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Cómo piensa,
cómo reflexiona y cómo expresa sus pensamientos
un niño de hoy y qué diferencia hay entre este
niño y otro de hace 20, 30 ó 50 años.
La escritora
italiana Sussana Tamaro propone que «ahora la
influencia de la tecnología sobre el cerebro
humano es un factor absolutamente nuevo. Observo
mucho a los niños pequeños y compruebo que hay
un cambio considerable en su manera de
expresarse y reflexionar. Un cambio que me
parece muy preocupante para el ser humano».
Parece lógico
que, en una sociedad que ha cambiado como
consecuencia de los avances tecnológicos, los
niños piensen, reflexionen y se expresen de
manera diferente a como lo hacían antes, pues
–como asegura el investigador Javier Bustamante–
la tecnología no cobra relevancia sólo desde su
consideración instrumental, sino también en su
papel de creadora de metáforas y modelos para
entender al hombre, a la sociedad, y para
otorgar nuevos significados a su acción social (http://www.argumentos.us.es/bustaman.htm).
El nuevo
contexto lleva a que los niños desarrollen
nuevas capacidades: se potencia el pensamiento
en red y el trabajo en equipo, el aprendizaje
permanente, la complejidad, el cambio y la
flexibilidad, la abstracción, la creatividad, un
aprendizaje más activo e independiente, la
interculturalidad y la capacidad
multilingüística, la interacción y la
comunicación y además el ordenador amplifica la
capacidad intelectual humana.
Sin embargo,
se sospecha que por el camino también se pueden
perder otras capacidades, por ejemplo la de
contemplación, el espíritu crítico y reflexivo,
la de toma de decisiones ante la cantidad de
variables posibles y los efectos negativos
provocados por la asincronía entre cambio y
capacidad humana de asimilación e incluso la
virtualización de la realidad.
Algunos creen
que es positivo
Muchos
investigadores indican que las herramientas
tecnológicas están resultando muy positivas en
el aprendizaje y en el desarrollo de
determinadas habilidades y capacidades. Antes si
a un niño no le gustaba leer, casi
con seguridad
sería un fracasado en los estudios; ahora con la
ayuda del ordenador, que tiene un gran potencial
motivador, se puede lograr que encuentre el
gusto por investigar y mirar, y por este camino
incluso llegue a acercarse y disfrutar de la
lectura.
Por otra
parte, el uso de nuevas tecnologías agudiza el
pensamiento en red (por enlaces) y esto
posibilita un pensamiento más relacional e
incluso contextualizado. El resultado de este
pensamiento simultáneo puede algunas veces ser
tan valioso como el resultado del pensamiento
lógico y lineal, predominante hasta ahora. La
realidad Internet comportaría para sus
usuarios un pensamiento más entretejido y más
propio del funcionamiento cerebral, que sigue el
modelo link, pues la mente humana pasa de
un pensamiento a otro.
«Las
tecnologías digitales pueden permitir a los
niños volverse aprendices más activos e
independientes, tomando a su cargo el propio
aprendizaje a través de la exploración directa,
la expresión y la experiencia. El foco se
traslada de “ser enseñado” a “aprender”»,
asegura la investigadora Esneda Urbano Arcos (http://sned.galeon.com).
Sin embargo
–dice María Esther del Moral, profesora de NNTT
aplicadas a la Educación de la Universidad de
Oviedo– el desarrollo de la capacidad creativa
de los alumnos dependerá de una adecuada
selección de software y del tipo de
programas que realmente pueden contribuir a
desarrollar esta capacidad creativa (http://www.bib.uab.es/pub/educar/0211819Xn25p33.pdf).
«La
incorporación de técnicas y recursos
audiovisuales e informáticos en el proceso
educativo es actualmente una realidad
insoslayable, que se halla en sintonía con los
requerimientos formativos de la sociedad actual.
Los resultados de distintos estudios reflejan
cómo dichos recursos tecnológicos en tanto
instrumentos didácticos contribuyen a consolidar
en los estudiantes un proceso de aprendizaje
interdisciplinario, y a formar en ellos unos
esquemas de conocimiento que los prepararán para
aprender a aprender», dice Esther del
Moral.
Con las
nuevas tecnologías digitales los niños pueden
encarar proyectos (y aprender conceptos), que
eran vistos como muy complicados para los niños
de la era pre-digital. Por su parte, «el uso
didáctico de Internet también podría servir como
un recurso para desarrollar la comprensión más
que la repetición “correcta” de respuestas
memorizadas. La búsqueda de comprender el dato,
el significado, el fenómeno, la información, el
uso de los comandos, el resultado de la
navegación virtual, etcétera, establece su
utilidad como prótesis para la enseñanza de
búsquedas fuera de los encasillamientos que por
políticas burocráticas impone el sistema escolar
público» (http://contexto-educativo.com.ar/2000/3/nota-0.htm).
Otros no lo
ven tan claro
Javier
Bustamante asegura que el ordenador es también
un diseñador de actitudes: afecta a la
disposición psicológica de aquellos que los
usan, a su autoimagen, sus creencias,
motivaciones, expectativas, etc. (http://www.argumentos.us.es/bustaman.htm).
Ante la gran
cantidad de información que reciben, no es
extraño que algunos niños muy pequeños hablen de
conceptos y realidades tan complejos como la
muerte, la existencia, el amor o la amistad. Sin
embargo, esta «inmersión» precoz puede ser
superficial, si el niño no tiene un
acompañamiento adulto adecuado.
También se
habla de una especie de aceleración cultural
provocada por la ingente cantidad de información
que los niños reciben constantemente, y que es
muy superior que en otros momentos de la
historia. «Las oleadas de conocimiento se mueven
a una velocidad cada vez más vertiginosa,
desafiando constantemente nuestra capacidad de
aprehensión de las mismas», asegura la
investigadora Elsa Beatriz Acevedo Pineda (La
aceleración del cambio tecnológico:
http://www.campus-oei.org/salactsi/elsa2.htm).
Josep M.
Esquirol, profesor de Filosofía de la
Universidad de Barcelona y director del
Instituto de Tecnoètica de la Fundación Epson,
asegura que esta aceleración hace que haya una
cierta dificultad de asimilar los cambios
trepidantes. Hay una mezcla de desconcierto y
también de asimilación acrítica, es decir, de
adaptación a los nuevos contextos con menos
espíritu reflexivo y crítico del que sería
conveniente» (entrevista para la revista RE
en catalán, enero de 2003).
La avalancha
de información a la que están expuestas las
nuevas generaciones es otra de las dificultades
que se menciona. Javier Bustamante, en su
artículo «Dilemas éticos en la sociedad de la
información: apuntes para una discusión»,
asegura que esta avalancha no es la solución
para superar la ignorancia y que la simple
posesión del conocimiento científico-técnico no
garantiza una dimensión humana más profunda, ni
una ética que nos recomiende en qué dirección y
con qué ritmo debe ser empleado.
(http://www.argumentos.us.es/bustaman.htm)
Podría
pensarse que hoy un niño tiene más informaciones
que le permiten enfrentarse mejor a la toma de
decisiones, pero puede ocurrir justo lo
contrario: ante tantos datos y variables hay una
especie de colapso que le impide tomar
decisiones. A esto se suma una especie de
asincronía ante la velocidad en los cambios y la
capacidad limitada de asimilación que tenemos
los seres humanos.
También puede
ocurrir una descompensación entre lo que se
puede saber y lo que se puede hacer. Por la
explosión de los medios de comunicación sabemos
todo lo que pasa en todas partes del mundo, pero
casi nunca podemos hacer algo. Ello podría
comportar un cierto alejamiento de la realidad,
insensibilidad ante el sufrimiento humano y la
descompensación ante la falta de correlación
entre conocimiento y acción, que puede llevar a
un sentido de frustración, de inoperancia y de
esterilidad, como plantea el pensador Alfredo
Rubio.
Actualmente
más que aprender a usar los artilugios
–habilidad casi innata en los niños–, lo que
necesitan es seguir recibiendo –como ha sido
siempre– elementos esenciales que les permitan
ser individuos con pensamiento crítico e
independencia creativa, con sensibilidad humana
y apoyados en valores esenciales que les
permitan valorar su propia existencia y la de
los demás. Porque –como asegura la investigadora
Esther del Moral– la «riqueza de cerebros» se
sigue considerando el mayor potencial de las
naciones.
. Páginas de interés
«¿Qué ven los
niños en Internet?», artículo de
Hugo M. Castellano, Maestro
Normal Nacional y Técnico en Electrónica
Digital. Coordinador del Área Informática y
profesor en EGB:
http://contexto-educativo.com.ar/2000/3/nota-0.htm
«Las
tecnologías y la educación en la edad temprana.
Entrevista con Jane Harris, experta en la
relación entre tecnologías y educación:
http://www.eduteka.org/HarrisEdadTemprana.php
Artículo de
José Roberto Alegría Coto, jefe del Departamento
de Desarrollo Científico y Tecnológico del
CONACYT:
http://www.cientec.or.cr/comunicacion/ponencias/RobertoAlegria.pdf


IDEAS EN RED:
«El desafío está en adaptar el arte de gobernar
la gobernanza a la nueva realidad, porque los
problemas de bienestar, progreso económico,
justicia social o seguridad no se resuelven ya
dentro del marco de los estados. Por ello, no es
malo que los líderes de los países se reúnan
frecuentemente, siempre es mejor que se hablen a
que guerreen entre sí, y que lo hagan en marcos
institucionales multilaterales.
También hay que encauzar la compasión, la
conciencia del prójimo de manera positiva,
porque no hay que olvidar que el infierno está
empedrado de buenas intenciones: la explotación
de excedentes agrícolas donados ha desorganizado
y hundido sistemas agrarios subdesarrollados, o
la condonación de la deuda sin más puede
condenar a la insolvencia. No es casual que el
mejor mercado mundial de armas pequeñas sea
África.
El hecho es que no hay soluciones milagrosas a
problemas difíciles; debemos hacer un esfuerzo
conjunto de imaginación y perseverancia
partiendo de un diagnóstico acertado. Porque lo
que es nuevo en la globalización es la dimensión
que ha alcanzado el fenómeno, no el proceso en
sí».
De Enrique
Barón, en su artículo «Civilizar
la globalización», disponible en
http://www.el-mundo.es/especiales/2001/07/sociedad/globalizacion/analisis_ts.html


LECTURA SUGERENTE:
«El cuerpo nunca miente»
De
Alice Miller
Tusquets Editores
Barcelona, 2005
216 pág.
El cuerpo a
menudo se rebela, con graves enfermedades,
contra la falta de reconocimiento de los traumas
infantiles no superados. En
«El cuerpo nunca miente»,
Alice Miller nos explica,
mediante numerosos ejemplos, cuáles son los
mensajes que dichas enfermedades revelan, y por
qué la vivencia de las emociones hasta ahora
prohibidas nos permite comprender estos mensajes
que nos envía el alma y así liberarnos de los
síntomas e, incluso, de los traumas.
«El cuerpo nunca miente», el
título más reciente que ha publicado Miller,
está siendo traducido ya a numerosas lenguas.

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Churchill decía que: «la
democracia es el peor de los sistemas con
excepción de todos los demás».
Conforme los años han pasado y
los cambios sociales se han apresurado, las
debilidades de las democracias se han
clarificado con mayor evidencia.
Las generaciones que se
conformaban con ser representadas por sus
autoridades, han abierto camino paulatinamente
a generaciones que desean tener un papel más
participativo en el sistema político que
viven.
Las grietas de la democracia
revelan mayor imperfección mientras más
diversa se vuelve la sociedad. La atención que
actualmente se presta a las minorías demuestra
la necesidad de éstas de incluirse y
expresarse en un entorno hasta hoy dictado por
las mayorías.
Así como las nuevas tecnologías
de la información han puesto sobre la mesa la
languidez de una democracia de mayorías
meramente representativa, así se ha llevado a
discusión si las nuevas tecnologías facilitan
una democracia menos imperfecta.
Los que defienden esta postura
hablan de la Red como un instrumento para
construir una sociedad más justa, equitativa,
libre, tolerante, participativa y solidaria;
pero en contrapeso están aquellos que anotan
la gran inequidad que la Red respira en su
entraña: el aplastante 90% de la población
mundial no tiene acceso a Internet; el 10%
restante tiene acceso al 70% de la información
que circula en la Red (claro que este 10%
significa 50 millones de usuarios en el mundo,
cifra sorprendente por el poco tiempo que
Internet tiene en nuestra cultura).
Pero así como todo cabe en la
Red, todas estas posturas tienen una porción
de verdad y todas estas discusiones tienen
cabida e importancia en el fenómeno Internet.
Las minorías que en una
democracia ocupan espacios de vida y expresión
marginados han encontrado su reino en el
ciberespacio, donde se agrupan en pequeñas
comunidades para dialogar, intercambiar
información y en ocasiones hasta para
emprender activismo electrónico o real.
De igual forma, el comercio de
productos alternativos (artesanales, caseros,
orgánicos o producidos en el tercer mundo en
condiciones más justas) que difícilmente puede
ser rentable en mercados masivos, encuentra
canales de distribución en la Red.
Al mismo tiempo, la enorme
amplitud y diversidad de la Red permite que
muchos criminales se encuentren y organicen
para ejecutar sus delitos (terrorismo,
pedofilia, mercado negro, etc.), sin exponerse
–tanto- a la vigilancia y represión de los
organismos de seguridad.
Como vemos, las flaquezas de la
Red son las mismas que las de la sociedad
(real o material) de la que forma parte. Las
tecnologías no son instrumentos neutros, y
mucho menos, herramientas autónomas al ser
humano.
Mientras existan individuos con
alguna conciencia que los lleve al activismo y
la responsabilidad social, encontrarán nuevas
vías de participación en la Red; mientras
existan individuos sin escrúpulos que
comercien con la ilegalidad, encontrarán un
mercado subterráneo y poco vigilado en
Internet.
La Red, sin duda, posee
características que facilitan una democracia
más participativa, siempre y cuando existan
ciudadanos interesados en utilizarlas con
éstos fines.
Los esfuerzos más exitosos
tienen que ver con proyectos locales, como
gobiernos municipales que han hecho de la
conectividad cibernética un brazo para alentar
la participación ciudadana: un sistema de
compras y licitación electrónico que muestra
la competencia a los ojos de todo mundo,
transparencia en el manejo de recursos,
petición y respuesta de servicios públicos,
diálogo con las autoridades, consultas de
opinión, etc.
Sin embargo, a menudo resulta
decepcionante la poca participación ciudadana
en estos canales abiertos de interacción. Tal
situación confirma que la tecnología no educa
ni fomenta ni democratiza de manera
instantánea. Tampoco es una opción viable
retroceder y cerrar estos canales
multidireccionales, sino hacerlos permanecer
como facilitadores y constituir una especie de
laboratorio donde los ciudadanos prueben más
vías de participación.
El hecho de que las
experiencias exitosas de uso de Internet para
canales participativos sean en el ámbito
local, nos demuestra que los ciudadanos se
interesan por lo que tiene relación en la vida
real, y sólo en ese sentido la vida virtual
adquiere un sentido.
La vida virtual no sustituye ni
debe sustituir la vida real. La democracia en
la Red no puede ir más adelante que la
conciencia democrática de la gente de carne y
hueso en el espacio concreto.
El sociólogo Manuel Castells
(1942), teórico de las tecnologías de la
información, sostiene que «(…) ningún
instrumento tecnológico por sí mismo crea
democracia; la democracia es un proceso social
y político. Pero si hay un instrumento que
sirve más a la democracia que al control sobre
la democracia ese sí es Internet» (PuntoG,
abril 2001).
Quizá lo necesario es bajar la
pregunta a su humus: ¿Qué requiere la
democracia para afianzarse, para aumentar sus
cualidades, para sanar las imperfecciones que
actualmente tienen sumida a gran parte de la
ciudadanía en profunda apatía?
Sin duda, el conocimiento, la
información. Y hoy no podemos hablar de este
binomio si no lo unimos a la triada
conocimiento-información-tecnología.
El conocimiento educa en los
ideales democráticos, en los derechos y
deberes como ciudadanos, nos abre el acceso a
las tecnologías, nos equipara con otras
comunidades, nos obsequia la posibilidad de
diálogo e intercambio, la capacidad de nuevas
formas de organización y participación. Pero
sólo como un instrumento facilitador y
catalizador de la democracia que se construye
y experimenta en la vida real.
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Páginas de interés
http://www.sindominio.net/biblioweb/telematica/democ.html
http://www.gobernabilidad.cl/modules.php?
name=News&file=article&sid=406
http://www.iigov.org/gbz/article.drt?edi=13963&art=13974
http://www.saladeprensa.org/art234.htm
María Antonieta Mendívil
(México): escribe poesía
y novela. Ha sido articulista y editora de
revistas culturales y de pensamiento en México
y España, lo cual le valió el Premio Tierra
Adentro en 1993. Actualmente es becaria del
Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.
Asesora a gobiernos municipales sobre
programas de participación ciudadana.

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