosul/n22/
amlat/amlat36.htm).
Proyecto «Educación para la ciudadanía global»
de Oxfam (http://globalcitizenship.cac.at/start.asp?b=260).
La experiencia chilena de este proyecto en:
http://www.educarchile.cl/ntg/estudiante/1558/article-81311.html
«Ciudadanía Global y derecho a la
comunicación: dos retos para el siglo XXI»,
artículo publicado por ALAI net (http://alainet.org/active/show_text.php3?key=499).
«Ciudadanía
sin fronteras», de Juan Duchesne-Winter.
«El rol de la Sociedad Civil en el Gobierno
Global», de
Máximo T. Kalaw, Consejo de la Tierra,
disponible en
http://www.ecouncil.ac.cr/rio/focus/summary/
spanish/major/societ_sp.htm
«Políticas de Ciudadanía y Sociedad Civil en
tiempos de globalización», de
Daniel Mato, Universidad Central de Venezuela
(http://www.globalcult.org.ve/pub/Rocky2.htm).
Ponencia de
Domingos Donida en el Seminario
Internacional «Democracia, Gobernancia y
Desarrollo: Prioridades desde el MERCOSUR»).
«The Decline of Citizenship in an Era of
Globalization», de Richard Falk (http://www.transnational.org/forum/meet/falk_citizen.html).


RED DE PENSAMIENTOS: ALGUNAS FRASES DICHAS
«La exploración de algunas comunidades
electrónicas reveló que su uso es a manera de
formar grupos de apoyo y otros como
"clubes de
pelea" en una u otra modalidad para interpelarse
y reconocerse como sujetos sociales, y en
segundo lugar, enviando mensajes a los que
otrora convocaban a la construcción de un futuro
colectivo.
Pensar la formación de una comunidad de
ciudadanos desde estos espacios es por los
momentos una aproximación al objeto. Menos que
movimientos sociales con una determinada
identidad y objetivo social (Castells, 1997:
93), estos grupos informales de ciudadanos
persiguen objetivos diversos, como si la
"sensación subjetiva de pertenecer a un todo"
les diera el derecho de actuar "desde abajo".
Pero revelan que el escenario que se presenta es
peculiar. El de una política caracterizada por
un "compromiso personalizado en lugar de
colectivo" (Hanada, 2002: 166), pero signada por
la posibilidad de construcción de un tejido
denso y pluridimensional de ciudadanos que
promueven derechos transnacionales (Beck,
2002)».
Extraído del artículo «Internet y ciudadanía
global: procesos de producción de
representaciones sociales de ciudadanía en
tiempos de globalización», de Gildardo Martínez
(http://www.globalcult.org.ve/pub/Rocky/Libro2/Martinez.pdf).


UNA
LECTURA SUGERENTE...
«Proceso de globalización
mundial. Hacia la ciudadanía global»
Luis Aranguren, Fernando González Lucini e
Ignacio Ramonet
Documentos Intermón. Fundación para el tercer
mundo. 2002
El presente trabajo propone un
análisis crítico de las tendencias que en las
últimas décadas transformaron el sistema
capitalista mundial, conocido como el proceso de
globalización mundial. El puente que les permite
a los autores iniciar la reflexión es el
concepto de solidaridad. Tanto el marketing, los
medios de comunicación y las grandes empresas se
han apropiado de este término desvalorizando su
sentido. La posibilidad de recuperar la
solidaridad, resignificarla como práctica
política colectiva es uno de los medios que
encuentran para iniciar un proceso de activa
crítica frente al modelo globalizado.
Reinventar la solidaridad es
resistir a los intentos de domesticación de una
solidaridad virtual que en nada incide sobre la
realidad. La solidaridad como práctica colectiva
debe perseguir un cambio radical en el sistema
de las relaciones de dominación mundial y, sin
una crítica orientada hacia esas relaciones no
será posible terminar con las desigualdades
sociales. Los artículos desarrollan los
siguientes temas: La situación actual del
proceso de globalización; Deuda externa y
pueblos del sur; Educar en valores y La
solidaridad como encuentro.
Extraído y adaptado de
http://www.prometeolibros.com/libros/5/
procesodeglobalizacionmundialhacialaciudadaniaglobal_848452045.asp

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