El presente texto corresponde a la propuesta para el diálogo de la 179 Cena Hora Europea realizada en Barcelona, España en enero. Nos ha parecido de gran interés compartirla en este espacio.
El dinero es un gran medio de cambio, algo tan fundamental para el desarrollo de los sistemas económicos como lo ha sido la rueda para el transporte. Si no existiera un medio de intercambio como el dinero, que la gente estuviera dispuesta a aceptar, tanto para la venta de su producción como para comprar la producción de los demás, estaríamos limitados todavía a situaciones de permuta, con todos los límites y los inconvenientes que comportan estas transacciones. Así pues, debemos entender que el dinero es uno de los grandes inventos de la historia, una herramienta importante que ha posibilitado gran cantidad de cosas buenas para la humanidad y que nos ha permitido realizar toda clase de intercambios en todo el mundo, de una manera sencilla, ágil y rápida.
Algunas personas, refiriéndose al dinero, hablan del “vil metal”, o incluso creen que el dinero es la causa de todas las desgracias de nuestro tiempo. Es necesario rescatar el dinero de una concepción errónea, ya que no es algo intrínsicamente malo o perverso. Hemos de restituir el papel del dinero, huir de visiones maniqueístas y descubrir su aportación positiva a la historia de la humanidad. Debemos llegar a comprender que el dinero es una gran herramienta para el buen funcionamiento económico y social.
Pero el dinero no deja de ser una abstracción, una especie de apunte contable que nos dice que podemos disponer de muchos bienes, sin disponer de ninguno en concreto. Es cierto que cuando lo gastamos obtenemos cosas concretas a cambio, pero mientras lo guardamos, sólo tenemos una anotación numérica en una cuenta corriente bancaria, o una cantidad de papeles y monedas, que son promesas de pago y que hoy en día ni tan sólo pueden convertirse en oro como pasaba en otras épocas. Eso expresa la calidad del dinero como símbolo de valor, un equivalente abstracto en sí mismo. Podríamos decir, entonces, que el dinero goza de todos los límites y de todas las virtudes de las abstracciones.
Precisamente porque el dinero es una abstracción, lo podemos idolatrar. A menudo lo convertimos en una especie de dios a quien adorar. En lugar de utilizarlo como lo que es, un medio de intercambio, lo convertimos en un fin en sí mismo y sentimos que no podemos vivir sin él, de tal manera que podemos llegar a ser esclavos. Y es justamente esta relación de subordinación, de sumisión al dinero, lo que hace que deje de ser un medio facilitador de circulación de mercancías para conseguir un nueva función: el dinero como dinero. Cuando el dinero se transforma en un fin en sí mismo, lo que la gente quiere es acumular la mayor cantidad posible. Es un deseo de poseer a partir del valor que la persona le da. Eso es lo que lleva a la gente a creer que ser rico es tener mucho dinero.
Esta consideración hace que muchas personas vivan una relación enfermiza con el dinero. De todos son conocidas las personas avaras, que acumulan grandes cantidades de dinero pensando que nunca tienen bastante, que no quieren gastar nada porque tienen miedo de perder la capacidad de comprar cuando lo deseen. Acumulan por acumular, porque se sienten inseguros y el miedo de no tener les hace infelices, a ellos y a todos los que les rodean. También hay muchas inseguridades de tipo óntico y psíquico que se intentan resolver apoyándose en el bastón del dinero. Hay personas que viven convencidas que eso les aportará el prestigio y la seguridad que no acaban de encontrar por su valía personal. Quien no sabe sostenerse en la realidad de la propia existencia, buscará el dinero, porque creerá que éste le dará la supuesta felicidad que no acaba de encontrar.
También es necesario tener en cuenta que la obsesión por el dinero no es solamente una cuestión individual, una enfermedad de personas avaras y egoístas, sino un valor que todos aceptamos, promovemos e incluso reproducimos en la medida en que formamos parte de sociedades que se fundamentan en el tener, y más concretamente, en el afán de la acumulación, en el sueño de llegar algún día a ser ricos, porque tal como sentencia el proverbio popular: "el dinero no hace la felicidad... la compran hecha."
¿Igual que educamos para la muerte o para las relaciones sexuales, sería necesario que nos educáramos para el uso del dinero?
¿Cómo podemos trabajar a favor de una ética económica que posibilite que el dinero esté al servicio de las personas y no a la inversa?
¿Qué valores mueven hoy a nuestra sociedad, que hacen que pensemos en el dinero como la llave que abre todas las puertas?
Páginas de interés
http://www.cartadelapaz.org/castellano/cp_columna.htm#
http://www.laosa.org/revista/economia.htm
http://www.tid.es/documentos/boletin/numero24_3.pdf


IDEAS EN RED: ¿Qué hay detrás de esas expectativas de crecimiento de Internet?
«¿Qué hay detrás de esas expectativas de crecimiento de Internet? Sin duda, además de la multiplicación del tráfico, de visitantes, de descargas, de usuarios de servicios digitales totalmente integrados, de relaciones personales y sociales, hay una cultura de compartir cuyas buenas esencias pueden ser exprimidas por padres, profesores y adultos. Un nuevo estilo de vida en un nuevo espacio social que no sustituye el del mundo físico, sino que lo fortalece y amplía.…»
http://www.familia.cl/Educacion/messenger/messenger.htm


LECTURA SUGERENTE:
«Las redes de telecentros en España. Una historia por contar»
De Karma Peiró
El éxito de las redes de telecentros reside no sólo en su modelo de funcionamiento sino en la gestión única de cada una de ellas. Las opiniones recogidas en este libro, los datos sobre niveles de uso, la valoración de la población usuaria o la cantidad de personas formadas en el manejo de las TIC en los últimos años en España indican que las redes de telecentros van por el camino correcto.
Extraído de
http://www.labrechadigital.org/labrecha/index.php?option=com_content&task=
blogcategory&id=27&Itemid=35

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