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¿Qué pensaríamos si todas las
fantasías elucubradas por los cineastas en torno
a grandes catástrofes planetarias tuvieran
asidero científico? ¿Y si realmente estuviésemos
dentro de cien años ante una nueva era glacial?
Este es el tema que obsesiona a uno de los
personajes de «El Día de Mañana», filme que
relata la posibilidad de que el calentamiento
global del planeta desencadene un repentino
cambio climático en la Tierra dejando tras sí un
desastre planetario de gigantescas magnitudes.
Sin embargo, todas estas
especulaciones cinematográficas respecto del
llamado «efecto invernadero», lamentablemente
pueden llegar a verse, y no tan a largo plazo,
como se pensaba hace algunos años. Existen
investigaciones científicas que muestran que los
glaciares tanto de la Península Antártica, como
del Círculo Polar Ártico han acelerado sus
deshielos.
Los últimos diez años han sido
los más calurosos en la historia desde que
existen registros y las temperaturas seguirán
subiendo en las décadas que vienen. La mayoría
de los expertos sostiene que las acciones
humanas tienen un impacto directo en este
proceso de calentamiento conocido como «efecto
invernadero».
Este fenómeno se produce debido a
que algunos gases (como el dióxido de carbono y
el metano) atrapan el calor del sol en capas
inferiores de la atmósfera permitiendo que la
tierra no se congele. Cuando dicho calor llega a
los polos, es reflejado hacia el espacio, pero
una parte de ese calor no puede escapar debido a
estos gases que dejan pasar la luz pero impiden
que el calor salga, cual invernadero. De allí el
calentamiento.
Al derretirse los polos -como
está ocurriendo-, es posible prever que será
menor la cantidad de calor que se refleje hacia
el exterior, provocando que la Tierra se
caliente aún más. Si bien el efecto invernadero
es necesario para evitar que el planeta se
convierta en una gran roca de hielo, en las
últimas décadas, la propia actividad humana ha
provocado que las temperaturas aumenten más de
la cuenta. Esto ocurre debido a la quema de
combustibles fósiles (como el petróleo y el gas
natural) y por la liberación de carbono que se
produce debido a la deforestación.
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La mayoría de los expertos
sostiene que las acciones humanas tienen un
impacto directo en este proceso de
calentamiento conocido como «efecto
invernadero» |
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Una duplicación de los gases de
invernadero incrementaría la temperatura
terrestre entre 1 y 3.5° C. Tal vez no parezca
demasiado, pero a largo plazo, puede ser
equivalente a la última glaciación pero en
dirección inversa, ya que es un cambio demasiado
rápido como para que los ecosistemas consigan
adaptarse.
Los estudios muestran que en la
Antártica en el año 2002, una pared de más de
tres mil kilómetros cuadrados de hielo (la
llamada barrera de «Larsen»), colapsó y arrojó
más de 700 mil millones de toneladas de hielo al
mar en sólo tres meses. Este tipo de barreras de
hielo son imprescindibles para evitar que los
glaciares se derritan y se deslicen al mar,
aumentando su nivel. Después del colapso
–ocasionado por un aumento regional de las
temperaturas- los glaciares adyacentes
disminuyeron rápidamente en sólo seis meses y
continúan su deshielo, según se desprende de un
estudio publicado en la revista Geophysical
Research Letter por un grupo de científicos de
la NASA, del Centro de Estudios Científicos de
Chile (CECS) y de la Universidad de Kansas (http://www.laflecha.net/canales/ciencia/200409233/).
El estudio demostró que la
Antártica reacciona rápidamente al calentamiento
global, y en los últimos quince años ha cambiado
su geografía, lo que se denota en el cambio de
su línea costera. El aumento del nivel del mar
puede tener consecuencias concretas para la
sociedad, sobre todo, por la posible inundación
de zonas costeras y sectores bajos. En la zona
austral, se prevé que en 200 años, aumente el
nivel al menos en siete metros, y los peores
pronósticos, destacan la posibilidad de que la
Península Antártica se convierta -en algunas
décadas- sólo en un archipiélago.
Mientras tanto, el Ártico no está
ajeno a los efectos del calentamiento global.
Según un estudio del Consejo Ártico, es posible
que a fines de este siglo, el hielo casi
desaparezca del Círculo Polar debido a que el
aumento de las emisiones de gases provoca un
efecto mayor en esta zona a causa de las pocas
horas de sol de que dispone. Ya según estudios
de este organismo, una cuarta parte del hielo ha
desaparecido en los últimos cuarenta años, y la
temperatura ha aumentado en un grado. El
deshielo de esta zona puede afectar a la
corriente del Golfo, provocando a su vez,
cambios climáticos en todo el hemisferio norte:
veranos muy cálidos que se extiendan hasta el
otoño, e inviernos intensos que se alarguen
hasta primavera (http://www.enteratenorte.com/modules.php?op=
modload&name=XForum&file=viewthread&tid=166).
. ¿Qué hacer?
No hay duda de que la Tierra se
está calentando a una velocidad increíble. Lo
que toca responder es de qué forma las personas
somos responsables de este cambio y qué podemos
hacer para frenar o al menos disminuir la
velocidad de fusión de los hielos. El cambio
climático deja más clara la internacionalización
de los problemas ecológicos, y lo difícil que es
buscar soluciones ambientales, si no es a través
de un proyecto que involucre a todos los países.
Ya desde hace décadas que el
mundo científico y diversos grupos ecologistas
están abogando para que los gobiernos y estados
asuman el compromiso de regular las emanaciones
de gases que provocan el efecto invernadero,
como causa principal del aumento de la
temperatura. Uno de estos acuerdos es el
Protocolo de Kioto firmado en 1997 y que busca
hacer frente al cambio climático a través de la
reducción del 5% de las emisiones de gases de
efecto invernadero sobre los niveles de 1990 en
los países industrializados para el período
2008-2012 (http://europa.eu.int/scadplus/leg/es/lvb/l28060.htm).
Este acuerdo fue recientemente
ratificado por Rusia pero aún está pendiente la
aprobación de Estados Unidos, uno de los países
con mayor índice de emisiones contaminantes. La
Unión Europea lleva la delantera en este
acuerdo, promoviendo cierta obligatoriedad de
los países miembros, aunque en la práctica
algunos estados han aumentado sus emisiones de
gases sobre los niveles comprometidos.
Sin embargo, hay acciones de
algunos países que están a la cabeza en cuanto a
conciencia atmosférica. Por ejemplo, en el Reino
Unido, se estableció un programa de promoción
del uso eficiente de la energía, como medio para
reducir la generación de dióxido de carbono.
Si bien el mayor efecto proviene
del sector industrial por la emisión de gases de
combustibles fósiles, a nivel doméstico también
se pueden tomar diversas acciones para
contribuir al control del calentamiento global.
Por ejemplo, a través de mejoras en el
aislamiento térmico de las viviendas y la
mejoría de la eficiencia de los aparatos
domésticos a través de mejores diseños y
optimización del uso, como en el caso de la
iluminación.
El calentamiento de la Tierra es
un tema que pone en primer plano los efectos de
la globalización más allá de los netamente
económicos. Una actuación responsable y ética
hacia lo que queremos hacer con el planeta en el
futuro, es cada vez más necesaria. Como lo
planteó Seth Dunn, en el Earth Times: «No más de
50 años atrás, Kyoto fue "perdonada" de la
destrucción por una bomba atómica durante la 2ª
Guerra Mundial, debido a su significado cultural
como la antigua cuna del imperio japonés. En
nuestro mundo actual en calentamiento, a medida
que los antiguos imperios se dan cuenta de las
más serias consecuencias de sus revoluciones
industriales, Kyoto debe nuevamente lograr un
lugar en la historia como el sitio donde la
humanidad se perdonó de niveles desastrosos de
cambio climático» (http://www.cambioclimaticoglobal.com/conclusi.html).
. Protocolo de Kioto
http://archivo.greenpeace.org/Clima/Prokioto.htm
http://www.medioambiente.gov.ar/acuerdos/convenciones/
unfccc/ccprokio.htm (texto
en castellano).
http://unfccc.int/resource/docs/convkp/convsp.pdf
http://www.tecnociencia.es/especiales/cambioclim/4.htm
(Cronología
del Protocolo de Kioto y de la política de
cambio climático).
Protocolo de Montreal relativo
a sustancia agotadora de la capa de ozono:
http://www.medioambiente.gov.ar/acuerdos/convenciones/
montreal/montrealconv.htm
.
Calentamiento global
http://www.ecoportal.net/temas/calenta.htm
http://alfinal.com/Temas/calentamiento.shtml
http://www.ecoeduca.cl/pageset/Buscador_Tematico/index.asp?ID=44
http://www.prodiversitas.bioetica.org/des41.htm
http://circuloastro.freeWebpage.org/calentamiento.html#GLACIAL
http://www.cambioclimaticoglobal.com/


RED DE PENSAMIENTOS: ALGUNAS
FRASES DICHAS
«Ya no son sólo los poderes de la
oligarquía tradicional, ya no son sólo los
poderes de la reacción tradicional, ahora los
poderes mediáticos son los que pasan a dar la
batalla política -en nombre de la libertad de
expresión- contra los programas que defienden
los intereses del conjunto de los ciudadanos.
Esta es la fachada mediática de la
globalización. Y esta fachada es la que revela
de la manera más clara, más evidente, más
caricaturesca, la ideología de la globalización
liberal.
De ahí que medios de comunicación
y globalización sean dos conceptos íntimamente
ligados, y que sea necesario desarrollar una
reflexión sobre cómo nosotros, los ciudadanos,
podemos exigir de los medios más ética, cómo
podemos exigir que simplemente digan la verdad,
exigir el respeto de una deontología que obligue
a los periodistas -la mayoría de ellos serios y
honestos-, a actuar en función de su conciencia
y no de los intereses de los grupos, de las
empresas o de los patronos que los emplean».
De Ignacio Ramonet, disponible en
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=6121


UNA LECTURA
SUGERENTE...
«El manifiesto
del agua»
De Ricardo
Petrella
Editorial
Intermón
Oxfam
Barcelona 2002.
135 páginas
Mil quinientos
millones de personas no tienen acceso a agua
potable. Este número, si la tendencia continúa,
puede doblarse en 20 años. La humanidad entera
soporta el deterioro de la calidad del agua a
causa de la contaminación. En esta contundente
evocación a la acción, Ricardo Petrella (1941)
explica qué está pasando con el agua en el
mundo; muestra los obstáculos para una reacción
adecuada, centrando la atención sobre los
intereses corporativos que hoy controlan la
industria del agua; y expone una contundente
crítica a la orientación del mercado que valora
el agua como una comodidad más que como un
preciado recurso y un derecho fundamental.
El autor hace un
llamamiento para conseguir un Convenio Mundial
del Agua a fin de preservar un bien esencial al
cual todo el mundo tiene derecho. Convoca a la
movilización también para un inmediato programa
que proporcione agua a los medios rurales y
urbanos pobres.
Con una sólida
experiencia en ciencias sociales, Petrella se
convirtió en un miembro destacado del equipo de
Jacques Delors en la Unión Europea en el que fue
jefe de de Proyectos y Asesoramiento en el Área
de Ciencia y Tecnología, en un momento en que se
intentaba profundizar el contenido social del
bloque europeo como un proyecto político con el
que se identificasen los ciudadanos. Petrella
defiende un modelo en que el derecho a la vida
de todo ser humano (y no la optimización del
mercado) sea el origen de un nuevo contrato
social mundial que aporte renovadas esperanzas
en el futuro.
Extraído y adaptado de
http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto
_completo.php?id=263

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En la sociedad contemporánea es
fácil caminar por la vida obnubilados por los
mensajes de éxito y felicidad que desbordan
los medios de comunicación en todos los
soportes y formatos; sin embargo,
paralelamente existe un enorme universo de
hechos de violencia, destrucción y muerte que
por cotidianos, han dejado de sorprendernos, y
peor aún, han conseguido trivializar el dolor
y la muerte, como si fuese, un vaporoso árbol
de alguno de los cuadros de Manet.
A contracorriente de esta
tendencia cultural, el psicopedagogo y
sacerdote catalán, Alfons Gea, plantea la
necesidad de no negar el dolor y la muerte;
sino por el contrario, incorporarlos como
parte de la vida y darles un lugar en la
propia cotidianeidad.
Basado en su larga experiencia
como responsable del Servicio de
acompañamiento del dolor de la ciudad de
Terrassa, critica las nociones predominantes
en el momento actual y aporta pistas para
aprender a gestionar estos sentimientos, tanto
a nivel personal como social.
En el marco del Día de Todos
los Difuntos que se acaba de conmemorar, ¿cuál
sería una buena forma de vivir un duelo?
El duelo hace referencia al
dolor. Si no hay dolor, el duelo es muy breve
o imperceptible, pues el dolor puede haber
pasado antes de que fallezca la persona, por
ejemplo cuando muere alguien después de una
larga enfermedad. Los duelos que necesitan más
elaboración son aquellos que producen dolor
por lo inesperado y por las características de
la persona que fallece, sobre todo si es
alguien muy joven, y su muerte supone un
cambio muy grande en quienes lo rodean, a
diferencia de un anciano, con quien eso no
ocurre.
Cuando el duelo es inesperado y
de una persona joven, necesita mucha
elaboración. Lo primero que requerirá aquella
familia es expresar libremente el dolor y la
rabia, lo que no siempre es fácil, porque
estas emociones producen angustia en los
demás, por tanto, tendemos a reprimirlas.
Expresando el dolor y la rabia se facilita que
la persona libere sentimientos. La expresión
del dolor y la rabia no tienen un tiempo,
pueden durar semanas, es como el pus de una
herida, depende de las características de la
herida y de la persona.
Sólo una vez que se hayan
expresado esas emociones y se haya tenido
alguien que comprenda, que sostenga ese dolor,
es posible enterarse de que la persona
fallecida no va a volver –aunque racionalmente
es algo que se sabe perfectamente desde el
primer día- pero quizás alguien puede seguir
esperando y buscando. También en ese momento
es necesario acompañar el duelo, en esos
deseos y dudas, pues son expresión del dolor,
ya no con llanto ni rabia, pero sí con
aspiraciones y anhelos.
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Expresando el dolor y la rabia se
facilita que la persona libere
sentimientos.
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Finalmente, la persona que vive
el duelo entra en un estado de depresión muy
reflexivo, en que va a pensar tanto en la
persona fallecida, como en sí misma. Es un
tiempo de reestructuración interna que se
extenderá hasta que la persona pueda
reorganizar su vida en ausencia del ser que se
ha ido, lo que supone una serie de cambios.
Todo ese recorrido requiere un
contemplar con paciencia y mucho apoyo, y
donde lo más importante es comprender que no
se pueden saltar etapas, que cada etapa
requiere su tiempo y que no es posible
pretender que una persona reestructure su vida
cuando aún está en la etapa de rabia o dolor.
La tradición cultural tiene
mucho que ver en cómo se vive la muerte o el
dolor. En las sociedades interculturales
actuales como la europea, ¿cómo es posible
conjugar las diferentes maneras de vivir la
muerte y el dolor?
La interculturalidad se va
difuminando en una globalidad. Si bien las
diferentes culturas en un inicio conservan sus
identidades -y eso nos enriquece a todos y nos
da una visión plural de un mismo hecho- hay
una globalidad que uniforma todo, por
desgracia. Por ejemplo, hay muchas familias
que por tradición velarían a sus difuntos en
sus casas, pero al estar en un entorno
culturalmente diferente, no lo hacen y llevan
a sus difuntos al tanatorio. En este caso, el
hecho de compartir con otras familias
occidentales uniforma bastante -por desgracia-,
globaliza; ojalá pudiéramos participar de esa
diversidad. De hecho esa diversidad se da casi
únicamente en el momento de la ceremonia,
cuando hay una diferenciación ritual, pero en
lo demás, yo diría que hay una globalización de los
sentimientos y del luto.
El luto casi está
desapareciendo de nuestra cultura, porque nos
recuerda la muerte y la muerte, al fracaso.
Hay muchas culturas que tradicionalmente
dilataban el luto, y que al venir a Europa, lo
reducen; hablamos de musulmanes o budistas,
que en sus países vivían el luto de manera
distinta, pero que aquí lo anulan, porque
tienen que trabajar y en el trabajo nadie les
va a preguntar o a tener en cuenta si les ha
muerto un pariente. Es lo que ocurre por
ejemplo con el Ramadán, que aunque no tiene
nada que ver con el duelo, se vive de manera
muy distinta en las sociedades occidentales,
que en las islámicas.
Dentro de esta noción global
del duelo y el dolor ¿es posible identificar
algunas características que lo definen, al
menos en el entorno de la cultura occidental?
La característica principal es
la ausencia de dolor. El dolor está prohibido,
y lo está, muchas veces, desde el mismo
momento de la muerte: no llores. Es la
característica más fundamental, es una
represión brutal, porque las lágrimas y el
llanto son feos y como nos afean, los
suprimimos y entonces, lo único que hacemos es
reprimir sentimientos y dificultar la
elaboración del duelo, del llanto como
liberador de emociones negativas.
¿Cuál es la ética y la estética
que subyace a esa característica?
La ética y la estética que
subyace es la del éxito por encima de todo.
Estamos en una sociedad que triunfa y donde lo
que vale es el triunfo y la productividad. La
muerte supone un fracaso y una derrota, por lo
tanto, todo lo que sea o suene a derrota o
fracaso lo eliminamos de nuestro ámbito.
En este caso, ¿el fracaso sería
respecto de qué?
La muerte se contempla como un
fracaso respecto del sin límites en que
creemos que vivimos. Basta ver qué mal
afrontamos la vejez, cómo la vamos paliando de
muchas maneras, disfrazándonos, incluso con la
vestimenta, porque no puede existir un estadio
de la vida donde haya que despedirse de las
cosas.
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... lo único que
hacemos es reprimir sentimientos y
dificultar la elaboración del duelo, del
llanto como liberador de emociones
negativas.
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Ayer por ejemplo, enterramos a
una anciana de más de 80 años que se suicidó
porque no quería ser un estorbo para sus
hijos, porque en esta sociedad está prohibido
ser un estorbo, todos tenemos que ser
productivos. Esa es la estética que subyace.
Mientras por una parte los
medios de comunicación muestran escenas de
muerte constantemente, los niños la ven como
algo indoloro y profiláctico, no viven la
muerte en lo cotidiano. ¿Cómo encontrar un
equilibrio entre ambas formas de enfrentar la
muerte, de evitar que se trivialice, pero
también que se deshumanice?
Lo primero es ser sensibles a
las víctimas de los duelos no resueltos, pues
hay mucha gente que arrastra dolores no
curados, y lo hacen de distintas maneras, no
sólo somatizándolo físicamente, sino alterando
sus relaciones familiares, laborales y
sociales. Descubrir que el dolor está ahí
escondido, es el primer paso. De ahí es
posible hablar de la infelicidad de nuestra
sociedad, que en gran parte se debe a dolores
no trabajados ni asumidos.
Respecto de los niños, se les
está falseando la educación. Por televisión
ven relaciones sexuales con las que se está
trivializando el sexo. Por ejemplo, no es
extraño oír a un niño de 4 ó 5 años
preguntando a otro, ¿eres gay?, porque tienen
una información desmesurada, para su capacidad
crítica y de juicio. Con la muerte sucede lo
mismo, son capaces de ver escenas terribles,
pero después la experiencia de muerte se les
secuestra. Es lo que ocurre por ejemplo cuando
tienen un animalito en casa, que cuando muere
-que podría ser su primera experiencia de
muerte real- los padres procuran escondérselo
y decirle que se ha ido a algún sitio e
incluso inventan historias fantásticas que el
niño no se cree; todo, menos asumir que el
animalito ha muerto y que está enterrado.
A veces vemos que el dolor y la
frustración pueden ser fuente de otros dolores
cuando son asumidos, por ejemplo, con
violencia. Es lo que ocurre con algunos
dolores sociales que sienten algunos
colectivos, culturas o religiones, que
traducen su dolor a través de la violencia o
la guerra... ¿cómo enfrentar esta situación
para evitar que el dolor se convierta en
resentimiento?
Esta es la clave de muchas
violencias. Lo peor que puede pasar ante un
dolor es que lo ignoremos. Podemos hablar de
pueblos enteros a los que se les ignora en su
existencia, su idiosincrasia y todo, y
entonces, imagínate que te ignoren a ti, tu
existencia y encima, tus conflictos, tus
dolores, tus derrotas o tus agresiones… lo que
se puede hacer es precisamente no ignorar. De
ahí la importancia de ser voz de los sin voz,
como una forma de luchar para que no haya
dolor y para que la gente sea más feliz.

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