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Servicio de Observación sobre Internet. RIIAL.
Boletín semanal  Nº 364. Del 31 de julio al 3 de septiembre de 2006

«En nuestros locos intentos renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser» William Shakespeare


Estimados lectores,

Con este boletín y como ya es tradición para el equipo del SOI, cerramos el año laboral 2005-2006 hasta después de vacaciones, cuando nos reencontremos en septiembre con el boletín Nº 365. Desde ya agradecemos su enorme fidelidad y apoyo, y les deseamos –a quienes corresponda- un feliz descanso estival.

Atentamente
Equipo de redacción del SOI

 


 

Entrevista al filósofo catalán Josep M. Esquirol
«Una ética para la era de la ciencia y la tecnología»
Por Natàlia Plà

Palabras clave: ética, respeto, ciencia y tecnología, Esquirol.
Resumen: como complemento a las diferentes éticas consecuencialistas basadas en la responsabilidad -tan características de nuestras occidentales y tecnocientíficas sociedades- el filósofo propone una ética fundamentada en el respeto, que arraigue también en la esencia de las cosas y las personas.
 

 

Líneas discontinuas

Por Anna-Bel Carbonell Ríos

Palabras Clave: Ética, sentido de la vida, integridad personal.

Resumen: Mientras los discursos mayoritarios en la actualidad hablan de una crisis de valores, en el día a día cada uno debe luchar por descubrir y encontrar su lugar en el mundo. Para semejante tarea -nada fácil por cierto- una equilibrada dosis de realismo y perseverancia pueden ser excelentes aliadas.

 

IDEAS EN RED:
«Sin embargo, un mundo virtual…»
De Pierre Lévy

 

LECTURA SUGERENTE:
«Ética posmoderna»
De Zygmunt Bauman

BREVES
Tecnonotas: el fenómeno Craiglist
Trucos: poner fin al correo basura

 

Esta semana: NUEVO LIBRO DEL SOI

 
 
     
    

Entrevista al filósofo catalán Josep M. Esquirol
«Una ética para la era de la ciencia y la tecnología»
Por Natàlia Plà


Éste es el subtítulo de un sugerente libro que aunque publicado recientemente, ya está preparando su segunda edición: «El respeto o la mirada atenta» (Gedisa, 2006). Su autor, el filósofo catalán Josep Ma. Esquirol, ha combinado en los últimos años su actividad docente en la Universidad de Barcelona con la dirección de la Fundación Epson. En su último libro ha vertido su reflexión articulada lo más madura y originalmente posible.

— ¿Cómo se llega desde la reflexión sobre la tecnología a hablar sobre la mirada?

— Se puede llegar porque, en parte, —no en todo, pero sí en parte— lo que llamamos transformación tecnológica del mundo es una forma de ver, entender, sentir, percibir, ser consciente de las cosas. Si la tecnociencia es algo en relación a nuestra forma de ver las cosas, valía la pena profundizar en la idea de mirada para explorar maneras complementarias o distintas de percibir lo que nos envuelve.

— De ahí el subtítulo. ¿Es una ética sólo para nuestro tiempo?

— Las buenas intuiciones en ética, los grandes principios, tienen algo de intemporal, lo que no significa que en determinadas épocas históricas o contextos sociales sean mucho más oportunas. La actitud de mirar atentamente es especialmente, aunque no exclusivamente, adecuada en nuestro contexto.

— ¿Por qué es un «buen momento» para una ética basada en el respeto?

— En primer lugar, porque la visión social hegemónica en este momento en el mundo occidental es la procedente de la óptica tecnocientífica. No hay ninguna perversidad en esta óptica, en absoluto, pero sí hay un problema en la hegemonía. Desde mi punto de vista, la hegemonía de la mirada tecnocientífica conlleva ciertos peligros y hace oportuna otra manera distinta de enfocar las cosas. Y en segundo lugar porque a los argumentos consecuencialistas conviene añadir argumentos que se refieren a la naturaleza misma de las cosas.

— ¿Qué diferencia hay?

— En los temas relacionados con la ética aplicada —del tipo medioambiental, ecológica...— predominan argumentos de carácter consecuencialista: se describe un determinado modo de funcionar y se intenta explicar cuáles son sus consecuencias; en función de tales consecuencias, se propone corregir ese modo de actuación. La palabra responsabilidad, que se puso en órbita en estos planteamientos de ética aplicada a raíz de la obra de H. Jonas, tiene esta estructura: hay que ser responsable sobre todo considerando las consecuencias de nuestros actos. Siendo éste un tipo bueno de argumentación, no debe ser tampoco exclusivo. Complementándolo, puede haber una argumentación que tiene que ver con la naturaleza de aquello que tenemos ante nosotros. La manera como debo tratar ciertas cosas no sólo tiene que ver con las consecuencias que pueden producirse sino con la misma naturaleza de la cosa que tengo ante mí. La idea de respeto, por ejemplo, no es consecuencialista.

—Utiliza mucho en el libro el verbo «tratar», muy relacional.

— Sí. He querido huir de disputas de carácter más escolástico y muy abstracto para pensar algo que, con buen fundamento o argumentación filosófica, pueda ser la base para una proyección a ámbitos concretos de la vida cotidiana: ecología, relaciones laborales... También en decisiones de carácter político y social, por supuesto.

— ¿La atención como un movimiento?

— Movimiento no en su sentido de aproximación espacial, sino como una especie de dinamismo. El respeto o la atención pueden caracterizarse como un movimiento que mantiene una cierta distancia. Esta caracterización ciertamente imprecisa, a la vez expresa una riqueza porque contrasta con otro tipo de movimiento. La clave aquí era el contraste: contraste con la indiferencia —que se mantiene a una distancia total, aunque pase al lado de algo se está lejísimos—, con la unión amorosa —que supone una supresión de las distancias y mediaciones, por ello, en cierta medida, es más que la atención o el respeto—. Otro contraste: la violencia, la supresión de toda distancia, incluso literalmente, por ejemplo cuando se habla de violar a alguien.

— Una distancia que en ningún momento es frialdad...

— No, porque es «aproximarse manteniendo la distancia», siempre dicho junto.

— ¿Qué hay de la asociación entre técnica y poder?

— Es inevitable. Al vincular técnica con poder, ésta queda afectada por el sentido negativo de poder. Sin embargo, el poder no es sólo la acumulación potencial de fuerza que pueda permitir que uno domine a un conjunto de personas. En realidad, la técnica está inevitablemente ligada al poder porque nos abre posibilidades de actuar. Poder significa eso, «poder hacer», «ser capaz de». Así, el poder es nuestra capacidad de vivir. La técnica vinculada con el «yo puedo» es su lugar específico. La técnica es la amplificación del «yo puedo», del «tú puedes», del «nosotros podemos». Aquí, en principio, nadie vería nada negativo, aunque si de forma separada a esta definición atendemos a lo que es el poder político como acumulación de poder con afanes de dominio, entonces la técnica también puede hacerle a ese poder un servicio de amplificación de sus potencialidades perversas. Pero eso no es debido a la técnica, sino al tipo de poder al que se vincula.

— Ese tipo de poder quebrantaría en sus raíces una ética del respeto.

— Sí, exactamente. La distancia respetuosa, el respeto supone la no dominación. Luego en cualquier estructura, sea interpersonal, sea de carácter político, en la cual se ve un dominio, una imposición, ahí no puede hablarse de respeto.

— Habla de la tecnociencia como de una revelación.

— Cuando algo se revela es que aparece a la luz. La técnica y la ciencia suponen para la sociedad una forma de percibir las cosas, luego es un tipo de revelación. El instrumento va vinculado a una percepción de las cosas. El arado, por ejemplo, con el hecho de que la tierra puede ser cultivada. Luego las cosas se perciben también en función de las posibilidades de la técnica. Ahora «se ven» cosas que antes no se veían. Y se ven porque disponemos de unas técnicas que nos permiten ver.

— Nos permiten saber más porque vemos diferente, ¿y así llegaremos a saberlo todo?

— Yo creo que no. Ése es un presupuesto que a menudo acompaña a la divulgación o a la ideología tecnocientífica, más que a su actividad. Todavía no conocemos ni la milésima parte de las cosas que forman parte de nuestro universo. El presupuesto de la transparencia afirma que podríamos llegar a conocer todo porque, aunque muy complejo, es transparente; lo que pasa es que nosotros vamos lentos. Éste es un presupuesto no demostrado en absoluto en ninguna parte. Más bien me decanto por subrayar que existe ya en este momento una especie de misterio; y, por si esta palabra parece hipotecada por herencias de carácter religioso, en el libro hablo de «secreto». Las cosas pueden ser exploradas muy a fondo a través de ópticas distintas, pero siempre permanecerá un fondo inexcrutable. 

— ¿Y qué pasa con el secreto y la mirada atenta?

— Siempre habrá algo de lo que nos rodea que no podemos explicitar, revelar, sacar a la luz del todo. Cuando uno mira las cosas atentamente y reflexiona con cierta calma, puede constatar eso aunque no pueda demostrarlo. Incluso cuando se reflexiona seriamente sobre sí mismo, uno se da cuenta de que en el fondo no se entiende. Creo que era Marcel quien decía que cuando uno reflexiona —se flexiona sobre sí mismo—, percibe «algo otro» en sí mismo, algo que no puede manejar, abrazar, que no comprende. Y añadía «¡por suerte!». Yo me sumo a ello. Y eso ocurre también en la mirada respecto a los demás: por mucho que creamos conocerles, hay algo que permanece siendo un secreto.

— ¿Qué le llevó a inclinarse por el término «secreto» en vez de «misterio»?

— De hecho, las combino ambas. Pero describiendo y acotando la palabra secreto tal como lo hago, tenía la virtud de estar un poco menos «cargada». La palabra misterio tiene mucho lastre; probablemente bueno en su mayor parte, pero la palabra secreto es como más ligera. Aunque perdía una parte de misterio, ganaba una capacidad de interpelación, de sorpresa.

— Interpelar parece uno de los objetivos del libro. Habla de la aproximación como «un especial regalo de inquietud»...

— Nuestro contexto es demasiado acelerado, lleno de muchísimos estímulos. Tras afirmar esto, pudiera parecer un poco raro que haga una apología de la inquietud. Con inquietud me refiero a lo contrario de la indiferencia. El indiferente no está inquieto, pasa de todo, todo le da igual. También es contrario el dogmático: alguien que tiene unas certezas muy asumidas y que ya no se mueve. En este sentido hago una apología de la inquietud como un no estar somnoliento, no ser dogmático, estar preocupado... Quien mira atentamente lo que le rodea no puede no estar inquieto, porque la situación en la que se encuentra es algo que continuamente le demanda, le exige, le interpela. Pero esta inquietud no es incompatible con el sosiego, la tranquilidad, el darse tiempo. Tan importante es el darse tiempo...  Aun sin poder generalizar, no nos damos tiempo a nosotros mismos. Y, por descontado, si no nos damos tiempo a nosotros mismos, menos tiempo damos a los demás. Tras pensarlo un poco, a riesgo de que parezca una perogrullada, he llegado a la conclusión que sólo tiene tiempo aquél que es capaz de darlo. Hay gente que cuando trata con los demás, les da tiempo. Hay otra que cuando está ante ti, te hace sentir incómodo. Quien no da tiempo, ni lo tiene ni lo tendrá. Hay gente inquieta, interpelada por aquello que le rodea y que, sin embargo, tiene tiempo, puede experimentar el sosiego, la tranquilidad. Uno de los mejores regalos que una persona puede hacer a otra es darle tiempo.



 

IDEAS EN RED:

«Sin embargo, un mundo virtual para la inteligencia colectiva puede estar también tan cargado de cultura, de belleza, de espíritu y de saber como un templo griego, una catedral gótica, un palacio florentino, la enciclopedia de Diderot y d'Alambert o la constitución de Estados Unidos. Puede descubrir galaxias de lenguaje inéditas, hacer surgir temporalidades sociales desconocidas, reinventar el vínculo social, perfeccionar la democracia, cavar entre los hombres caminos de saber desconocidos. Pero, para ello, sería necesario que invirtiéramos en esta construcción, que sea designado y reconocido como parámetro de belleza, de pensamiento y lugar de invención de nuevas regulaciones sociales. Terminamos esta primera parte sobre la dimensión estética de la ingeniería del vínculo en tiempo real social, que concierne sobre todo – pero no únicamente – la concepción del ciberespacio y la invención de juegos creativos en el nuevo medio de comunicación y de pensamiento»

 

De Pierre Lévy, en su artículo «Inteligencia colectiva. Por una antropología del ciberespacio», disponible en http://inteligenciacolectiva.bvsalud.org/channel.php?channel=1&content=14

 



 


 

LECTURA SUGERENTE:
 

«Ética posmoderna»

De Zygmunt Bauman

Editorial SIGLO XXI

296 páginas

 

De acuerdo con diversas opiniones de periodistas y teóricos, los tiempos posmodernos conllevan la emancipación de las normas morales, el desapego del deber y el descrédito de la responsabilidad moral. Como antídoto a estas afirmaciones, el autor nos presenta un profundo y persuasivo análisis de la perspectiva posmoderna de la ética.

Argumenta que los grandes temas de la ética no han perdido vigencia:debemos verlos y abordarlos de una manera totalmente novedosa. Nuestra época sugiere. Aún podría convertirse en el amanecer, más que en el ocaso, de la ética.

Extraído de http://www.sigloxxieditores.com.mx/index.php?
main_page=product_info&products_id=4505

 

 

  Líneas discontinuas

Por Anna-Bel Carbonell Ríos

 

En un artículo publicado no hace mucho en un diario, hablando de la educación, se hacía referencia a María Zambrano al valorar la actual crisis de valores, educativa, de sentido de la vida, de vocación profesional, etc.

Esta frase me sirve para empezar. Decía que actualmente falta «el misterioso vínculo que une nuestro ser con la realidad, algo tan profundo y fundamental que es nuestro sustento íntimo».

 

En los currículums de ética, hace unos años, aparecía una cuestión que siempre generaba fuertes e intensos debates en las aulas. La cuestión filosofaba alrededor de la pregunta por el sentido de la vida. Para casi la mayoría del alumnado –y podríamos decir que para muchos de los educadores también- era, y continúa siendo, una pregunta capciosa y sin respuesta. Incisivo o no, es cierto que este interrogante trae más de un dolor de cabeza a muchos y una incertidumbre a casi todos si se piensa en valores absolutos. Porque la vida de cada uno depende de muchas variables que no siempre se pueden combinar al gusto propio.

 

A medida que te haces grande y acumulas años y experiencia, válida o no para los otros pero sí para ti, si se sabe hacer una lectura crítica y desde una cierta distancia, descubres que la vida es un conjunto de líneas discontinuas –igual que este artículo- que en silencio y sin pedir permiso, se alinean una detrás de otra, y te empujan a vivir con pasos de gigante o de gorrión, según las propias posibilidades y capacidades de respuesta ante la sorpresa de la propia vida.

 

¿Cuál es mi lugar? Es una de las preguntas que muy probablemente se puede llegar a formular una persona en las diferentes etapas de su vida. Y de pronto, si se ha ido construyendo un talante propio, forjando una manera de ser y descubriendo el valor añadido que puede aportar… se intuye la respuesta y se va dando forma. Es cierto, no obstante, que se trata de un proceso nada fácil, porque a menudo uno se ancla en el «si no fuese» para poder lamentarse justificadamente de todo aquello que queríamos ser y hacer que el freno del «quizás » no nos ha dejado realizar plenamente.

 

Si los que hemos tenido la suerte de crecer en una familia estable, rodeados de educadores y amigos que nos han acompañado en nuestro crecimiento, decidiendo con más o menos acierto y con más o menos calma, sin excentricidades nuestro presente que rápidamente se convierte en pasado y dibuja el futuro… acabamos diciendo que no es fácil mantener la capacidad de adaptación, el equilibrio, la coherencia… mantener la vocación profesional y la integridad personal, qué debo ser para aquellos que viven en la desigualdad, la violencia, la pobreza, la incomprensión…

 

Recuerdo una conversación que hace poco tuve con una amiga recién llegada al país. Me decía que no había pensado nunca que fuera tan difícil vivir! Golpeadora exclamación. Difícil sobrevivir en un país extraño, y que no resulta ser tan acogedor como parecía, donde se la cuestiona por su origen y dónde, tras bastantes años, todavía vive precariamente con su madre y su hermano. La lucha diaria por mantenerse, conseguir una vivienda digna, conservar un trabajo, adelantar en los estudios… y sobre todo, encontrar su lugar. El inmigrante hace un viaje forzado, siempre en búsqueda, en frágil equilibrio entre el síndrome de Ulises y el agradecimiento a todo aquel que le ofrece una mano.

 

Para nadie es fácil encontrar, descubrir su lugar, no sé si atreverme a decir en el mundo, porque suena ambicioso, pero sí situarnos en nuestro entorno más próximo y entre aquellos que nos acompañan en el día a día. Adaptarnos, que no significa conformarnos, ni someternos a la injusticia, pero sí saber interpretar adecuadamente en cada momento el libro de la vida, vivir con el máximo de discreción y normalizando cualquier situación, para poder extraer siempre algo bueno, provechoso de cada hecho, incluso de los que nos puedan parecer más extremos.

 

Nos hace falta vivir la realidad de cada momento con intensidad, y así verbalizar por qué nos ha tocado a nosotros. Aprender a recibir lo que la vida nos da y retenerlo y valorarlo. Vivir la fantasía de lo que no somos nos puede servir en un momento dado para ser más lanzados y tomar algunas decisiones más arriesgadas, pero si no aterrizamos este «no ser» en un tiempo prudente, aquello conseguido en un gesto de valentía, se volverá irreal y continuaremos sin ser felices ni encontrar nuestro lugar en el preciso momento que nos despertamos del sueño.

 

Un lugar en el mundo –como el nombre de aquella película que personalmente tanto me marcó– ¡es lo que todos deseamos! No es fácil de encontrar y no siempre es el soñado, pero es el nuestro. Sólo hace falta interpretar estas líneas discontinuas conectando nuestra o vida con la realidad que nos atañe.



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 BREVES

Tecnonotas: el fenómeno Craiglist

 

Craig Newmark solía observar la manera en que la gente se ayudaba en redes como Usenet, lo que lo llevó a crear a principios de 1995 una pequeña lista en la que hablaba a la gente sobre eventos interesantes en el área de San Fracisco.

Con el tiempo la lista se pasaba de boca en boca, y eventualmente se volvió tan grande que demandó su propio list server, y así fue como todo comenzó. La gente comenzó a añadir a la lista todo tipo de cosas, desde ofertas de trabajo, artículos a la venta y departamentos en renta, esto probablemente debido al perturbador mercado de bienes raíces de San Francisco.

Pronto se estarían organizando fiestas face-to-face entre los miembros de la comunidad virtual, y se propuso de la creación de una fundación dedicada a las organizaciones non-profit como parte de craiglist.

En la actualidad Craiglist ocupa el número 7 en popularidad en Internet, solamente detrás de gigantes como Google, Yahoo, AOL.

Es importante destacar que este fenómeno se ha extendido a muchos departamentos de recursos humanos y agencias de reclutamiento reportan a Craiglist como el sitio más efectivo para llenar posiciones en el área de San Francisco, efecto que se multiplica en muchas otras ciudades alrededor del mundo, especialmente en las más "cosmopolita" y por ende, con un alto número de usuarios con un buen nivel de sofisticación en el uso de Internet.

Extraído y adaptado de http://www.elimparcial.com/edicionenlinea/notas/
informatica/20060710/136751.asp


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Trucos: poner fin al correo basura

 

Solucionar el Spam (correo basura) es un tema que cada día cobra importancia en el uso diario del correo electrónico. Es por este motivo que la universidad mexicana de Yucatán ha creado una lista de software que se puede instalar para evitarlo y acelerar su eliminación.

En http://www.uady.mx/sitios/antispam/software.html se encuentra el listado antes mencio
nado y se detallan las características de cada uno para así tener más conocimiento sobre cada uno.

 

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Esta Semana: NUEVO LIBRO DEL SOI


«(Casi) Todos on-line», es el título del segundo libro recopilatorio del Servicio de Observación sobre Internet (SOI), recientemente editado por Voz de papel, en el que se recogen los mejores artículos publicados en este medio entre los boletines número 100 y 300. El texto pretende ofrecer una mirada interdisciplinar y reflexivamente crítica respecto de la sociedad actual, entendida como una sociedad del conocimiento o de la información.

Más información sobre el libro y sobre cómo adquirirlo en http://www.riial.org/librosoi.htm

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