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ObservatorioDigital.net
Servicio de Observación sobre Internet.
RIIAL.
Boletín semanal
Nº 352.
Del 8 al 14 de mayo de 2006 |
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«La
verdaderas tragedias no resultan del enfrentamiento
entre un derecho y una injusticia. Surgen del choque
entre dos derechos»
Hegel |
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Trapicheando con la ciencia
Por Olga Cubiles Martínez
Palabras clave:
fraude científico, plagio, falsificación,
intereses económicos, políticos, personales,
ética, reconocimiento del límite humano.
Resumen:
Después de ofrecer algunos de los casos más
conocidos de fraude científico, este artículo
explica qué es el fraude, por qué se produce y
qué se puede hacer ante este fenómeno que es
más habitual de lo que pensamos.
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ENTREVISTA
Francesc Torralba, teólogo
«La caridad cristiana exige un serio compromiso con la justicia»
A propósito de la encíclica Deus caritas est del Papa Benedicto XVI
Por Patricia Castillo.
Palabras clave:
encíclica
Deus, caritas est,
Papa Benedicto XVI,
philia,
eros, ágape, caridad, justicia.
Resumen:
con su
primera encíclica –Deus,
caritas est-
el Papa Benedicto XVI sienta las bases de lo que es su comprensión del
fundamento básico de la ética cristiana: el amor, y de cómo éste debe ser vivido
como expresión de un legítimo amor a Dios, en los tiempos que corren.
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IDEAS
EN RED:
«En la sociedad de la información…»
De Hugo Pardo Kuklinski |
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LECTURA
SUGERENTE:
«Las profundidades de Internet»
De Idoia
Salazar
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BREVES
Peques online:
gemelos
Trucos:
salvapantallas personalizado en XP |
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Esta semana:
turismo
online se promociona en el SITC
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Trapicheando con la
ciencia
Por Olga Cubiles
Martínez |
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«Encontrado el eslabón perdido entre el simio y
el hombre». Seguramente era el titular de todos
los periódicos aquel 13 de junio de 1912, cuando
el científico Charles Dawson presentó, con
bombos y platillos, lo que se consideró el
descubrimiento científico más increíble del
siglo xix:
el «Hombre de Piltdown» –como se le llamó–,
supuestamente, el eslabón perdido entre el simio
y el hombre, pero que a la postre resultó ser un
cráneo humano pulido.
Sorpresa y desilusión semejante
tuvo el mundo científico tras comprobar que el
supuesto descubrimiento de una tribu de la Edad
de Piedra sin ningún contacto con la
civilización –anunciado en 1971 por Manuel
Elizalde, ministro del Gobierno filipino– era
una falsedad. Esta rupestre comunidad, que
cazaba y usaba hojas de plátano para vestirse,
fue protegida en una reserva y se prohibió la
entrada de extraños. Años después se supo que en
realidad era un grupo de hijos de buen vecino,
muy contemporáneos, por cierto, dispuestos a
actuar ante el mundo como si de cavernícolas se
tratase.
Ni se diga de lo que se quedaron
pensando los asistentes a las múltiples
conferencias ofrecidas por una eminencia
científica que no era tal: el matemático Dr.
Bourbaki. Pronunció una
conferencia
en la Ecole Normale Supérieure de París. Nadie
entendió ni jota, pero lo felicitaron
efusivamente. Éste supuesto miembro notable de
la Academia Real de «Poldava», autor de muchas
obras de la especialidad y brillante profesor de
la Université de Nancago, en realidad, resultó
ser un invento de un
grupo
de individuos que contrataron a un actor para
que improvisara una disertación totalmente falsa
y plagada de ideas sin sentido y fórmulas
descabelladas, entre ellas, el nombre de la
Academia Real de Poldava, que nunca existió, o
la
Universidad
de Nancago, el resultado de juntar el nombre de
las universidades de Nancy y Chicago.
Hay muchísimos ejemplos más. Pero
quedémonos con esta joya de la corona: a
mediados del siglo
xix,
un grupo de científicos aseguró que había
descubierto la materia que dio origen a la vida.
Era una sustancia viscosa extraída de aguas
irlandesas, que en realidad resultó ser una
mezcla de barro y alcohol.
Y el fraude más reciente. El del
investigador surcoreano Hwang Woo Suk, que
manipuló material fotográfico con el fin de
presentar sus supuestos avances en la
investigación sobre células madre embrionarias.
De hecho, la revista The Journal of Cell
Biology verificó, a través de un test que
emplea desde 2002, que el 25 % de los artículos
enviados presentaba una o más ilustraciones
retocadas.
Tal ha sido la frecuencia del
fraude en la historia de la ciencia que incluso
se han realizado investigaciones y publicado
libros sobre el tema. Algunos son
Betrayers of
the Truth: Fraud and Deceit in the Halls of
Science, de William J. Broad y
Nicholas Wade; o La Science au-dessus de tout
soupçon, de Serge Lariveé y María Baruffaldi,
de la Universidad de Montreal, que en un anexo
presenta la lista de 187 casos de presuntos
fraudes y las referencias correspondientes.
Qué es fraude y qué no
El fraude científico ha sido
definido como «la intención de engañar a la
comunidad científica en lo que respecta a los
resultados científicos, ya sean estos empíricos
o teóricos» (http://colombiamedica.univalle.edu.co/Vol35No2/cm35n2a7.htm).
Sólo cabe añadir a esta definición que es la
sociedad entera la que acaba siendo engañada.
En resumen, los fraudes pueden
ser de cuatro tipos: de fabricación, de
falsificación, de plagio, o de robo. Claro,
también hay quien se inventa lo que quiere y lo
hace pasar por cierto, o quien, de manera
negligente, presenta prematuramente y en
ocasiones incluso de manera sensacionalista unos
resultados que no han pasado todavía los
sistemas de control científico.
A pesar de los intentos de
definición de lo que es fraude en el mundo
científico, no siempre resulta tan fácil
determinarlos ni probarlos. En un artículo
publicado en el boletín de Eroski (http://www.consumer.es/web/es/salud/atencion_sanitaria
/2005/08/17/144554.php
), Rosa Sancho, del Centro de
Información y Documentación Científica, asegura
que «si bien es cierto que el número de
incidentes confirmados es muy bajo comparado con
la actividad científica total, la frecuencia
puede ser mayor de la que se detecta.
Esta autora distingue entre
fraudes graves y menores, y entre los primeros
indica como los más frecuentes la falsificación
de datos, seguido de la fabricación de datos y
el plagio. Entre los fraudes menores, destaca la
autoría ficticia de un trabajo o el
aprovechamiento excesivo de un trabajo propio,
como el auto-plagio, la división de una
publicación en varias o el inflado de los
trabajos.»
El tipo de investigaciones
científicas en el que más se comete fraude son
aquellas que tienen más recursos e incentivos
para avanzar, como por ejemplo, las de la
industria farmacéutica. Veamos por qué.
¿Por qué engañamos?
Los conflictos de intereses
alrededor de la ciencia son diversos:
económicos, científicos, personales,
ideológicos, políticos, religiosos, etc.
Juliana Buitrago, investigadora
colombiana, en un extenso artículo sobre el
tema, asegura que dado que la investigación
científica es una actividad conducida por
humanos, es, como muchas otras, vulnerable a las
debilidades de la naturaleza humana y está
influida por las presiones e incentivos sociales
(http://colombiamedica.univalle.edu.co/Vol35No2/cm35n2a7.htm).
El fraude científico algunas
veces puede reflejar el deseo humano de
sobrepasar sus propios límites, de no hacer caso
a la propia vulnerabilidad, de no aceptar que la
ciencia, como todo lo humano, también es
limitada.
En el mundo científico y
académico, el mejor es aquel que logra publicar
más artículos y, aún mejor, si es en revistas de
prestigio internacional. Algunas veces esta
presión por publicar y este afán por «producir»
–que sigue la lógica del mercado– pueden alentar
el fraude.
En ciertos sectores, además, está
en juego la financiación de las investigaciones
y del trabajo científico, que pueden verse en
peligro si no se alcanzan los resultados que
esperan los esponsors. Por ejemplo, como
asegura Santiago Dexeus en un artículo publicado
en el diario El País, «En los
EE.UU. se reduce el presupuesto a premios Nobel
si no alcanzan ciertos objetivos» (
http://www.elpais.es/articulo/elpepiopi/20060204elpepiopi_10
/Tes/opinion/fraude/cientifico).
Es tal la frecuencia del fraude
que, a manera de sátira, en la Universidad de
Harvard se creó Annals of Improbable Research
(Los anales de la investigación improbable), que
desde 1991 entrega anualmente los Premios Nobel
a la Ignominia, IgNobel, en cuya gala participan
famosos científicos disfrazados (http://improbable.com/ig).
¿Qué hacer?
Más allá de los controles y la
vigilancia de las autoridades competentes, de la
creación de comités de ética y de la vigilancia
de los sectores científicos, quizá se deba
recuperar el verdadero sentido de la ciencia:
avanzar en el conocimiento humano y buscar el
bien de la persona y de la humanidad, y no la
proyección personal y el estatus.
Se requiere una mirada ética y
humana de la ciencia, que nazca de la conciencia
individual más que de la vigilancia.
Páginas de interés
Boletín sobre ética de la ciencia
y la tecnología. Incluye dos artículos sobre el
tema
(http://www.fundacion-epson.es/cat/index_sf.htm).
El
fraude y el humor en la ciencia
(http://www.monografias.com/trabajos4/humor/humor.shtml).
Anatomía del fraude científico,
de Horace Freeland Hudson
(http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/
0,1094,2900001104526,00.html?codigo=2900001104526&titulo=
ANATOMIA+DEL+FRAUDE+CIENTIFICO).
Fraudes en la ciencia, José
Aguilar Peris, profesor Emérito de las
universidades Complutense y San Pablo - CEU
(http://www.ti.profes.net/archivo2.asp?id_contenido=33703).
Diez grandes fraudes de la
ciencia (http://gaceta.cicese.mx/ver.php?topico=seccion&ejemplar=
81&id=1060&sid=&n=Ciencia%20y%20Tecnolog%C3%ADa).
Fraude y engaño en la
investigación biomédica
(http://colombiamedica.univalle.edu.co/Vol35No2/cm35n2a7.htm).
Aspectos éticos en las
publicaciones científicas, por Rafael Bravo
Toledo (http://www.infodoctor.org/rafabravo/fraude.htm).


IDEAS EN RED:
«En la
sociedad de la información, los jóvenes poseen y
explotan el hecho de crearse
identidades
nuevas cada cierto tiempo. Comerse a sí mismo y
recrearse en otro yo. Les (nos) corresponde
elegir sus opciones. La constante reinvención es
posible y de hecho es el arma de los iconos
culturales. Hay miles de anónimos que se crean
nuevas identidades, que cambian de lugar de
vida, de rutina y de profesión, generalmente con
éxito. En los primeros años del siglo XXI, la
satisfacción se basa más en la capacidad de
elección que en el poder de compra u otras
variables, aunque el dinero es cada vez más un
potente elector. La creación de identidades
nuevas, la reinvención de ideas, individuos o
empresas, son las principales características
del capitalismo
karaoke,
dibujado por un ya reconocido dúo sueco de
gurúes
empresariales
europeos».
De Hugo Pardo
Kuklinski, en su artículo «Buenas ideas sobre
Karaoke Capitalism,
o cómo reinventarse a uno mismo», disponible en
http://www.quadernsdigitals.net/index.php?
accionMenu=hemeroteca.VisualizaArticuloIU.visualiza&articulo_id=8133


LECTURA SUGERENTE:
«Las profundidades de Internet»
De Idoia Salazar
Editorial TREA, 2006.
308 Páginas
Como el iceberg, que mantiene la mayor parte de
su estructura oculta bajo el agua gélida,
Internet está muy lejos de ser el sitio
perfectamente conocido que piensan la mayoría de
los usuarios. Decenas de miles de bases de datos
pueblan la Red lejos del alcance de los
alargados brazos de los buscadores, y en ellas
viven durmiendo Terabytes de informaciones a las
que sólo se puede acceder indirectamente. Es la
llamada Internet Profunda, en la que Idoia
Salazar nos enseña a bucear.
En «Las profundidades de Internet», la
periodista de ELPAIS.es, parte de una máxima:
«el hecho de que Google o Yahoo! no encuentren
ciertos datos no significa que no estén en
Internet». Están, claro que sí, pero hay que
acceder a sus almacenes de uno en uno. Y son
unos cuantos: multiplican por más de 400 veces
el volumen de los que sí podemos ver
directamente. La cosa se complica aún más si se
tiene en cuenta el auge que están teniendo los
nuevos formatos de comunicación en la Web, desde
el video a todos los formatos imaginables de
archivos (PDF, ejecutables, comprimidos, etc.).
Ante este panorama, Salazar describe todos los
sistemas de búsqueda convencionales, destacando
sus cualidades y sus desventajas, y en el camino
disecciona además algunos de los recursos menos
conocidos. Convierte así el paseo por la
estructura de la Red en una auténtica guía de
recursos para todos aquellos usuarios de
Internet que necesitan manejar mucha
información.
Extraído y adaptado de ELPAIS.es 31-03-2006

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ENTREVISTA
Francesc Torralba, teólogo
«La caridad cristiana exige un serio
compromiso con la justicia»
A propósito de la encíclica Deus
caritas est del Papa Benedicto XVI
Por Patricia Castillo |
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El 25 de enero de 2006 se hizo
pública la primera encíclica del Papa
Benedicto XVI titulada «Deus Caritas est». El
Papa Benedicto ha expresado al presentar esta
encíclica que la palabra «amor» parece algo
muy lejano de lo que un cristiano piensa
cuando se habla de «caridad» por lo cual ha
querido mostrar el concepto de amor en todas
sus dimensiones. La encíclica más allá de ser
un tratado exhaustivo quiere «insistir sobre
algunos elementos fundamentales, para suscitar
en el mundo un renovado dinamismo de
compromiso en la respuesta humana al amor
divino» tal como lo manifiesta la introducción
de la misma (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/
encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html).
Para profundizar sobre el
contenido de esta encíclica hemos entrevistado
a Françesc Torralba, filósofo, teólogo y
profesor de la Universidad Ramón Llull, de
Barcelona.
¿Qué aspectos novedosos
encuentra usted en esta primera encíclica del
pontificado de Benedicto XVI?
Creo que se pueden identificar
dos tipos de novedad. Una, de carácter formal
y, otra, de carácter material. El estilo
literario de la encíclica, las metáforas y las
imágenes que se utilizan no se corresponde,
exactamente, con el género literario de lo que
es una encíclica, cuanto menos, con las que
han sido publicadas desde finales del siglo
XIX hasta los albores del siglo XXI.
Se trata de un texto bello
desde el punto de vista literario, erudito en
muchos sentidos y que tiene, debemos
confesarlo, pasajes de difícil comprensión.
Cita a pensadores y a filósofos de la
tradición moderna y contemporánea. Ratzinger
hace gala de su extraordinaria erudición.
Entre esas citaciones, cabe destacar las
referencias a Descartes, Gassendi,
Aristóteles, Nietzsche y Marx. Y no sólo les
cita para refutarles, sino para auscultar sus
argumentos, sus objeciones a la fe cristiana y
a la cosmovisión que se deriva de ella. La
primera referencia al conocido texto de
Nietzsche, Más allá del bien y del mal,
no es, en ningún caso, una pura casualidad.
Ratzinger ve en él a un interlocutor
fundamental para comprender la postmodernidad
actual.
Desde el punto de vista
material, se trata de un texto profundo y que
alberga una gran densidad especulativa. Casi
se podría calificar de un curso de doctorado
para especialistas, puesto que las
divagaciones del Papa-teólogo Joseph Ratzinger
se elevan a unas dimensiones de abstracción
poco usuales en las encíclicas precedentes
desde el pontificado de León XIII hasta la
hora presente.
¿Una encíclica teológica o una
encíclica social?
En esencia, se trata de una
encíclica teológica, puesto que el tema
central consiste en explorar la naturaleza de
Dios a partir de la misma definición de Dios
que aparece en la Primera carta de Juan.
Se trata de un texto que si debiera ubicarse
en el árbol de las ciencias teológicas,
pertenecería de pleno al ámbito de la teología
dogmática o sistemática, puesto que en él se
explora la naturaleza de Dios. Sin embargo, el
texto no se desarrolla única y exclusivamente
en este terreno, sino que en la segunda parte,
se abordan las consecuencias prácticas, en el
orden personal, social, institucional y
político que se derivan de tal concepción de
Dios. No creo que pueda calificarse, sin más,
de una encíclica social como podría decirse de
Pacem in terris de Juan XXIII o de
Centesimus annus de Juan Pablo II, sino de
un texto profundamente teológico que sólo
aborda, de modo tangencial, las posibles
derivaciones de tal abstracción.
La recuperación de la palabra
amor, ¿nuevas dimensiones o volver a las
raíces?
A lo largo de esta corta
encíclica, el Papa-teólogo aborda el concepto
de «amor» haciendo gala de sus conocimientos
filosóficos, teológicos y bíblicos. En sentido
estricto, trata de explorar los posibles
contenidos semánticos que alberga tal concepto
y se centra especialmente en tres: la
philia, el eros y el ágape.
Propiamente no desarrolla un análisis
exhaustivo de cada una de estas formas de
amor, pero trata de vincular el eros
con el ágape, o cuanto menos, intenta
establecer una liason entre el amor
como deseo y el amor como don. Esta unión
profunda entre el eros y el ágape
no es original en el pensamiento de Ratzinger.
En otros textos anteriores al pontificado, ya
trata de mostrar que entre eros y
ágape debe haber algún tipo de solución de
continuidad. Muestra como el ágape no
niega el eros, ni significa la
destrucción del deseo, sino la transfiguración
del deseo, la apertura del deseo a una
dimensión superior, donde el yo se niega a sí
mismo para convertir al otro en el sujeto
preeminente de la relación.
¿Cómo se va del eros al ágape y
a la caridad?
El ser humano es, por
definición, un ser de deseos, una naturaleza
erótica que experimenta deseos de diferente
naturaleza e intensidad. Vivir es desear, pero
no todo deseo tiene la misma calidad, ni
conlleva el mismo grado de profundidad. Desde
la tradición cristiana, el deseo no es, en sí
mismo, negativo, sino que constituye una
dimensión fundamental de la persona y como tal
es bello y es expresión de la dignidad humana.
El eros se convierte en
ágape o se transfigura en amor como don,
cuando el deseo no tiene como referencia
central al yo, es decir, al uno mismo, sino al
otro, cuando la apertura al otro, el
movimiento hacia él, no obedece a intereses
personales, a posibles beneficios, sino que
busca auténticamente la realización del otro y
uno está, inclusive, dispuesto a sacrificar su
bienestar personal. Cuando el eros se
abre a la perspectiva del otro y niega el
ego, el eros se transforma en
ágape, porque entonces, lo que priva, no
es el uno mismo, sino el otro. En tal
situación, el eros se convierte en
éxtasis, en salida de uno mismo y este éxtasis
es el ágape. Éste es, en esencia, el
movimiento que lleva a cabo el buen samaritano
cuando atiende al malherido.
El anuncio de Jesucristo, el
amor a los demás, ¿cómo se combina? ¿Qué
prevalece? ¿Basta sólo con la caridad? ¿Basta
sólo el anuncio?
No es fácil sintetizar el
mensaje central de Jesús. Esta tarea incumbe,
en esencia, a la teología cristiana. La
encíclica trata de lo esencial, de lo
fundamental en el mensaje cristiano y este
rasgo fundamental se condensa en la máxima de
amar a los demás como a uno mismo. Si Dios es
el amor pleno, el hombre que ama agápicamente
ya conoce Dios en sus adentros a pesar de que
no reconozca explícitamente a Dios. La vía de
acceso a Dios que se desprende de la encíclica
y que se inspira en la Primera carta de
Juan es la via amoris. A través del
ejercicio del amor, se experimenta ya en esta
vida la presencia de Dios, porque Dios es
ágape o, para decirlo con más precisión:
Dios es la misma fuerza que impulsa al ser
humano a romper su solipsismo, a salir fuera
de sí, para atender responsablemente al otro.
¿Cómo se relaciona la actividad
de la Iglesia con la actividad del Estado?
Siguiendo las sugerentes tesis
sobre este tema particular expuestas ya en el
Concilio Vaticano II, el papa Benedicto XVI
defiende la separación y la independencia de
la iglesia con respecto del Estado y condena
cualquier forma de intromisión o injerencia.
Sin embargo, también afirma que la Iglesia
tiene una función esencial en la sociedad
donde está arraigada y que no puede permanecer
en silencio frente a los grandes desafíos que
se plantean en el presente. Sin involucrarse
directamente en los asuntos políticos, debe
expresarse claramente a favor de la dignidad
humana y debe convertirse en el depósito de la
conciencia para iluminar la toma de decisiones
en quiénes tienen la alta responsabilidad de
tomarlas.
¿Qué aporta la caridad más allá
de la asistencia social?
La caridad, en un sentido
tradicional, no transforma las estructuras de
pecado que generan la injusticia y el
sufrimiento de las personas, sino que se
limita a paliar sus efectos. En la encíclica
se recoge la objeción de Marx a la caridad
cristiana y se responde a ella de un modo
inteligente. La caridad cristiana en un
sentido auténtico exige un serio compromiso
con la justicia, una lucha contra las
estructuras de pecado, pero ello no puede ser
obstáculo para paliar y resolver las
necesidades que ya se manifiestan en el
presente. La lucha por un mundo futuro mejor
no puede ser excusa para olvidarse de quienes
sufren ahora y aquí. El amor agápico, pues,
tiene su traducción social y política y debe
ser generador de organizaciones y de
estructuras que velen por un mundo más justo,
pacífico y digno.
La participación de los laicos
es un elemento clave que manifiesta Benedicto
XVI ¿Cómo se puede hacer llegar el mensaje de
esta encíclica al mundo de hoy para que los
laicos se sientan convocados y haya apertura
para su participación?
No es fácil responder a esta
pregunta. Primeramente, se observa un problema
de lenguaje. La encíclica es densa y profunda,
en ocasiones, de difícil comprensión. Ello
significa, que requiere de una adecuada
divulgación, de una traducción en términos
comprensibles, para que pueda comprenderse el
alcance de lo que se defiende en ella. En
plena sintonía con el Concilio Vaticano II, el
Papa constata el valor de los laicos en la
iglesia del presente y del futuro y les
exhorta a un compromiso serio en la práctica
del amor agápico.
¿Es esta encíclica un anuncio
de un estilo de pontificado?
Creo que se trata de un texto
programático, donde se contienen de un modo
sintético las grandes líneas que se van a
desarrollar durante el pontificado de
Benedicto XVI. Se aborda lo esencial, pero,
simultáneamente, se intenta mostrar como eso
esencial no debe ser obstáculo, ni impedimento
para el encuentro y el diálogo con otras
tradiciones espirituales y religiosas.
El Papa se pregunta si se puede
«mandar» el amor. ¿Qué opina de la relectura
que hace del mandamiento nuevo?
Tal y como aborda el concepto
de amor en la encíclica, el amor auténtico,
esto es, el ágape que obedece a la
lógica del don, no es un puro sentimiento, ni
tampoco una emoción pasajera, sino un vínculo
fuerte que une intensamente al otro y
compromete internamente a la persona que lo
vive. En sentido estricto, el amor no es un
deber, pero tampoco un sentimiento inestable.
El ágape vivido auténticamente es un
don, algo que perfecciona a la persona y a la
sociedad, también conlleva una dimensión de
sacrificio, de fidelidad, de generosa entrega
y de superación del amor sui y del
narcisismo. Más que como un deber, el Papa
exhorta a vivir el amor como un don, a
descubrir la capacidad de amar agápicamente
que hay en todo ser humano como ser capax
amoris que es, entendiendo que cuando uno
ama se ese modo experimenta una felicidad que
no se puede comparar con ninguna otra.

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BREVES
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Peques online: gemelos |
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«Cada uno es cada uno pero todos vamos a la
una». ¿Podría ser esta una definición del buen
funcionamiento de una familia? Cada unidad
familiar es un mundo; y es más, incluso en una
misma familia cada hijo es educado de una
forma distinta, tal como apunta el artículo
«Hijos gemelos» (http://www.mujeractual.com/familia/relaciones/gemelos.html).
No es lo mismo ser el hijo
mayor que ser el pequeño o ser hijo único que
el sexto de una familia numerosa o ser gemelo
o mellizo… Ni peor, ni mejor, simplemente
diferente.
Hoy nos centraremos en el caso
de las familias con gemelos. Para ellos, una
cosa muy importante, como afirma Azucena
García, es que los «padres y educadores deben
potenciar que cada gemelo se sienta único y
que tenga la oportunidad de desarrollar su
propia personalidad» (http://www.consumer.es/web/es/salud/psicologia
/2006/04/25/151261.php). Fácilmente se cae
en la comparación entre distintas personas, y
a veces también entre unos hijos y otros. En
el caso de gemelos o mellizos esta tentación
es más fuerte y además puede producir más
daño.
Una Institución que trabaja
apoyando a familias con nacimientos múltiples
en México es: «Gemelos, Asociación de
Nacimientos Múltiples, A.C» (http://www.gemelos.org.mx/).
Otra página que ofrece algunos
consejos en la educación de hijos gemelos es «Somospadres.com»
con el artículo «Dos por uno: Los gemelos o
mellizos» (http://www.somospadres.com/modules.php?name=
News&file=article&sid=).

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Trucos: salvapantallas personalizado en XP |
|
Windows XP
ofrece la posibilidad de crear un salvapantallas
personalizado. Para ello, tan sólo se tiene que
seguir estas sencillas instrucciones:
- Hacer click con el botón derecho del ratón en
una zona vacía del escritorio, sin tocar ningún
icono, y seleccionar la opción Propiedades.
- Hacer click en la pestaña Protector de
pantalla.
- En la lista del Protector de pantalla, hacer
click en Presentación de Mis imágenes.
- Después, en Configuración, se podrá realizar
los ajustes necesarios, como la frecuencia de
cambio de las imágenes, el tamaño, los efectos
de transición entre las imágenes...
Por último, no se debe hacer clic en Aceptar
para guardar los cambios.
De esta forma, se habrá conseguido un
salvapantallas que mostrará, de forma aleatoria,
las imágenes de la carpeta Mis imágenes.
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Esta
Semana:
turismo online
se promociona en el SITC |
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Por primera vez en sus 15 años de vida, el Salón
Internacional del Turismo de Cataluña, España (SITC)
incluyó una sección de viajes online en la
versión que se desarrolló entre el 4 y el 7 de
mayo pasados. La incorporación de este sector se
debe, según el presidente de la muestra, Ramón
Bagó, al enorme crecimiento que ha experimentado
el turismo online en el último año, que llega al
8%. Entre los expositores de esta sección
figuraron en esta oportunidad las compañías
Lastminute, Vueling, Terminal A y Boletín
Turístico, entre otras. En general, el SITC 2006
contó con la presencia de 1.500 expositores de
73 países, en una superficie total de 50.000
metros cuadrados, lo que supone un crecimiento
del 5% respecto de la versión anterior.
Extraído y adaptado del diario
español La Vanguardia, viernes 28 de abril de
2006

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