Siete millones de brasileños y casi 800.000 argentinos engrosan un verdadero ejército de jóvenes latinoamericanos sin trabajo y fuera del sistema educativo, que amenazan reproducir la pobreza salvo que se tomen medidas contundentes para volver a incluirlos, advierten expertos.
Ese contingente representa en Brasil casi 20 por ciento de la población de entre 15 y 24 años de edad, según el Informe de Desarrollo Juvenil elaborado por el sociólogo Julio Jacobo Waiselfisz.
Jorge Werthein, director de la Red de Información Tecnológica Latinoamericana (RITLA) que encargó el informe, señala como causa de esa situación la "estructural e histórica desigualdad", que, como puntualiza, es "una realidad de toda América Latina".
El problema se refleja en el ingreso al mercado de trabajo, en los servicios de salud, en las altas tasas de mortalidad, en la falta de acceso a la educación y hasta en la caída de la calidad de la enseñanza pública, explicó a IPS el responsable de RITLA, un organismo internacional de cooperación técnica.
También precisó que "el aumento de la vulnerabilidad" trae como consecuencia más violencia". En países como Alemania, España y Francia hay un homicidio por cada 100.000 jóvenes, mientras que en Rusia o en naciones latinoamericanas como Brasil, Colombia y Venezuela son 50 las muertes violentas por cada 100.000 jóvenes.
Esas cifras son confirmadas por el estudio brasileño. Los jóvenes son los que más mueren por homicidios o en accidentes viales porque "son los más vulnerables, osados, omnipotentes, los más excluidos de la sociedad, es decir que se involucran más rápidamente en delitos como el tráfico de drogas", indicó.
Ante la falta de perspectivas, esos jóvenes son contundentes al decir, por ejemplo, "yo prefiero ser parte del tráfico, aunque viva poco, porque de ese modo voy a tener las cosas que tienen otros, como una moto o una zapatilla (calzado deportivo) de marca".
"Eso es lo que estamos viendo lamentablemente en muchos países y reproduciendo en otros de América Latina con la aparición de pandillas", describió Werthein.
La investigación del sociólogo Waiselfisz indicó además que 9,3 por ciento de los jóvenes blancos en la región consiguen terminar la educación básica, mientras que en el caso de los negros lo hacen sólo 7,7 por ciento.
Pero no todo es tan negativo para Werthein. Precisó que planes desarrollados en Brasil en los últimos tiempos permitieron, por ejemplo, avances en la universalización de la matrícula de primaria, que se ubicó en 97 por ciento, y en la lucha contra el analfabetismo entre los jóvenes, que bajó a 2,4 por ciento.
En ese marco de pensar a futuro, el experto entiende que es prioridad para la región la puesta en marcha de planes de educación a largo plazo, a 30 o 40 años, como ha comenzado a hacer Argentina.
Destacó que, aunque en Brasil todavía no hay una definición en ese sentido, "lo nuevo es que comenzó un verdadero cambio conceptual importantísimo" hace dos años, cuando el gobierno izquierdista de Luiz Inácio Lula da Silva ubicó a la educación como una prioridad y lanzó, más cerca en el tiempo, un plan de enseñanza para los próximos 15 años.
Dentro del gran paraguas de esas políticas de largo aliento, Werthein mencionó iniciativas como las aplicadas por RITLA, a través de la inclusión digital, "porque su atractivo es impresionante para los jóvenes".
Programas que no sólo mejoran el acceso y la calidad de la información sino también la creación de puestos de trabajo para jóvenes en el ámbito técnico o docente. Werthein también es optimista respecto de Argentina, pues percibe que hay una atención especial para revertir el ciclo de exclusión y pobreza desde hace cuatro años, cuando llegó al gobierno el centroizquierdista Néstor Kirchner, reemplazado en diciembre en el cargo por su esposa, Cristina Fernández.
Pero la situación todavía es dramática en ese país, alertó. Un estudio de la Organización del Trabajo señala que 756.000 jóvenes argentinos de entre 18 y 25 años no estudian ni trabajan, 76 por ciento de ese grupo son mujeres, desertoras tempranas de la escuela secundaria.
Guillermo Pérez Sosto, coautor del informe titulado Trabajo Decente y Juventud, explicó a IPS que más de 70 por ciento de esas mujeres provienen de hogares pobres, indigentes y, por tanto, vulnerables.
"Las mujeres, cuando provienen del sector más excluido, son muy pasivas. Suponemos que muchas tuvieron hijos cuando aún eran adolescentes y quedan circunscriptas a lo doméstico, por eso son tan invisibles", comentó Pérez Sosto.
En los recorridos de vida se ve que es "común que dejen la escuela para trabajar, pero que enseguida pierdan el empleo y ya no busquen otro". Como consecuencias sociales, el experto coincide con Werthein en que el "el precipitante de este fenómeno es la deserción escolar y de ahí van al trabajo precario", que ocupa hoy en Argentina a 62 por ciento del total de jóvenes empleados.
Como en Brasil, Pérez Sosto resaltó los efectos agravantes y nocivos del aumento de la oferta consumista.
Uruguay tampoco escapa a la problemática de los jóvenes sin empleo ni estudios básicos terminados. Según la encuesta continua de hogares de 2006 del Instituto Nacional de Estadística, alrededor de 25 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años están excluidos del sistema laboral y de enseñanza. El ritmo de crecimiento de esta problemática era entonces de tres por ciento anual.
Para combatir esta exclusión juvenil, el gobierno izquierdista de Tabaré Vázquez, que asumió en 2005, lanzó el programa Projoven, ahora dependiente del Ministerio de Desarrollo Social, creado por esta administración, que implementa acciones de capacitación para la inserción laboral con enfoque de competencias y perspectiva de género.
El objetivo es capacitar a los jóvenes para su inserción laboral y reinserción educativa.
En México, en tanto, la situación es también compleja, con tres de cada 10 jóvenes de entre 20 y 29 años desempleados y uno de cada cuatro que tampoco estudia, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2006.
El presidente Felipe Calderón se comprometió a crear entre uno y 1,2 millones de empleos cada año, la cantidad de puestos necesaria para cubrir la llegada de jóvenes al mercado laboral.
Para ello lanzó, entre otras medidas, el llamado Programa de Primer Empleo, que consiste en subsidiar hasta 12 meses el total del aporte patronal al Seguro Social para quienes contraten trabajadores por primera vez. Hasta noviembre, apenas 12.000 nuevos puestos laborales habían sido creados por este plan, es decir casi nada.
En la ciudad de México, con nueve millones de habitantes y donde gobierna el izquierdista Partido de la Revolución Democrática desde 1997, se implementan programas de apoyo a jóvenes. Uno de ellos es el que creó la figura del tutor social por colonia o barrio (donde hay más desempleo y violencia juvenil).
El tutor, cuya tarea es financiada por el municipio, se encarga de atraer a grupos de jóvenes a diversas actividades comunitarias, deportivas y culturales.
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